AnnaMontes de Oca, an Olympic gold medal-winning diver and Mexican national heroine, has an affair with a young musician. She embarks on a journey of self-discovery, which society unfortunately does not accept.
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I have nothing to say but absolve myself from blame
I stand still while the hail splashes the water.
The lively din of the sooty city
Crawling with deadly rodents and vagrants,
Here we come upon a sleepy pond
Beside the lake where you sank to your grave
Did you die from your own harsh violence?
You, disappearing for weeks, withering
You panted, you sank, you trembled, you expired.
Violently gasping for some fleeting air,
Only after the struggle did the pond lay still.
En aquel momento de la maana me encontraba disfrutando de la tercera fase del da. Hace unos aos, no muchos, tena por costumbre pasar una larga temporada del verano en Cantabria con mis hijos y los nietos que, por aquella poca, se iban incorporando cada ao. Durante ese perodo veraniego, de autntica desconexin con las rutinas habituales que impone la vida laboral diaria el resto del ao, me creaba otras rutinas que sola seguir con bastante rigor. Eran, stas, de distinta ndole y aceptadas libremente por lo que no se poda decir seriamente que hubiera cambiado unas por otras pues aquellas eran impuestas y fatigaban mientras stas eran voluntarias y producan goce, las caractersticas y las consecuencias de unas y otras eran muy diferentes y no es necesario extenderse ms para comprenderlo.
Normalmente, empezaba el da levantndome no precisamente temprano, pues nunca lo haca antes de las ocho de la maana, pero s a esa hora en que toda la casa pareca sumergida en un profundo y maravilloso silencio durmiente. Discretamente, vesta la ropa apropiada y sala a caminar con buen paso durante no menos de una hora, a veces algo ms. Caminar rpido y en soledad, a esas horas de la maana y a lo largo de sendas poco o nada concurridas, bajo la frondosa cubierta de alisios y chopos y abedules, en un entorno de prados estallantes de verdor y humedad, era un placer de autntico hedonista. La alternativa, a veces elegida, tomando la ruta de los caminos costeros que discurren bordeando los lmites altos de las playas, apenas alejados de las mismas, con la mar inmensa peinada por una fresca brisa que te llena los pulmones mientras el sol va levantndose sobre el horizonte y empieza a caer sobre las esquinas ms alejadas de las arenas todava despobladas, excita unas sensaciones que solamente la naturaleza en su estado ms puro es capaz de activar.
De vuelta a la villa, se impona la preceptiva parada en el Corro para tomar all el primer caf sentado en una de las mesas de la terraza mientras los churros saltaban en la sartn y el paquete de los cruasanes ya esperaba preparado en el mostrador. El frescor matinal que solo en el norte se puede disfrutar durante los meses veraniegos contribua a hacer de aquel momento una epifana sensitiva plena de sensaciones difciles de explicar. Al volver a casa ya haba alguien que estaba levantado y empezaba a preparar las cosas para el desayuno. Mientras me ocupaba con las tareas de mi aseo personal, las voces iban despertando la casa trufadas de protestas o de algn reproche cruzado a voz en grito. La casa se iba llenando de vida y yo pasaba a mi cuarto para vestirme, lo que me llevaba un rato, de modo que al salir ya estaba la mayor parte de la familia sentada a la mesa para el desayuno. Un par de voces conminatorias y los dos o tres remolones que faltaban acababan por unirse rpidamente.
El desayuno en familia era otro de los momentos importantes del da. Se aprovechaba la reunin para comentar sobre lo hecho la noche anterior y para presentar las propuestas a desarrollar, las cuales dependan de cmo hubieran venido las cosas, pero especialmente del tiempo con el que habamos amanecido y las expectativas de su posible evolucin ya que, en verano y en aquellas latitudes, su comportamiento cambiante era la norma a tener en cuenta. A partir de un momento, segn iban terminando de desayunar, cada uno proceda a dejar ms o menos ordenado el espacio que haba ocupado y la vajilla utilizada en la pila del fregadero. Despus de unos momentos de paz que cada cual ocupaba en tareas menores, venan las carreras las urgencias para preparar las bolsas de playa y todos los accesorios de acompaamiento. Era aqul un perodo de transicin, mal definido, en el que lo mejor era quitarse de en medio dado que no tena por costumbre acompaarles. Discretamente, coga mis trebejos y me retiraba a una butaca del porche donde, rodeado de libros y cuadernos, proceda a entregarme al sosiego de la lectura. Pasado un rato y como por ensalmo, se produca un silencio que dejaba inundada la casa de una placidez que hubiera envidiado cualquier claustro cisterciense. Transcurridos unos minutos, el ruido de los motores de los coches era la seal de la alegre partida de toda la familia hacia la playa.
