Yo no soy Eugenio Granell, soy Vaslav Nijinsky, miren cómo bailo, demi plié! grand plié! Á terré!. Yo no soy Eugenio Granell, soy Don Pedro Calderón de la Barca y vivo en todas las mañanas del mundo, en las de ayer, las de mañana y las de hoy, todas llenas de sílabas esclavas de recuentos. Yo no soy Eugenio Granell, soy Lorca, soy Federico, soy su pelo lambido hacia atrás, sus telones, su bilis. Yo no soy Eugenio Granell pero tengo sus mismas ganas de fumar.
Un día quise escribir pero me salieron colores, otro día quise tocar el violín pero me asaltaron dibujos. Un día presencié un conversación española, hablaba de música , eran cinco palabras que vocalizaban humo, así aquella tarde construí mi primera metáfora y a otras personas o palabras o lágrimas con los mismos pechos efímeros y aquellas caderas fértiles. Hice metáforas tan etéreas que nunca llegaron a nombrarse, sus manos saben que para eso todavía faltan meses, lo dicen también los relojes que han apagado una hora como quien cierra un grifo.
Yo no soy Eugenio Granell pero también tengo ganas de calarme bajo la lluvia compostelana o de salir corriendo, aullando, cada vez que alguien abre la puerta de un armario. Yo no soy Eugenio Granell pero si me lees, te leo, si me miras, te miro, si me asfixias, te asfixio y me convierto en poeta, en el prendimiento del poeta de 1976 que fue muerto unos años antes. No me gusta verte temblar ni sufrir por las palabras o los azules y morados o el fémur roto.
Yo no soy Eugenio Granell, soy amor, libertad, integridad.