Los mejores 5 del boxeo cubano

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Jul 15, 2023, 9:08:34 AM7/15/23
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A la espera del debut de Andy Cruz hoy en Detroit.

Hypermedia Magazine - La voz del cambio

15 de julio de 2023 | Edición de FIN DE SEMANA

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DEPORTES

Andy Cruz debutará como profesional en la élite del boxeo cubano

Oscar Pérez

La sensación del boxeo cubano Andy Cruz, conocido por su notable historial amateur, está listo para tomar por asalto el mundo del boxeo profesional. Cruz debutará este sábado en Detroit. 

 

El superligero de 27 años, natural de Matanzas, terminó su carrera amateur con un formidable récord de 140-9. Entre sus victorias más destacadas figuran el oro olímpico y el título mundial de boxeo. 

 

Sus victorias más notables incluyen el oro olímpico (2020), el oro del Campeonato Mundial (2017, 2019, 2021) y el oro panamericano (2015, 2019). Sin embargo, el mundo del boxeo está muy pendiente de cómo Cruz se enfrenta este fin de semana a Juan Carlos Burgos, ex retador al título mundial.

 

El legado de los boxeadores cubanos en la escena amateur

 

A pesar de que varios púgiles cubanos han alcanzado la cima del boxeo profesional, entre ellos Kid Chocolate, Kid Gavilán, Benny “Kid” Paret, José Nápoles, Luis Rodríguez y Sugar Ramos, la destreza boxística de Cuba brilla realmente en el cuadrilátero amateur. ‘The Sporting News’ hace un viaje por la memoria y destaca a los cinco mejores boxeadores amateurs cubanos de todos los tiempos.

 

5. Robeisy Ramírez: el prodigio del peso gallo

 

Robeisy Ramírez, boxeador de la división de peso gallo de 29 años, labró su camino al estrellato al ganar dos medallas de oro olímpicas en 2012 y 2016. Conocido por sus hermosos movimientos, estilo agresivo y enfoque amigable con los fanáticos, Ramírez ha hecho la transición a las filas profesionales con éxito. A pesar de una sorprendente derrota en su debut, Ramírez se recuperó rápidamente, asegurando el título de peso pluma de la OMB.

 

4. Mario Kindelán: El virtuoso del peso ligero

 

El nombre de Mario Kindelán resuena con una sincronización casi perfecta y una brillante pegada combinada. Su regularidad queda patente en su palmarés, en el que permaneció invicto en nueve competiciones consecutivas entre 1999 y 2004. La notable contribución de Kindelán al mundo del boxeo aficionado se vio jalonada por un récord de 358-22, dos medallas de oro olímpicas, tres campeonatos del mundo, dos oros panamericanos y dos títulos centroamericanos y caribeños.

 

3. Guillermo Rigondeaux: el maestro del peso gallo

 

Guillermo Rigondeaux, un zurdo de otro mundo, estableció un impresionante récord de 463-12 en su carrera amateur. Conocido por su velocidad endiablada, sus excelentes reflejos, su juego de pies de primer nivel y su técnica intachable, Rigondeaux se hizo profesional y causó sensación. Consiguió títulos mundiales en dos categorías de peso a pesar de la inactividad y de ser evitado por muchos competidores.

 

2. Félix Savón: el coloso de los pesos pesados

 

Félix Savon, uno de los mejores púgiles aficionados de la historia, dominó su época con un asombroso récord de 362-21. Este titán de 1,90 m consiguió 27 oros y una plata a lo largo de 14 años, lo que le convirtió en un auténtico campeón de los pesos pesados. Su extraordinaria velocidad, agilidad y estilo profesional le auparon a lo más alto del escalafón amateur.

 

1. Teófilo Stevenson: La leyenda de los pesos pesados y superpesados

 

Teofilo Stevenson, encantador fuera del cuadrilátero pero un competidor implacable dentro de él, desmanteló la competición de élite con un increíble récord de 302 victorias frente a 22 derrotas. El medallero de Stevenson incluye tres oros olímpicos, tres oros mundiales, tres oros panamericanos y seis campeonatos centroamericanos y del Caribe. A pesar de varias ofertas para convertirse en profesional, siguió siendo un patriota incondicional, dedicando su carrera al boxeo amateur.

 

Homenaje a otros campeones

 

La rica historia del boxeo cubano no estaría completa sin mencionar a Héctor Vinent, Joel Casamayor y Odlanier Solís, que merecen menciones honoríficas por sus importantes contribuciones a este deporte.

