El Judaismo Español [Articulo 9]

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Mar 11, 2007, 3:09:56 PM3/11/07
to Articulos001
La diabólica confabulación nazi contra los presuntos criptojudíos,
tramada
con la anuencia franquista. Anales del judaísmo balear (noveno
artículo).

Como en el resto de la península, en las Baleares los judíos
prosperaron y
contribuyeron a la prosperidad del archipiélago, pero allí también
fueron
perseguidos. Los que se convirtieron y mantuvieron en secreto su fe,
fueron
discriminados durante siglos, pero en 1942 tuvieron que enfrentar el
peligro
de extinción nazi, pensado con la colaboración de la dictadura de
Franco.
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Hasta el día de hoy el visitante que recorre las callejuelas de Palma
cerca
de la Almudaina puede percibir la presencia de una importante judería,
que
mucho hizo para plasmar el carácter de los mallorquines.
Efectivamente, los
historiadores coinciden en señalar que un nada despreciable porcentaje
de la
población del archipiélago desciende de los hebreos, que aún se los
conoce
como los chuetas.

Es probable que ya hubiera judíos en la época romana, pero la primera
referencia documentada es del siglo V, cuando el obispo de Mallorca
Severo,
haciendo gala de su apellido, persiguió tenazmente a los judíos de
Magona
(hoy Mahón), incendió su sinagoga y los obligó a convertirse. Los que
se
resistieron fueron inmolados, y las crónicas señalan en especial la
valentía
de las mujeres, que sobresalieron por su coraje en defensa de la fe a
la que
no querían renunciar. Hasta entonces habían formado una comunidad
nacional
en Menorca, participando en la vida política de esa ciudad y gozando
de los
mismos derechos que los demás habitantes.

Luego, al caer el archipiélago en el siglo VIII bajo la dominación
mora,
comenzaron a llegar hebreos y al desmembrarse el Califato de Córdoba
e
imponerse los fanáticos almohades en toda Andalucía en 1146, se
intensificó
esa corriente y muchos fueron los que buscaron refugio en las islas.
Los
nuevos colonos se dedicaron a la agricultura y al comercio, y Palma
llegó a
tener un call tan importante que contaba con tres sinagogas. Afírmase
que
cuando Jaime (Jaume) I conquistó Mallorca en 1229, no dejó de respetar
a los
judíos, mientras que los musulmanes no lo pasaron tan bien. Pero los
hebreos
tuvieron que abandonar el barrio en donde vivían, para que los
dominicanos
pudieran construir allí su convento, aunque se les concedió otro cerca
del
palacio. Sin embargo, durante el reinado de uno de sus sucesores,
Sancho I,
el obispo de Mallorca impuso una multa de 150.000 florines a la
judería
mallorquina y limitó sus derechos, por la conversión al judaísmo de
dos
cristianos. Esa elevada suma sólo pudo ser abonada trece años más
tarde, y
entonces la comunidad recobró parte de sus derechos.

Se estima que en la época de Pedro IV de Aragón vivían en las islas
un
millar de judíos, entre los que figuraban mercaderes que comerciaban
con los
países de Africa del Norte y el Oriente, aunque aún eran más famosos
los
cartógrafos mallorquines, en especial de la familia Crescas. Padre e
hijo
trabajaron dos años (1376-77) para completar un mapamundi que fue tan
admirado, que el rey lo entregó como regalo a Carlos VI de Francia en
1381.
Otro maestro, Gabriel de Vallsecha, elaboró otro mapa en 1439 que fue
empleado por Américo Vespucci.

Sin embargo, cundía un clima antisemita propagado por el clero y
otros
enemigos de los judíos. En 1309 se difundió el rumor -totalmente
infundado-
de que un niño cristiano había sido ritualmente asesinado. El
gobernador
confiscó todos los bienes de los judíos y los condenó a la esclavitud,
salvo
que pagasen un rescate de 150.000 florines. Luego, los terribles
sucesos de
1391 también afectaron a las islas. En agosto de ese año el populacho
se
abalanzó sobre los judíos de Palma y unos 300 perecieron en esa cruel
matanza. Los demás se tuvieron que convertir para salvar la vida.
Aunque de
algún que otro modo los judíos volvieron a vivir en las islas, nunca
recobraron la posición que habían tenido. Y lentamente desaparecieron
hasta
que en 1492, cuando se emitió el Edicto de Expulsión, se podía contar
con
los dedos de las dos manos los judíos practicantes que abandonarían
las
islas.

El odio racial había terminado de hecho con la judería, y luego se
habría
que hostigar seriamente a los conversos, a los llamados chuetas, que
han
sido perseguidos y discriminados a lo largo de los años.

Los chuetas

Los historiadores indican que hasta el día de hoy cerca de un 15% de
la
población mallorquina está integrada por chuetas: es decir, judíos
conversos
que, según una versión, siguen constituyendo "una clase
irremediablemente
baja, una constante víctima propiciatoria". Tales autores afirman que
su
ascendencia no les ha permitido librarse de esa mancha, y son una
suerte de
parias dentro de la sociedad isleña. Pero a estar a otras opiniones
de
entendidos en la materia, la presente invasión de forasteros
(españoles o
extranjeros) ha modificado el cariz de las cosas. Y llegan a decir que
hoy
ser de ascendencia chueta ya es un privilegio y no un menoscabo.

Los chuetas (xuetes en catalán) son un grupo social de Mallorca
históricamente estigmatizado por su origen judío. La consideración de
chueta
procede del hecho de tener alguno de los 15 apellidos considerados
como tal,
que son los de otros tantos presuntos criptojudíos condenados por la
Inquisición en 1691. Hoy en día se considera que los chuetas sumarían
unas
30.000 personas, aunque nadie parece poder asegurar que ese número
sea
cierto.

