Mi saludo, evocando las costumbres de mi tierra:
Esta noche, arribarán de tierras lejanas, desde el nor-oriente del Perú, tres personajes. Ellos salieron desde las faldas del cerro Puma Hurco, cubrirán tu hogar, con aromas de huarangos, tayandos y huicungos. Estará un viejo de aspecto blanco, de piel arrugada pero reluciente, lleva una pronunciada joroba, largas y níveas barbas, una ropa raída por el tiempo; se apoya en un miserable bastón de tayo, labrado con sus temblorosas manos. Este, bailará en tu casa: Aunque sea sordo, lleva el recuerdo de sus mocedades, pero es astuto, decidido y querendón, te alegrará la noche con su zapateo, se hará eco en todos los ambientes de tu casa.
Un negro, algo muchachón, de delgada figura, con un sombrero de paja y cinta de colores, del que sobresale una pluma de pavo real, como la esperanza, de un mundo de colores. El es el “pichichanqui”, el centro del espectáculo, el bailarín mayor. Hará piruetas, en tu sala, danzará, se elevará y luego se asentará con pies de seda; es gracioso, cómico y burlón; se presentarán súbitas paradas, para regalar miradas picarescas. Lleva una “tinya” (tamborcillo), también adornado con cintas de colores y una baqueta de carrizo, con los mismos adornos.
El baile preside el viejo y cierra el negro. El espectáculo será de júbilo, alegrarán tu casa. Todos cantarán en coro y bailarán con una orquesta celestial: el negrito hará mil gracias, el viejito, golpea el piso con su bastón, sincronizado con la música. Luego harán su ingreso, las pastorcitas, que con la sonaja en la mano, darán inicio a la fiesta anunciando que el niño Dios ha nacido…….mientras tanto el ambiente se perfuma, con olor a huarango y la fiesta continúa.........
Con todo cariño
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