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Reunión
clave
El
Papa pidió al sínodo que escuche la "angustia de esta época"
El Mundo
Desde
hoy, 250 religiosos y laicos, incluidos 13 matrimonios, deliberaránpara
definir la posición de la
Iglesia frente a las nuevas realidades familiares
Francisco saluda a los obispos en la Plaza San Pedro al
finalizar la vigilia previo al sínodo. Foto: Reuters
ROMA.-
Ante 80.000 personas que iluminaban la Plaza San Pedro con velas y antorchas,
Francisco llamó ayer a los participantes del sínodo extraordinario sobre
los desafíos de la familia, que se inaugura hoy, a escuchar las angustias
de esta época.
"Debemos escuchar los latidos de este tiempo
y percibir el «olor» de los hombres
de hoy, hasta quedar impregnados de sus alegrías y esperanzas, de sus
tristezas y angustias. A ese punto sabremos proponer con credibilidad la
buena noticia sobre la familia", dijo el Pontífice, en palabras más
que significativas.
En una vigilia de oración en vísperas de un evento considerado un
"test" para su pontificado, el Papa pidió a los 191 padres
sinodales de todos los continentes tres cosas: primero, "el don de la
escucha: escucha de Dios, hasta sentir con él, el grito del pueblo; escucha
del pueblo, hasta respirar en él la voluntad a la que Dios nos llama".
Segundo, "disponibilidad a un debate sincero, abierto y fraterno, que
nos lleve a hacernos cargo con responsabilidad pastoral de los
interrogantes que este cambio de época trae consigo". Y tercero,
mantener la mirada firme en Jesús: "si asumiremos su modo de pensar,
de vivir, de relacionarse, no nos será difícil traducir el trabajo sinodal
en indicaciones y caminos pastorales".
"Las tres cosas, nuestra escucha y nuestro debate sobre la familia,
amada con el rostro de Jesús, serán una ocasión providencial para renovar la Iglesia y la
sociedad", aseguró Francisco, que llamó a reencontrar, a través de la
alegría del Evangelio, "el paso de una Iglesia reconciliada y
misericordiosa, pobre y amiga de los pobres". "¡Que sople el
viento de Pentecostés sobre los trabajos sinodales, sobre la Iglesia y sobre la
humanidad entera!", auguró Francisco y llamó a que "se desaten
los nudos que impiden a las personas encontrarse, que sanen las heridas que
sangran y que se reencienda la esperanza".
En un sínodo que comienza
caldeado por una virtual batalla entre cardenales conservadores, que antes
de que comenzara la discusión
rechazaron cualquier cambio a la cuestión de los divorciados vueltos a
casar (que no pueden comulgar),
las palabras del Papa resultaron cruciales. Al pedir un "debate
abierto" y reclamar que el sínodo escuche "las angustias de esta
época", en efecto, pareció dirigirse a los conservadores que temen
aperturas. La cuestión de los divorciados vueltos a casar es sólo uno de
los temas que serán debatidos. También se reflexionará sobre las parejas de
hecho, los gays y las dificultades al aplicar las enseñanzas de la Iglesia en cuanto a
control de la natalidad.
Más de 250 participantes, entre ellos 13 matrimonios, asistirán a la
reunión de obispos, que marcará el inicio de un proceso que culminará con
otro sínodo, el año que viene. Sólo los 191 "padres sinodales"
-cardenales y obispos- tendrán derecho a votar un documento final. Éste
será presentado al Papa y luego será enviado a los obispos de todo el
mundo, acompañado por un
"pequeño cuestionario", que servirá de base para el sínodo de
2015. Después de esta segunda asamblea se esperan cambios que no tendrán
que ver con cuestiones doctrinales, sino con el enfoque pastoral ante
situaciones nuevas de la familia, célula básica de la sociedad, pero que
está en crisis, según señala el Instrumentum Laboris, el documento
preparatorio al sínodo.
El cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del sínodo, afirmó que
la asamblea tendrá una metodología distinta a las anteriores. A su pedido,
los participantes ya le entregaron sus discursos escritos, que fueron
tenidos en cuenta por el cardenal húngaro Peter Erdo, relator de la
asamblea, para su discurso de apertura, mañana, en la denominada primera congregación general.
Mañana a la tarde comenzará el
debate general, centrado en cada sesión en diversos puntos ya definidos en
el documento preparatorio. Durante la primera semana los participantes
tienen cuatro minutos para expresarse sobre el tema en debate. Este método
se diferencia de lo que solía suceder en sínodos pasados, donde cada
participante hablaba de lo que le parecía, en forma desconectada.
El trabajo de la primera semana será resumido en forma temática por el
cardenal Erdo. En la segunda semana, los participantes se dividirán en
grupos lingüísticos y sus conclusiones servirán para el documento final,
que deberá ser aprobado en una votación. Entonces, tendrá un papel clave el
arzobispo Víctor Manuel Fernández, rector de la UCA y muy cercano a
Bergoglio. Participan en el sínodo otros dos argentinos: el presidente de la Conferencia Episcopal
Argentina, José María Arancedo, y una laica, María Zelmini Bottini de Rey,
directora del Instituto de Matrimonio y Familia de la UCA..