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ESTADOS UNIDOS

Cubanos condenados por delitos de tráfico sexual en Houston

Isabel Díaz

Tres ciudadanos cubanos fueron condenados a duras penas por la fiscalía federal por tráfico sexual y delitos asociados en clubes de striptease del área de Houston, Texas. El Departamento de Justicia ha declarado que los acusados pagarán importantes sumas en concepto de restitución.

 

Las condenas y la restitución

 

Los tres acusados, Rasiel Gutiérrez Moreno, de 38 años, Hendry Jiménez Milanés, de 39, y Rafael Mendoza Labrada, de 29, fueron condenados a penas importantes. Moreno recibió más de 17 años, Milanés fue condenado a 10 años y Labrada a más de dos años de cumplimiento de condena.

 

El Departamento de Justicia ordenó además a Moreno el pago de 451 298 dólares y a Milanes el pago de 359 108 dólares en concepto de restitución.

 

Detalles del caso

 

Se dice que los acusados aterrorizaban a mujeres migrantes, utilizando los clubes de striptease de Houston, amenazas psicológicas y violencia sexual para obtener beneficios económicos personales. El fiscal federal Alamdar Hamdani subrayó que estas mujeres habían llegado a Estados Unidos con la esperanza de una nueva vida y eran especialmente vulnerables, y que los acusados se aprovechaban de esta vulnerabilidad.

 

Moreno, que se declaró culpable de tráfico sexual y viajes interestatales en ayuda del crimen organizado, admitió haber traficado con mujeres de Cuba a EE.UU., cobrándoles 30.000 dólares por deudas infladas de contrabando. Coaccionaba a las mujeres para que trabajaran en clubes de striptease de Houston, como Michaels’ International, donde las obligaban a realizar actos sexuales con clientes.

 

Los fiscales informaron de que Moreno se embolsaba las ganancias de las ventas. Confesó haber coaccionado al menos a 20 mujeres para que trabajaran en los clubes y admitió haber mantenido el control sobre una de ellas, además de haber actuado con violencia contra otras mujeres y sus familias.

 

En un caso concreto, Moreno agredió a una mujer y se aseguró de que otra víctima viera sus lesiones. Cuando una mujer escapó, se puso en contacto con su familia en Miami y Cuba, exigiéndole que volviera a trabajar y saldara su deuda con él.

 

Milanés, condenado a 10 años, se declaró culpable de coacción y seducción. Labrada, que recibió una condena equivalente al tiempo ya cumplido, se declaró culpable de viajes interestatales en ayuda del crimen organizado.

 

El trío, que incluía al cabecilla Moreno, detenido en Miami, admitió haber introducido clandestinamente a mujeres cubanas en Estados Unidos, obligándolas a trabajar en clubes de striptease para saldar sus deudas, y se declaró culpable de tráfico sexual y cargos conexos.

 

Más sobre el cabecilla

 

Gutiérrez Moreno, que recibió la condena más larga, admitió que traficó con aproximadamente 20 mujeres de Cuba a Estados Unidos y las obligó a pagar deudas infladas por el viaje ilegal. Coaccionó a las mujeres para que bailaran en clubes de striptease de la zona de Houston y ejercieran la prostitución con clientes para pagar sus deudas. Moreno también fue condenado a pagar unos 451.000 dólares en concepto de restitución.

 

Estas sentencias representan un importante esfuerzo para combatir el tráfico de seres humanos y la trata con fines sexuales. Ponen de relieve las consecuencias a las que se enfrentan quienes explotan a los vulnerables para obtener beneficios económicos personales.

 

* Este informe se basa en noticias proporcionadas por el Departamento de Justicia y los fiscales federales.

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ANÁLISIS

El acoso transnacional de China a los disidentes

Nieves Roger

Contexto y revelaciones iniciales

 

La organización de derechos humanos Safeguard Defenders presentó en septiembre de 2022 un informe que sacó a la luz la existencia de “comisarías de ultramar” chinas. Según este informe, citado en un extenso reportaje por la revista rusa ‘The Insider’, China había establecido estas comisarías en varios países con el propósito de espiar a sus ciudadanos, amenazar a los disidentes y forzar su retorno a China. Las víctimas del acoso incluyen a ciudadanos chinos que viven en Europa y los Estados Unidos, entre otros lugares. Esta revelación llevó a la apertura de investigaciones oficiales en 14 países, incluyendo Europa, Estados Unidos, Canadá, Chile y Nigeria.