Una sensacin de choque clido inund mis entraas de golpe. Conoca perfectamente ese tipo de resurtida, era algo que ya haba experimentado otra vez, como una fuerte bocanada que hubiera llenado mis pulmones de un aire extremadamente clido impidindome respirar con normalidad. No s cunto tiempo estuve sin decir nada y aun no comprendo cmo la noticia que acababa de recibir pudo producirme aquel efecto tan devastador, teniendo en cuenta que su madre y yo solamente habamos compartido tres das de nuestras respectivas vidas. Ana me miraba poniendo en ello toda su atencin con un inters inquisidor; estoy seguro que, por alguna razn que desconoca en ese momento, esperaba y quera ver en m una reaccin que mostrase tal desolacin que justificara sus convicciones, aquellas con las que haba llegado hacia un rato a la puerta de mi casa.
Ana sigui, durante un tiempo que pas sin darnos cuenta, contando aspectos de su vida familiar y del tiempo que pas en la Universidad y de la forma en que conoci a su marido. Me dijo que, despus de acabar la carrera haba estado en Madrid haciendo el doctorado para volver a Canarias donde, definitivamente, se cas y entr en la Universidad como profesora de Matemticas. Haba que ver qu cantidad de vida en otro plano distante pero relacionado, como estaba apreciando ahora, haba transcurrido desde aqul viaje de Cdiz a Las Palmas, en el DMINE!
Con las tazas servidas nos sentamos a la mesa de la cocina retomando el discurso que habamos interrumpido en el cuarto de estar. Ana me cont cmo haba sido la vida del da a da de su casa; las actividades que solan desarrollar en familia; la tranquilidad que haba mostrado siempre su padre y el cario con el que su madre cuidaba un pequeo invernadero en el jardn de Teror al que no dejaba de atender todos los fines de semana como ya me haba dicho y, a veces, entre semana si pensaba que tena alguna labor pendiente.
En tanto ella haba estado hablando, yo haba permanecido escuchando con la atencin algo perdida, la vista se me haba quedado fija en un punto indeterminado de la habitacin mientras dentro de mi cabeza haban ido desfilando lentamente distintos cuadros pertenecientes a las vivencias del corto tiempo que compart con su madre. Con una voz que no me pareci como ma y sin apenas darme cuenta se me escaparon unas palabras:
El corto silencio que sigui a aquella incomprensible frase ma nos invit a levantarnos de la mesa y dejar las tazas en el fregadero junto con lo que all haba del desayuno, pens que despus de comer ya se pondra todo en el lavavajillas. Camino del cuarto de estar, Ana me dijo:
Mir el reloj y eran algo ms de las dos, hoy no ira a la Rabia a tomar el aperitivo, donde sola instalarme debajo de los pltanos de la terraza mientras lea las noticias del da o del libro que hubiera llevado. Era la cuarta fase diaria de mi rutinaria existencia veraniega salvo que, en este caso, haba sido sustituida por una experiencia sorprendente e increble. Lo que haba vivido en las dos ltimas horas, haba sido lo ms extraordinario que me haba sucedido en mucho tiempo. Esta vez mi pautada actividad haba quedado rota, y de qu forma!
Volv al cuarto de estar. Al pasar junto a la mesa mir al paquetito sin atreverme a cogerlo y segu hasta el cuarto de bao, llen la pila del lavabo para sumergir mis muecas en agua fra y despus echrmela por la cara y la cabeza varias veces mientras respiraba profundamente por la boca. Cuando cre que me haba recuperado, proced a secarme y a peinarme volviendo al cuarto de estar. Esta vez s cog el paquete y sal con l al porche volviendo a ocupar el silln abandonado cuando lleg Ana. Dej el paquete en la mesa y durante unos minutos no fui capaz de retirar mi vista de l; all estaba, ocupando el centro de un barullo de cosas. Recostado hacia atrs en el silln, cerr los ojos y me sumerg en un atropellado mar de recuerdos que me puse a poner en orden.
Aquella maana de principios de febrero, creo que fue en 1967, haba llegado a Cdiz procedente de Madrid con la intencin de coger la motonave DMINE que habra de llevarme hasta Las Palmas, donde esperaba mi prximo destino. Ya en el puerto fue fcil dar con el barco que estaba ocupado en las faenas de carga de bodegas. En el muelle y en sus proximidades, haba una docena de camiones y remolques hasta arriba de sacos y fardos y pallets que una gra iba embarcando en medio de un trajn frentico. Despus de subir a bordo y dejar el equipaje en el camarote que tena asignado, fui a saludar al capitn que me confirm la salida a la mar para las dieciocho horas. Como tena tiempo para perder, decid hacerlo bajando a tierra para callejear en la vecindad de algunos lugares que conoca muy bien. Despus de comer volv a bordo. A la hora prevista, estbamos largando amarras. Desde la galera protegida de la cubierta de paseo, me entretuve observado la maniobra de desatraque y la salida de puerto. El tiempo era bueno y todo prometa una travesa tranquila y cmoda. Una hora despus me retiraba al camarote en la misma cubierta; donde, durante un rato, estuve ocupado en preparar la ropa de dormir y los utensilios de aseo, que dej ordenados en el cuarto de bao.
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