AZABACHE
Boletín Ideoteórico del Centro de Estudios e Investigaciones Sociales Afrocolombianas, CEISAFROCOL, Personería Jurídica No.093 de 1.986, aporte voluntario $300, junio de 2024
URGE EL FORTALECIMIENTO ORGANIZATIVO DEL PUEBLO AFROCOLOMBIANO, ESPECIALMENTE EN LO POLÍTICO.
Por: José Eulícer Mosquera Rentería.
Elementos de nuestra historia, la educación eurocéntrica, individualista y de corte capitalista que hemos recibido, y el hecho de proceder de pequeñas economías individuales o familiares de subsistencia, hacen difícil la organización e integración de nuestras gentes ubicándolas en una exagerada posición individualista e inmediatista. Pero hoy en día, frente a las aperturas económicas al mundo, este tipo de actividades económicas no son competitivas y mantienen a las familias en niveles marginales de vida.
De tal manera que, si queremos superarnos como pueblo y como individuos, tenemos que hacer empresas integrando los pequeños capitales y los esfuerzos de grupos significativos de personas, pero convencidos que para hacer empresas hay que ser organizados. En otras palabras, donde no hay organización no puede haber empresa. La actividad empresarial, además, requiere de mucha disciplina.
Manifestación de Respaldo al Gobierno de Petro y el Pacto Histórico, Cali, 07-2023.
Pero a la vez, para avanzar como pueblo hacia alternativas económicas significativas, rentables y consolidadas, que garanticen vida digna, se requiere conquistar espacios de poder político decisivos.
A partir de la Lay 70 de 1993, aparecieron miles de organizaciones de núcleos afrocolombianos, en su mayoría motivados por los recursos que contempla esa ley para atender las diferentes problemáticas comunitarias, a través de sus organizaciones. Hasta antes de esta ley solo existían en el país unas siete organizaciones que reivindicaban los derechos del pueblo afrocolombiano, entre ellas nuestro Centro de Estudios e Investigaciones Sociales Afrocolombianos, CEISAFROCOL, constituido en 1984 y que solo logró la personería jurídica en 1986, ante la resistencia de las entidades estatales para otorgarle personería a una entidad que reivindicaba los derechos del pueblo afrocolombiano, tildando a sus dirigentes de ser “promotores de racismo y de futuras violencias raciales”, porque según ellos en Colombia todos hemos sido tratados con igualdad, equidad y justicia. La hipocresía histórica de las oligarquías gobernantes de Colombia y las Américas.
Sin embargo, hasta la fecha las organizaciones de los afrocolombianos son débiles y precarias en su desarrollo, debido fundamentalmente a tres causas básicas:
•Negación de oportunidades, tanto de parte del Estado, como de la empresa privada;
•La dirigencia política tradicional lejos de contribuir al fortalecimiento de las organizaciones creadas, las convierten en vehículos de su politiquería y de la corrupción pública, con lo que desvían sus objetivos sociales y las llevan a perder credibilidad; y
•Debilidad en la conciencia étnica y de clase, y otros comportamientos negativos de parte de la mayoría de los integrantes de estas organizaciones, tales como: indisciplina, individualismo exagerado, oportunismo, egoísmo hacia los propios e inmediatismo; y la conversión de la organización en un vulgar instrumento para buscar dinero a través de contratos con el Estado y la Cooperación Internacional, esgrimiendo en forma oportunista las problemáticas de la población afrocolombiana. Además de su poca experiencia y baja capacitación en gestión.
Así mismo, nuestra problemática es inmensa y compleja, por lo cual se hace necesario calificarnos y especializarnos tanto individual como organizativamente para evitar la mediocridad y ganar credibilidad. Hoy los hombres y las organizaciones orquestas no funcionan, hay que tener una visión global de la realidad, pero concretarse en una parte específica de los procesos, manteniendo a la vez el enlace con su conjunto. Púes, estamos en una época de resultados, de competitividad y emulación a los más altos niveles, de la mayor internacionalización de la economía y de la vida social.