 

El caso de Wang Jinyu

 

Uno de los disidentes más destacados es Wang Jinyu, un joven activista de la oposición, a quien tuvo acceso el periodista Andrey Smolyakov, autor de la pieza “‘Llamó al timbre de mi puerta y empezó a amenazarme de muerte en chino’. Cómo persiguen las autoridades chinas a los disidentes en todo el mundo”. Nacido en una familia políticamente activa y crítica con el gobierno chino, Wang tuvo sus primeros problemas con la ley durante su etapa escolar, cuando fue llamado a la comisaría por sus comentarios anti-gubernamentales en Weibo, una importante red social china. La atención hacia él se intensificó cuando publicó una crítica a la guerra entre China e India y a la desinformación del gobierno chino. Esto provocó la ira del gobierno, que intensificó sus amenazas contra Wang y su familia.

 

Los periplos internacionales de Wang

 

En un intento por huir de la persecución, Wang se trasladó a Estambul en 2019. Sin embargo, las amenazas persistieron. Fue detenido en el aeropuerto de Dubai durante una escala en un viaje a Nueva York, lo que resultó en un período de detención de dos meses. Se cree que los funcionarios de Dubai actuaron bajo la presión del gobierno chino. Posteriormente, Wang logró obtener la liberación gracias a la intervención del Departamento de Estado de Estados Unidos, pero fue deportado de vuelta a Estambul.

 

Intimidación y amenazas continuadas

 

La saga de Wang no terminó allí. A su regreso a Turquía, su pasaporte desapareció misteriosamente, lo que él atribuye a la interferencia china. Tras recuperar su pasaporte, Wang huyó a Ucrania, solo para recibir una carta de la policía china advirtiendo del inicio de un proceso de extradición. Esto llevó a Wang a buscar y finalmente obtener asilo en los Países Bajos.

 

Sin embargo, la policía china siguió acosando a Wang, incluso en Holanda. Continuaron llamándole repetidamente, amenazándole e incluso amenazando con matarle. Wang fue puesto bajo protección policial tras recibir amenazas de muerte de un individuo que se creía estaba operando bajo las órdenes de China en Alemania.

 

Comisarías de ultramar: Un aparato de persecución global

 

El caso de Wang proporciona una perspectiva sobre cómo las “comisarías de ultramar” chinas parecen funcionar. Aunque Wang nunca mencionó explícitamente estas comisarías, la constante presión y amenazas que experimentó, junto con la evidente capacidad de China para influir en los acontecimientos en países extranjeros, sugiere su participación. Además, la frecuente referencia al número 110, asociado con estas comisarías de ultramar, refuerza esta teoría.

 

Antecedentes y contexto

 

Las “Comisarías de Ultramar” chinas, aunque parecen ser un fenómeno singular y destacado, no dejan de ser parte de una tradición más extensa y antigua de la política exterior china: el desarrollo y la expansión de la extraterritorialidad. Es evidente que la construcción de un marco legal para los poderes extraterritoriales ha sido un proceso en desarrollo en China desde principios del 2000.

 

Este proceso ha tenido un doble propósito: en primer lugar, funcionar como una contramedida contra conceptos similares en los países occidentales, principalmente Estados Unidos; y en segundo lugar, servir como una herramienta para reforzar o justificar el estatus de China como potencia global.

 

El nacimiento de las comisarías de ultramar

 

Las acciones efectivas hacia este enfoque empezaron en 2021 con la implementación del paquete de leyes antisanciones. Fuentes chinas alineadas con el gobierno presentaron este movimiento como un proyecto de “salvaguardia” destinado a proteger los “derechos y la dignidad” de China.

 

Estas comisarías parecen haber surgido o al menos empezado a prepararse para su apertura algún tiempo antes de la implementación de la Ley contra el Fraude Telemático y Online (ATOFL) en septiembre de 2022. Antes de su entrada en vigor en diciembre de 2022, ya existía un sistema adecuado, en forma de “estaciones de servicio en el extranjero”.

 

Estrategias de implementación y visibilidad

 

Las autoridades chinas utilizaron los medios de comunicación para fomentar el uso del número “110”, el código telefónico para contactar con la policía en China, entre sus ciudadanos en el extranjero. Los medios chinos han publicado numerosos artículos promoviendo el uso de este número para obtener ayuda y protección. Los servicios prestados por estas estaciones fueron ampliamente publicitados, y los ciudadanos chinos en el extranjero se les aconsejó ponerse en contacto con la policía china.

