LA DIÁSPORA COLOMBIANA, Fuente eltiempo.com

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Asociación Manos Amigas

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Dec 27, 2010, 12:14:36 PM12/27/10
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El éxodo hacia Venezuela de varios miles de campesinos del
corregimiento de La Gabarra (Norte de Santander), ante las amenazas de
muerte de uno de los grupos armados que operan en esa región, ha
llevado más allá de nuestras fronteras, de manera masiva, el drama que
viven tantos colombianos asediados por la violencia. Pero este
episodio muestra solo una de las facetas de un grave fenómeno: la
emigración creciente, por vías legales o ilegales, de compatriotas que
se sienten hostilizados por el ambiente de inseguridad o frustrados
por la precaria situación económica.

La combinación de estos dos factores, que diariamente golpean a
millares de familias, ha generado una avalancha sin precedentes de
gentes ansiosas de buscar mejores horizontes en tierras extrañas.

Según el DAS, en los últimos tres años han viajado al exterior cerca
de 2,6 millones de compatriotas, 600 mil de los cuales no han
regresado. En promedio, 21 de cada cien colombianos que salen se
radican en otros países. Y, de acuerdo con la cantidad de solicitudes
de pasaportes y otros índices, las cifras se siguen incrementando. Se
estima que cuatro de cada diez colombianos han pedido el aludido
documento. En algunos casos, como el de Pereira, el aumento del número
de solicitudes sobrepasó el 200 por ciento en los tres primeros meses
de este año, y en otros, como el de Medellín, alcanzó a cerca del 50
por ciento. Una situación semejante se observa en Bogotá, Cali y otras
de las principales ciudades.

La emigración, por supuesto, no es un fenómeno totalmente nuevo en
Colombia ni en país alguno. La nación más próspera y poderosa de la
historia, Estados Unidos, fue forjada por inmigrantes de todas las
regiones del mundo, incluyendo la nuestra. Otros países, como
Argentina y Venezuela, sustentaron su crecimiento en políticas
inmigratorias de largo alcance.

Colombia fue por mucho tiempo un país ajeno a los movimientos
migratorios, salvo en sus zonas fronterizas. Esta situación empezó a
cambiar hace tres o cuatro décadas con la salida de un creciente
número de compatriotas hacia países como Estados Unidos, donde
constituyen hoy minorías significativas. Pero ninguna de las
migraciones anteriores se asemeja, por sus dimensiones y
características, a la de ahora.

Basta observar las concentraciones de solicitantes frente a los
consulados de Estados Unidos, Canadá, Australia o alguno de los
europeos. Jóvenes y viejos, estudiantes y profesionales, empresarios y
ciudadanos de clase media, identificados en el deseo de cambiar su
difícil situación por un panorama que creen mejor, se apiñan allí, a
diario, en busca del sello que les abrirá las puertas de un futuro
distinto. Los que no tienen la posibilidad de emigración aérea a ricos
países lejanos; los campesinos, colonos, jornaleros, sometidos al
terror paramilitar o guerrillero, solo pueden huir a pie de sus
parcelas hacia tierras más seguras.

Un espectáculo deplorable y un fenómeno desolador. Tanto los
ejecutivos una fuga de cerebros, como el campesino, que también busca
salvar su vida, representan un pueblo con un potencial enorme y una
demostrada capacidad de trabajo. Si no se les ofrece la oportunidad de
progresar y de poder vivir en paz en un país tan lleno de riqueza,
Colombia acabará convertida en uno de emigrantes. Así de simple. Pero
así de grave a la vez.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
7 de junio de 1999
Autor
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