Lo anterior quiere significar que se hace necesario contar con organizaciones específicas para cada aspecto de nuestra problemática, las cuales deben estar vinculadas a su vez, a través de organizaciones de enlace, de segundo y tercer grados, a todos los niveles necesarios y finalmente, debe existir una entidad rectora, coordinadora de todas las acciones nacionalmente, a la cual deben afiliarse las diferentes organizaciones que tengan como objetivo reivindicar los derechos de nuestras comunidades y aportar a su superación.
En lo que respecta a las comunidades del Pacífico, reiteró el jurista y político guapireño, Sofonías Yacup Carabalí, en su obra “Litoral Recóndito”: "El plan de desarrollo del Litoral Pacífico requiere esfuerzo continuado y fervor entero de apóstoles. El trabajo ininterrumpido es propio para realizar esa obra magna. Un organismo de agitación, de difusión, de entusiasmo e inquietudes que mantengan en tensión perenne los espíritus y avive las conciencias con el dolor de todos los días, será acaso fuerza victoriosa en esa conquista. La labor metodizada impone una oficina en la capital de la República para que en ella se estudien los complejos problemas de la región con bases sólidas, con serenidad y con certeza de datos. Esa oficina de acuerdo con los organismos legislativos y ejecutivos, laborará para encontrar soluciones oportunas a las necesidades, pero no es camino de las efectivas realizaciones esperarlo todo del Congreso".
Se hace necesario mantener la mejor vinculación con las juntas comunales, las JAL, los consejos comunitarios, las cooperativas y demás organizaciones solidarias, ya que éstas son entidades de participación básicas para los afrocolombianos dentro de la nueva Constitución y la Ley 70/93. Y, Como se trata de una causa popular, tanto a las organizaciones como a los individuos, hay que evaluarlos y promoverlos a las diferentes instancias teniendo como base su capacidad de convocatoria, su trabajo por las comunidades y el pueblo y su trayectoria en relación con la causa y las temáticas abordadas.
Pero se hace urgente que los afrocolombianos entiendan que la superación de su problemática de marginalidad social histórica, guarda relación directa con la conquista de espacios de poder político, por lo cual se debe priorizar la organización política para la búsqueda de esos espacios, en aras de continuar avanzando significativamente hacia la superación definitiva. Se trata de impulsar una organización política propia o “Partido Revolucionario y de Nuevo Tipo”, como dijera Lenin. No imitaciones de los partidos burgueses/oligárquicos y manzanillos, como los últimos que han aparecido en el país. Desde los años de 1980, CEISAFROCOL viene presentando borradores para la creación y promoción de ese partido u organización política, pero la comunidad afrocolombiana no le para bolas al asunto por su pobre formación política y porque sobre todo quienes han avanzado más en la parte académica, vienen acostumbrados/as a buscar los títulos como pasaporte para acceder a un buen empleo a través de la lagartería a algún cacique político tradicional o de los “concursos de méritos”, con escaso compromiso social y con la causa reivindicativa de su pueblo o comunidad.
Al respecto es pertinente recordar la conclusión del destacado estadista, Vladimir Ilich Ulianov, Lenin:
"La política es expresión concentrada de la economía, toda ley es una medida política y ésta a su vez responde a unos intereses económicos. Como sin poder político una clase dada no afirma o no mantiene su dominio económico, la política tiene primacía sobre la economía. Las ideas políticas como también las instituciones que les corresponden, constituyen una superestructura de la base económica". Afirmaciones que han sido confirmadas por los grandes acontecimientos históricos de los dos últimos siglos.
Ante tantos engaños e inconsecuencias de los políticos tradicionales, a partir de los años de 1970 las mayorías de nuestras comunidades se han tornado apáticas e indiferentes a la política. Sin embargo, tenemos que hacer un esfuerzo por sacarlas de este estado, debido a que ello constituye cederle el espacio de mayor expresión de poder a otros, y, sobre todo, a quienes siempre lo han usurpado. Tenemos que rescatar nuestra correspondiente cuota de poder político y de control estatal, con auténticos representantes del pueblo afrocolombiano, de comprobadas trayectorias de lucha y de compromiso popular/comunitario.