 

El hecho de que las noticias e informaciones sobre estas comisarías sólo se publicaran en chino ayudó a mantener a estas “comisarías” en cierta medida invisibles para las autoridades locales durante bastante tiempo.

 

Funciones y operaciones de las comisarías de ultramar

 

En un principio, las funciones de las “comisarías de ultramar” parecían ser bastante inofensivas: ayudar con documentos, resolver problemas con bancos y renovar licencias de conducir. Sin embargo, las funciones de estas “comisarías” no se limitan a actividades de apoyo social, sino que también desempeñan funciones policiales tradicionales como buscar y detener a ciudadanos, hacer cumplir las leyes nacionales y, en ocasiones, investigar delitos menores.

 

El fenómeno de la “Inducción al retorno”

 

A pesar de la expansión de los poderes ejecutivos de China en el extranjero, se han dado casos, aunque infrecuentes, de “inducción al retorno”. Estos casos consisten en la persuasión de ciudadanos chinos en el extranjero para que regresen a China y se enfrenten a las consecuencias de las acciones delictivas que se les atribuyen.

 

El ‘modus operandi’ de las comisarías de ultramar

 

Para comprender mejor cómo funcionan estas comisarías, recurrimos a la investigación realizada por Simona Fantova, una checa experta en chino, intérprete judicial para los chinos de Praga y autora de Sinopsis, una publicación de divulgación científica sobre China.

 

Según Simona, estas “comisarías” parecen estar conectadas con distintas oficinas en China, dependiendo del origen de la diáspora. Además, contaban con el apoyo de “voluntarios”, personas conocidas en la comunidad inmigrante. En Praga, por ejemplo, la señora Chen Jinmei, una activista de Qingtian vinculada al Frente Unido, desempeñó un papel importante en la dirección de la “comisaría”.

 

Las comisarías parecen operar de manera semi-oculta, utilizando como base de operaciones lugares públicos como restaurantes, que funcionan también como centros comunitarios para los expatriados chinos. Sin embargo, es difícil seguir sus actividades y, más importante aún, identificar a sus posibles víctimas.

 

Implicaciones y repercusiones

 

El surgimiento de las “comisarías de ultramar” chinas representa un caso más de la creciente extraterritorialidad de China. Aunque estas entidades reflejan la voluntad de China de proteger sus intereses nacionales y sus ciudadanos en el extranjero, plantean importantes cuestiones sobre la soberanía de otros países, la privacidad y los derechos de los ciudadanos chinos en el extranjero y la capacidad de China para hacer cumplir sus leyes más allá de sus fronteras.

 

Es crucial que los gobiernos y las instituciones internacionales comprendan y aborden las complejidades de estas actividades para garantizar que no se violen los derechos humanos ni se socaven las soberanías nacionales.

 

Reflexiones finales

 

El acoso a Wang Jinyu es un indicio de las tácticas extremas que China parece dispuesta a emplear para silenciar a sus disidentes, incluso más allá de sus fronteras. La existencia de “comisarías de ultramar” plantea serias preocupaciones sobre la soberanía y los derechos humanos. Además, este caso arroja luz sobre los desafíos que enfrentan los disidentes chinos y la necesidad de un mayor apoyo internacional para proteger sus derechos y libertades.

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ENSAYO

Kundera: el Nobel de los cubanos

Enrique Del Risco

Dudo que al morir Milan Kundera haya dejado orfandad mayor que entre los cubanos de mi generación. Al menos entre aquellos que desde mediados de los ochenta se tomaban el trabajo de leerse sus libros forrados con las páginas del periódico Granma o de cualquier revista soviética que disimularan tanta herejía. Los que traficábamos aquellos libros como si de una droga dura e ilegal se trataba.

 

Sospecho que la muerte del escritor, una muerte que a nadie sorprendió a sus 94 años, no ha causado tanto desasosiego, tanto regreso a sus viejas frases entre checos y franceses, sus compatriotas de origen o elección. Los primeros, porque hace rato le pasaron página al totalitarismo que Kundera diseccionó tan bien y porque en realidad el escritor nunca se esforzó por hacerse querer por sus compatriotas.

 

Hoy en Praga no existen huellas notorias de su paso por la ciudad. A diferencia de Kafka, Hrabal y Hasek, a los que poco falta para que les consagren un parque temático, si es que toda la ciudad de alguna manera no lo es: desde el museo y los monumentos a Kafka, a las dos cervecerías que ofician como altares a Hrabal ―El tigre dorado, su favorita y Una soledad demasiado ruidosa, nombrada por una de sus novelas―, a la cadena de restaurants dedicada al buen soldado Sveik.

