Desde la conversión de Constantino la Iglesia ha optado por los
poderosos, dejando de lado a los humildes y a los pobres. Esa ha sido una de las
bases de su expansión, de su existencia. Incluso ocultando, en su momento,
el holocausto judío (Amén de Costa Gavras) por no hablar de su complicidad con
crimen masivo en la guerra de agresión fascista a España y su nacional
catolicismo.
Nos dirán a esto: tenemos la Teología de la Liberación
Bien, pero todos tenemos in mente la reprimenda de Juan Pablo II a Ernesto
Cardenal y la condena oficial de dicha Teología de la Liberación por el mismo
Juan Pablo II.
Y qué decir d la legitimación de criminales dictadores y reyezuelos, amén
de la legitimación de la esclavitud. Su continuación, el colonialismo, que fue
la exportación de la religión a África y, para lograrlo, el uso de la violencia
física, mental, espiritual, psíquica y, por supuesto, armada, que diría
M.Onfray.
En África, en la actualidad, más de lo mismo, además de la complicidad
con el genocidio ruandés contra los tutsis, con monjas hutus asesinando tutsis.
También, su utilización para dividir entre cristianos y musulmanes y pasar mejor
el neo-colonialismo, como en Nigeria. O en general, por la característica básica
antes mencionada de ponerse al servicio del poder y a la justificación del mismo
poder, incluso tratándose del más duro y represor ante el que nada hace ni dice,
ni de sus abusos, ni de sus crímenes, ni de su extrema corrupción: tenemos la
imagen del mencionado Juan Pablo II recibiendo en audiencia a un criminal como
Teodoro Obiang. Pensemos en la alta jerarquía Vaticana en Guinea Ecuatorial y su
servilismo y total plegamiento al régimen.
¿Nos puede extrañar esa relación Mugabe - Juan Pablo II?
Nos extrañaría la contraria.
La noticia:
Saludos cordiales
Carlos Jorge de Moganda