Ser agradecidos. por Armando Vargas Araya

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jmarincr

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Apr 17, 2009, 10:53:52 PM4/17/09
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Ser agradecidos…

 

Por Armando Vargas Araya (*) – var...@tisingal.com

 

En 1961, se rompieron relaciones diplomáticas con Cuba, no por interés nacional sino a instancias de una potencia extranjera. Durante 48 años se mantuvieron truncadas, por interferencias de grupos de presión foráneos. En 2009 se normalizan, por circunstancias externas.

 

¿Significan algo las relaciones diplomáticas con Cuba? Claro que sí. Nuestra nación ha recibido, a lo largo de los siglos, vitales influencias cubanas.

 

Un gobernador habanero, don Tomás de Acosta, introdujo el café a la entonces provincia española de Costa Rica. De la Isla llegó el primer manual de caficultura, reeditado por la Imprenta La Paz (1834). El café transformó la más pobre colonia, en una república viable.

 

El periodista y educador cubano, don Tomás M. Muñoz, fundó el semanario La Unión (1858) y estableció colegios en Cartago y San José; dirigió el San Luis Gonzaga (1885-1889).

 

Más de un centenar de familias cubanas se arraigaron en el Valle Central, a partir del estallido de la Revolución Cespedista por la independencia (1868-1878): Acosta, Agüero, Boix, Boza, Calleja, Calzada, Céspedes, Duque, Espinal, González, Granados, Martin –hoy Marten–, Mendiola, Miranda, Olivares, Pérez, Pochet, Prado, Renaud, Revilla,  Rosabal, Santiesteban, Valiente, Varona, etc. Fue el comienzo de una inmigración que continúa. El general Manuel Quesada Loynaz, primer jefe militar de la Revolución Cespedista –suegro de Magón–, murió en puerto Limón. La familia Odio, originaria de Palma Soriano, ha dado al país un Presidente de la República, un Presidente de la Corte Suprema de Justicia y un Arzobispo de San José.

 

Tres parientes y colaboradores de Carlos Manuel de Céspedes –el Padre de la Patria cubana–, introdujeron el positivismo de Comte y de Littré en Costa Rica, verdadero marco ideológico del Orden Cafetalero. El profesor de filosofía don José Mª Céspedes Orellano, el jurista don Jorge Carlos Milanés Céspedes y el pedagogo don Ramón Céspedes Fornaris, fueron la vanguardia de un vigoroso foco seminal. Don Ramón fue el maestro del presidente don Rafael Iglesias.

 

El constitucionalista y revolucionario cubano, don Antonio Zambrana fue, por tres décadas, nuestro guía intelectual, genuino padre y maestro de la democracia y del republicanismo. Fue el mentor de don Cleto González Víquez, don Ricardo Jiménez Oreamuno y  la Generación de El Olimpo. Nada menos que don Mario Sancho le dijo a él: “Maestro, después del sol sois vos quien ha alumbrado más en Costa Rica”.

 

El héroe de la independencia cubana, general Antonio Maceo, vivió entre nosotros de 1891 a 1895, junto con un centenar de “mambises”. Fundó La Mansión de Maceo, distrito segundo de Nicoya. De aquí partió la primera expedición armada que hizo posible la Revolución de Martí (1895-1898). Fue beneficiado por la política de solidaridad internacional del presidente don José Joaquín Rodríguez. Cuando la Municipalidad de San José develizó en 1941 el busto suyo,  el representante de Cuba en Centroamérica dijo que “Antonio Maceo será el punto de contacto imperecedero entre las repúblicas de Costa Rica y Cuba”.

 

José Martí, vindicador de nuestra patria, nos visitó dos veces y dejó huella imborrable. Nos definió como “industriosísima colmena” y, seducido por la pródiga naturaleza, nos llamó “república esmeralda”. En la Conferencia Internacional Americana (Washington, 1890), escribió: “Costa Rica se levanta y dice: ‘Pequeño es mi país, pero pequeño como es, hemos hecho más, si bien se mira, que los Estados Unidos’.”

 

La influencia jurídica cubana es significativa: del Código de Bustamante a la Constitución de 1940, referente del proyecto de la Constitución de 1949. A través de las décadas, son miles los compatriotas que han estudiado las más diversas profesiones en la Isla. Los matrimonios cubano-costarricenses se cuentan por cientos y la prole cubatica asciende a millares.

 

Ya se sabe que la Patriótica Costarricense es el poema “A Cuba” de Pedro Santacilia. Lo que no se ha dicho aún es que el Corrido a Pepe Figueres… es una melodía cubana, pero eso será otro día.

 

¿Cómo pudo Costa Rica mantener quebrantadas, por casi medio siglo, las relaciones diplomáticas con Cuba? ¿A qué intereses extranjeros se sirvió? Es ir contra natura escindir la interrelación con padres, hermanos y maestros.

 

(*) Autor de Idearium Maceísta (Juricentro 2002), El Doctor Zambrana (EUNED 2005), La huella imborrable (EUNED 2008).