 

Los franceses, por su parte, reaccionaron con melancolía calculada ante la muerte de un exiliado ilustre que en las últimas décadas se empeñó en escribir en francés, pero con quien nunca compartieron a cabalidad su exótico entusiasmo por desmontar un régimen demasiado lejano en el espacio y el tiempo. “Kundera, novelista existencial, ha muerto”, anuncia Le Monde como si se hubiera muerto la versión checa de Sartre y ya sabemos que no lo entendieron como los cubanos de mi generación.

 

Para muchos de nosotros Kundera era algo íntimo, un pariente casi. No creo que sea una cuestión temperamental, la típica exuberancia del trópico saliendo a desfilar frente al féretro de un muerto famoso. Y es que, trabados en la página totalitaria a la que los checos le dieron vuelta hace más de tres décadas, Kundera nos ha seguido acompañando todos estos años, incluso a los que hace tiempo dejaron de leerlo.

 

Fue el checo quien, sin proponérselo, sin imaginárselo siquiera, se convirtió en tutor de nuestra educación política y sentimental. Sus novelas y cuentos no solo le daban sentido a nuestro continuo malestar hacia un régimen que se erigía en campeón de la misma libertad que nos negaba. El autor de La broma logró, con su meticulosa descripción de los avatares de almas individuales frente a la desoladora realidad totalitaria, que nos sintiéramos menos solos.

 

Porque, en lugar de entretenerse con la opresión externa o las precariedades económicas que abundan donde quiera que se impone el socialismo real, el checo prefirió concentrarse en el drama individual de ser responsable de uno mismo, incluidas las grandes y pequeñas traiciones que nos permitimos en medio de un sistema dedicado a poner a prueba nuestras menores debilidades.

 

Ante esos dramas íntimos que desplegaba Kundera, Orwell nos parecía elemental y Solzhenitsyn irremediablemente lejano. Con Kundera no teníamos que pasar por una versión local del Gulag para entenderlo. Tanto las diferencias culturales o idiosincráticas de checos y cubanos, o la circunstancia de que la cerveza fuera bastante más accesible en Praga que en La Habana, eran irrelevantes frente a ese infinito generador de humillaciones que es el comunismo.

 

Daba igual que el primer secretario del partido se apellidara Husak o Castro, los efectos y reacciones que el sistema producía en nuestras vidas eran idénticos. Que Kundera fuera checo y no cubano, en lugar de distanciarnos nos servía para universalizar nuestra intimidad, nuestra vulgar tragedia de intentar ser decentes bajo una tiranía con buena prensa.

 

Pero, a pesar de tanta complicidad, Kundera no nos daba tregua como lectores. Siendo su blanco favorito la muy humana tendencia al autoengaño, la denunciaba como una de las principales fuentes de energía del mismo sistema que aborrecíamos. Nos advertía que el “sueño del paraíso, con todo lo bello que nos pudiera parecer, estaba viciado de raíz”.

 

Porque, una vez que ese sueño se hace realidad, es natural que le salgan opositores, resistentes o simples descreídos “y por esta razón los soberanos del paraíso deben construir un pequeño gulag a un lado del Edén. Con el correr de los años, el gulag va haciéndose mayor y más perfecto, mientras que el paraíso contiguo pasa a ser cada vez más pobre y pequeño”. Ya un viejo refrán nos alertaba que “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”. Kundera lo actualizó hasta dejarlo así: “De las mejores intenciones erigidas en paraíso salen los peores infiernos”.

 

No obstante, Kundera no parecía ser especialmente masoquista o sádico. Junto al diagnóstico sin atenuantes nos recetaba el mejor antídoto al buenismo fanático: la risa. Una risa profunda, filosófica, que enfrentara al “delirio lírico colectivo” que pretende encontrarle respuestas a todo, explicaciones a todo, soluciones a todo.

 

Frente a la insoportable pesadez del comunismo, Kundera recomendaba levedad. Pero, en vez de limitar la gravedad totalitaria al Politburó soviético y sus sucursales, el novelista la convirtió en parte del conflicto milenario entre la solemnidad y la risa.

