NUESTRA POLÍTICA EXTERIOR, Fuente eltiempo.com

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Asociación Manos Amigas

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Dec 27, 2010, 12:07:39 PM12/27/10
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Conviene discernir, con cierta objetividad y más allá del corto
término, sobre el conjunto de nuestras relaciones exteriores y en
especial con los Estados Unidos. Enmarcarlas en el contexto
internacional y hemisférico y en las circunstancias de las dos
naciones. Se percibe una evolución más favorable, tras un áspero
período de desconfianza. No se puede caer en la ingenuidad de creer
que los embajadores norteamericanos expresan posiciones personales.
Hay diferencias de estilo, de tono. Sin embargo, asumen la política
oficial. Y, además, hay etapas.

Una precaución elemental radica en la conveniencia de observar las
tendencias de nuestros vecinos andinos y latinoamericanos frente a los
E.U. Todos buscan mejorar sus vinculaciones con la primera potencia.
Colombia debe avanzar en posiciones comunes, que marquen una especie
de Nuevo trato finisecular, en un entorno que está dejando atrás,
definitivamente, a la guerra fría. Es justo destacar a María Emma
Mejía en su desempeño personal como canciller. Con su encanto discreto
ha ayudado a la distensión, a explorar caminos de entendimiento. Ahora
se abre un capítulo en que la certificación condicionada indicará
cuánto se avanza en modalidades de cooperación, corresponsable,
dosificadamente bilateral y multilateral.

El nuevo embajador, Curtis Kamman, ha hecho declaraciones que ayudan a
iluminar algunas variables que suponen seguimiento cuidadoso. Llega
con las posibilidades que nos ofrece la certificación aunque sea
condicionada . Se avanza con respecto a la descertificación y hacia
una concepción más de conjunto. Que incluye la paz, la guerrilla, el
narcotráfico, los derechos humanos, el medio ambiente, el libre
comercio, las inversiones, la integración, las migraciones, los
desplazados internos. Son puntos de la agenda binacional que se
enlazan con lo multilateral, como la Cumbre de las Américas, las
agendas de la OEA y de la ONU, el fin de la presidencia de los No
Alineados en octubre, que implica un arqueo de nuestra posición.

Es significativo lo que él llama implicaciones más allá de sus
fronteras de problemas colombianos. Las relaciones de los E.U. y
Colombia fueron tradicionalmente buenas. Salvo la secesión panameña,
hemos sido aliados fiables en lo hemisférico y con bajo perfil
amistoso internacional. El deterioro se originó, como se sabe, en el
narcotráfico y la narcopolítica. En determinados efectos del
agravamiento del conflicto interior. Que adquirió alta intensidad
atípica con violaciones de los derechos humanos. En medio de una
confusión, aún no disipada, entre estos derechos y lo que constituye
el derecho humanitario o derecho de la guerra.

Nuestras relaciones no volverán a ser lo que fueron porque han
cambiado muchos factores. Hay que reacondicionarlas consensualmente.
Colombia ha tenido una internacionalización más fáctica que
deliberada. Se la asocia a varios de los puntos críticos de la nueva
agenda postguerra fría. No estábamos preparados para la visibilidad ni
la vulnerabilidad. Concurrentemente se desdibujaban las alianzas
automáticas y se tornaban selectivas.

Se producían en los E.U. realineamientos en la política exterior de la
superpotencia sin rival. En tránsito del containement (contención al
comunismo) al enlargement (ampliación de la democracia y el mercado
globalizados). Al desaparecer la confrontación con los soviéticos,
adquirieron primera fila amenazas transnacionales como el tráfico
ilícito de las drogas, el terrorismo. Una más alta peligrosidad los
conflictos dentro de los estados que entre los estados. Los grupos de
presión globalizaron su sectorialización por entre una presidencia
demócrata con congreso de mayoría republicana. Se necesitan líderes
multilateralistas. La Declaración de los Derechos Humanos (1948),
ideada contra el totalitarismo marxista, convirtió a países como
Colombia en foco de atención cuando aquel se desvaneció.

Lo que urge ahora es una estrategia internacional planeada, de
conjunto, para el nuevo gobierno 1998-2002. Sería erróneo adelantar
una política de partido; el solo bipartidismo resulta insuficiente.
Hay que asociar otros sectores, empresarios, académicos, sociales.
Nuestra política exterior carece de un propósito coherente, integral.
De una acción programada. Requiere combinar con prioridades
inteligentes y participación generosa el bilateralismo y el
multilateralismo como la manera no solo de atenuar la asimetría con
los E.U. sino de dinamizar los formidables intereses que nos unen y
manejar racionalmente las diferencias para que no se conviertan en
conflictos.

Una desestabilización de Colombia en los años 90 es más grave,
geoestratégicamente, que la de Centroamérica en los 80. Hay que
aprender a moverse en el nuevo contexto de seguridad. No convertirnos
en exportadores de ingobernabilidad. Urge plasmar un entendimiento
nacional más allá del debate electoral. Pensando en lo que debemos
hacer juntos a partir del 8 de agosto. Los E.U. nos necesitan como
aliados hemisféricos, y Colombia requiere su apoyo para cimentar un
clima de solidaridad internacional. Que serviría precisamente para el
encuentro de la paz y para insertarnos en el siglo XXI con estabilidad
política y desarrollo económico más equitativo.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
26 de marzo de 1998
Autor
HECTOR CHARRY SAMPER

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