Sofonías Yacup también afirmó en su obra en cita: "... el Estado de miseria y de abandono en que se encuentra esa cadena de pueblos anhelantes que luchan por vivir y que a pesar de lo intenso de sus esfuerzos no logran remontar la corriente de la adversidad, de la incomprensión y las negativas sistemáticas, contra las cuales no han podido la petición respetuosa, la reclamación enérgica ni la protesta altiva. Y así seguirán hasta el día feliz en que la obra del progreso nacional sea fruto de una gran comprensión basada en íntimo conocimiento de las necesidades del país y de sus potencialidades económicas. Ese fausto acontecimiento habrá de aproximarse solamente cuando preceptos legales severos se lo impongan a legisladores y gobernantes."
A la búsqueda de esos preceptos legales se dedicó, en conjunto con toda una pléyade de intelectuales afrocolombianos de su época, entre los cuales se encontraban Diego Luis Córdoba, Tuffy Meluk, Tomás de Aquino Moreno, Natanael Díaz, Néstor Urbano Tenorio, Ramón Lozano Garcés, Juan Zapata Olivella, Manuel Zapata Olivella, Primo Guerrero y otros.
Resultado de esa búsqueda y de las luchas de los movimientos sociales afrocolombiano e indígena, son la declaratoria de la Constitución de 1991, de Colombia como un país multicultural y pluriétnico, y su orden de que el Estado debe proteger y promover esta diversidad en un plano de igualdad y equidad, garantizándole atención pertinente a cada grupo, comunidad, pueblo o sector social que la represente.
Así mismo, la Ley 70 de 1993, concebida por quienes la impulsamos como ley de reparación histórica integral del pueblo afrocolombiano, es producto de esa misma búsqueda y de las luchas del movimiento socio-político afrocolombiano que logró influir en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991.
Pero la Ley 70 de 1993 no ha sido totalmente reglamentada ni se cumplirá a cabalidad o en sus aspectos fundamentales, en la medida que el pueblo afrocolombiano no logre un movimiento social organizado fuerte, activo y convocante, que lo conduzca al logro de espacios de poder político significativos. Movimiento social y político que se hace más urgente hoy ante la necesidad de proteger, defender y dar continuidad a la actual propuesta de gobierno popular y progresista representada por el Pacto Histórico, el Presidente Gustavo Petro y la Vicepresidente Francia Márquez Mina, que ha abierto la posibilidad real de la reparación histórica de los pueblos afrocolombiano e indígena después de más de cinco siglos de luchas heroicas, y de la construcción de un nuevo país de bienestar social general, progreso social y paz duradera.
Precisamente, lo que ha garantizado mantenerse en el poder al chavismo en Venezuela a pesar de las arremetidas golpistas y terroristas de la oposición corrupta, criminal y pro-yanqui de ese país, en contubernio con las oligarquías de las Américas, el gobierno del imperio yanqui y algunas de las potencias colonialistas europeas, ha sido el hecho de que ese movimiento político de manera temprana ayudo a organizar y unificar los movimientos de los diferentes grupos y sectores sociales, incluidos los étnicos, realizando campañas informativas permanentes, de fortalecimiento ideológico y de la conciencia socio-política. En esto andan muy descuidados tanto la presidencia como la vicepresidencia, a pesar que desde su posesión algunos presentamos propuestas para abordar este tema, no se ha parado bolas y en el Ministerio del Interior se encuentran represados los recursos destinados a abordar las diferentes temáticas socio-políticas y comunitarias. Hay que corregir rápidamente esta situación antes que se nos venga encima la oscurísima noche que preparan las oligarquías tradicionales. AZABACHE, junio de 2024.