 

A la solemnidad, esa pobre máscara humana con que nos creemos dignos de lo sagrado, Kundera contraponía la risa de Dios aludida en el proverbio judío que advierte: “El hombre piensa y Dios ríe”. Si Dios ríe es porque entiende lo mucho que los hombres se alejan de la verdad mientras intentan llegar a ella. Y porque conoce el tremendo talento de los humanos para autoengañarse, “porque el hombre nunca es lo que cree ser”.

 

No satisfecho con recomendarnos el remedio de la risa, Kundera le añadía el del sexo. Para el checo, más que como gimnasia erótica, el sexo era “la más profunda y biológica” de las regiones de la vida humana que revelaba la esencia de las personas y resumía su situación en la vida. Risa y sexo: todo un programa político personal para resistir al comunismo, mientras no puedes derrotarlo ni escapar de él.

 

No por gusto tantos cubanos le otorgábamos cada año el Nobel de Literatura al novelista checo. Mentalmente, por supuesto. No se nos ocurría ningún otro escritor vivo que hubiese hecho tanto por la literatura y por la humanidad. Al menos por esa parte de la humanidad que éramos nosotros mismos.

 

Cada octubre era una nueva oportunidad de abominar de la miopía de la Academia sueca, o de su mezquindad. Depende de la causa que atribuyéramos a su fracaso anual de concederle el premio a Kundera. Porque los únicos motivos que explicaban que aquella pandilla de suecos se equivocara tanto, año tras año, eran la envidia o la inquina política.

 

Exitoso y anticomunista no son precisamente condiciones que lo enaltecieran ante los ojos de la Academia, defectos que el novelista siquiera compensaba afiliándose a alguna especie minoritaria o en peligro de extinción. Tampoco lo ayudaba la claridad con que exponía sus ideas, una claridad que lo hacía parecer un populista de la literatura. Sobre todo, cuando se asocia automáticamente lo oscuro a lo profundo.

 

Creo, sin embargo, que había motivos más esenciales en la insistente denegación del Nobel a Kundera. La obra y el pensamiento del autor de El libro de los amores ridículos eran justo la repulsa más completa de la solemnidad que da sentido a la Academia sueca, a cualquier academia. Contra esa solemnidad, ese sentido de lo sagrado, había escrito y teorizado Kundera al punto de construir su Historia de la Novela en oposición a los que no saben reír, los agelastas.

 

Kundera asociaba el surgimiento de la novela moderna a la crisis europea que trajo el Renacimiento para el sentido de lo sagrado y lo verdadero. Porque “es precisamente al perder la certidumbre de la verdad y el consentimiento unánime de los demás, cuando el hombre se convierte en individuo” y “la novela es el paraíso imaginario de los individuos”.

 

Cierto que, en un amago de liberalidad, la Academia ha llegado a otorgarle el Nobel a un cantautor o hasta a un escritor mediocre, pero difícilmente se lo dieran a quien de manera consciente y clara asociara la sacralidad de la literatura con la blasfemia de la risa. Sobre todo, si no se escondía para decir que toda broma es un sacrilegio y lo cómico “un ultraje al carácter sagrado de la vida”.

 

¿No le habían negado el Nobel a Mark Twain o a Borges? ¿Qué extraño tiene que se lo negaran a un enemigo de la seriedad más consciente y sistemático?

Con los años, pudimos dejar de leer a Kundera. ¿Para qué, si ya lo que había escrito en sus primeros seis o siete libros era inmejorable e inolvidable? También porque, a partir de La lentitud (1995), se notaba un agotamiento del novelista.

 

Su escritura seguía tan precisa como antes y su mente clara, pero, tras la desaparición del comunismo como amenaza existencial para Europa, la fuente de su rabia esencial y de los pequeños grandes conflictos que animaban a sus personajes, parecía haberse secado.

 

Ahora el checo redirigía su escritura hacia la idiotez de la sociedad de masas occidental, en la que veía el mismo kitsch que inundaba el comunismo, aunque mucho más disperso y diluido, algo que atenuaba su sentido de urgencia, su dramatismo.

 

Incluso así siempre era agradable volver a escuchar lo que tenía que decir uno de los intelectuales más sagaces, honestos y desprejuiciados que nos iban quedando, sobre todo cuando decidía retomar su viejo monólogo sobre “el arte de la novela”.

 

Ahora, cuando ya no le quedaba mucho por decirnos, ha decidido irse quizás sin saber que, al morir, entre tantas cosas que dejó, está este montón de huérfanos nacidos en una isla que nunca visitó.

 

Huérfanos agradecidos que, año tras año, le concedían su Nobel sentimental.

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