 

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Un corrido hermana a dos héroes

 

Por Armando Vargas Araya (*) – var...@tisingal.com

 

La imbricación cultural en el denso entretejido humano de Costa Rica y Cuba, se manifiesta en el himno de Liberación Nacional, remembranza de la Guerra Civil de 1948 y de la fundación de ese partido político. Nota por nota, la melodía guajira, así como porciones significativas de su letra, pertenecen a un corrido que brotó de la musa popular, cual eco de la victoria del general Antonio Maceo y sus mambises sobre las tropas españolas del coronel Francisco Canellas, en la batalla de Sao del Indio (31 de agosto de 1895).

 

“¡Viva Cuba, viva mi Patria! ¡Vivan los hombres de gran valor! ¡Que viva Gómez, viva Maceo! ¡Viva el Ejército Libertador!”, se coreaba en rancherías y fincas del Oriente isleño, con acompañamiento de bandurria o guitarra, en la época de la Guerra de Independencia. Fue en la radioemisora Nueva Alma Tica, de San José, donde la recordada Carmen Granados estrenó un corrido, el 24 de abril de 1948, con la misma tonada campesina: “Viva Pepe, vivan sus hombres, todos muchachos de armas tomar, vivan glostoras y medallitas, que por la Patria saben luchar”.

 

El papá de Carmencita, don Edwin Granados, hombre de radio, se cuenta entre los millares de emigrados cubanos que, a lo largo de las generaciones, han levantado su hogar en Costa Rica. Seguramente, ella memorizó aquella música guerrera de labios de su progenitor, quien traspasó su vena artística a la admirada folklorista. Entusiasmada por los avances del Ejército de Liberación Nacional, que comandaban don José Figueres y don Alberto Martén, adaptó las estrofas sencillas al corrido suyo que aún perdura.

 

Entre los numerosos resultados del reportaje “La Patriótica es costarricense y es cubana”, con que me honró el periodista don Rogelio Benavides, el 27 de junio de 1999, estuvo una misiva escrita por una costarricense, hija de cubanos. La dama sugirió que, además de la doble nacionalidad de “La Patriótica”, convendría indagar la condición análoga del himno figuerista.

 

Un día, en Miami, consulté sobre el tema al periodista cubatico, don Orlando Núñez Pérez. Se puso en pie y, sin mediar palabra, cantó con su educada voz zarzuelera: “Allá en las lomas de Manzanillo, una bandera yo vi flotar, y era Gómez, que con su gente, venía dispuesto para pelear”. La música… idéntica. “¡Que viva Cuba! ¡Viva el machete! Viva el cubano que lo empuñó. ¡Vivan los libres hijos de Cuba! ¡Viva Maceo! ¡Viva Masó!”. Cuando niño, la asimiló de su señor padre, don Julio Núñez Ruiz, sobreviviente de la cruel reconcentración del general español Valeriano Weyler.

 

A solas los dos, una tarde, por allá de 1973, el Secretario de Prensa le cantó al Presidente Figueres el aire guajiro. —Pero, ese es el corrido que me hicieron a mí… Por favor, don Orlando, no lo divulgue, mientras Carmencita y yo vivamos, para no importunarla.

 

A mediados del año 2002, en una gira de conferencias sobre Maceo y Costa Rica, al lado don Hugo Crombet –nieto cubano de la educadora nicoyana doña Elena Castillo Baltodano–, inquirí sobre la melodía en Baracoa, Guantánamo, La Habana y Santiago de Cuba. Durante la degustación de “un machito” (lechón asado en la púa), desde la cocina, una añosa matrona, se soltó a cantar: “Salió Canellas con dos mil hombres, los insurrectos a dispersar, y les salieron al encuentro, y los hicieron chaquetear. ¡Viva Cuba, viva mi Patria!”.

 

El empresario don Calixto Chaves Zamora adquirió de Carmencita, por una suma considerable, los derechos de propiedad intelectual sobre la letra del “Corrido a Pepe Figueres”. Lo hizo, en su momento, para recompensar en algo a la autora de “Allá en La Lucha y en San Cristóbal, un estandarte yo vi flotar, el estandarte de Pepe Figueres, que no ha caído y nunca caerá”. Ya se había frustrado, décadas atrás, un intento de ella ante las autoridades del partido –años de don Pepe Carballo– que alegaron no reconocerle, a plenitud, la autoría.

 

El origen de “¡Viva Cuba, viva mi Patria!” lo registra José Luciano Franco en el tomo segundo de su obra “Antonio Maceo: apuntes para una historia de su vida”. Me dice, desde Madrid, don Melvin Sáenz Biolley que la letra, seguida por un estudio, aparecen en el tomo primero de “Corrido histórico mexicano” de Antonio Avitia Hernández, precisamente en el capítulo dedicado a las dictaduras liberales, bajo el título de “Corrido al General Cubano Antonio Maceo”.

 

Agradecida con la vida, Carmencita fusionó la composición cubana con la letra costarricense. “¡Viva Pepe! ¡Vivan sus hombres! Todos muchachos de gran valor. Viva el valiente Pepe Figueres, nuestro gallardo libertador”.

 

¡Qué hermoso que, a través de una misma melodía, se hermanen las personalidades heroicas de Antonio Maceo y de José Figueres!

 

(*) Autor de El siglo de Figueres (Juricentro, 1993) y de Idearium Maceísta (Juricentro, 2002).

 

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