Hay dos teorías sobre el origen del nombre catalán xueta. Una versión
alega
que procede de xulla ("tocino"), en clara referencia burlona a la
abstinencia del consumo de carne de cerdo entre los judíos. También
puede
proceder de xuetó, forma mallorquina de juetó, diminutivo de jueu
("judío").
Xuetó es la forma más habitual de referirse a los chuetas en la ciudad
de
Palma de Mallorca. También se les solía llamar del carrer, esto es,
"de la
calle", en referencia a la calle de Argentería donde residían la mayor
parte
de ellos. Los mismos afectados han utilizado esta denominación más que
la de
"chueta", y con frecuencia se han referido a sí mismos con un vago
nosaltres
(nosotros) opuesto a els altres (los otros).

Como queda dicho, la comunidad judía de Mallorca se remonta a los
tiempos
romanos. Luego de la conquista de la isla por Jaime I en 1229, los
judíos de
la ciudad consiguieron residir en un barrio llamado el Call. En 1435,
después de ser acusados de un crimen ritual y para evitar el
ajusticiamiento
de sus líderes religiosos, toda la comunidad judía de Mallorca se
convirtió
al cristianismo. Como en muchos otros casos, buena parte de los
judíos
mallorquines siguieron practicando en secreto su religión bajo la
apariencia
de fieles católicos, lo que les acarreó problemas, sobre todo a partir
de
1478, fecha en que se establece la Inquisición en la isla. Entre 1545
y 1673
no se tiene noticia de que se iniciara proceso alguno contra
supuestos
judíos, pero a finales del siglo XVII, empieza la presión antijudía y
éste
es el momento en que se origina la cuestión chueta.

En 1675 comienzan las persecuciones. Más de doscientas personas
acusadas de
judaizantes fueron condenadas en 1679 a confiscación de bienes y
otras
penas. Atemorizados, sintiéndose objeto de constante vigilancia y
temiendo
perder la vida, muchos judaizantes intentaron huir de la isla, pero
fueron
descubiertos. En el año 1691 la Inquisición realiza un auto de fe a
resultas
del cual son relajadas cincuenta y seis personas, de las cuales 37
son
efectivamente ajusticiadas y 3 quemadas vivas, acusadas de practicar
el
culto judío clandestinamente. A los reos, como era habitual, se les
paseaba
por la ciudad vestidos con un sambenito, un hábito infamante en el
que
aparecía escrito su nombre y que se les quitaba antes de que se
ejecutara el
suplicio a fin de poder exhibirlo públicamente durante un tiempo para
perpetuar el recuerdo de la sentencia. Así, en la iglesia de Santo
Domingo
se podían contemplar varios sambenitos en los que figuraban los
apellidos de
los sentenciados: Aguiló, Bonnin, Cortès, Forteza, Fuster, Martí,
Miró,
Picó, Pinya, Pomar, Segura, Tarongí, Valentí, Valleriola y Valls.

A diferencia de otros sambenitos, que eran retirados pasado un tiempo,
éstos
estuvieron expuestos al público hasta 1813, perpetuando de este modo
la
acusación de criptojudaísmo sobre los portadores de alguno de esos
apellidos. La publicación del libro "La fe triunfante" escrito por un
jesuita en el siglo XVIII echó nueva leña al fuego. Recordaba el auto
de fe
de finales del siglo anterior para recordar lo que él calificaba la
"gran
conspiración". Antisemitismo en el pleno sentido de la palabra.

La anomalía del caso es que, según algunos autores, los chuetas no son
por
tanto todas las familias mallorquinas descendientes de judíos, sino
las que
portan alguno de estos quince apellidos que, por azar, fueron los que
quedaron como testimonio de aquellos autos de fe. Hay que señalar que
estos
apellidos se consideran chuetas sólo cuando proceden de Mallorca, ya
que por
lo demás son comunes a todo el ámbito lingüístico catalán, y algunos
de
ellos son de origen italiano o castellano. Es de hacer notar que en
Mallorca
existen apellidos de origen judío (como Jordà, Abraham, Maimó, Salom,
Daviu,
Vidal, Duran y otros) que no son considerados judíos.

La actitud de los inquisidores, que en principio apuntaba a la total
desaparición de los judíos por vía de su integración forzosa en la
comunidad
cristiana, consiguió justamente lo opuesto: al perpetuar la memoria de
las
familias cuyos antecesores habían sido condenados por judíos, creó
una
comunidad que, aunque no fuera de hecho criptojudía, se ha visto
obligada a
mantener conciencia de sus orígenes hasta el día de hoy. Por el
contrario,
los descendientes de los muchos otros criptojudíos que había en la
isla y
que no fueron objeto de la acción inquisitorial, o si lo fueron se
olvidó,
con el tiempo perdieron toda noción de sus orígenes.

Las condenas de la Inquisición llevaban aparejadas otras penas que
debían
mantenerse durante dos generaciones: los familiares directos de los
condenados, así como sus hijos y nietos, no podían ocupar cargos
públicos,
ordenarse sacerdotes, casarse con personas que no fueran chuetas,
portar
joyas o montar a caballo. Estas dos últimas penas no parece que se
aplicaran, pero las demás siguieron vigentes por la fuerza de la
costumbre
más allá de las dos generaciones estipuladas, hasta mediados del siglo
XX.

Los chuetas residían mayoritariamente en la calle Argentería o
Platería,
dentro del casco antiguo de la ciudad (aunque fuera del Call o
tradicional
barrio judío), y en las manzanas adyacentes. La calle debe su nombre a
la
fabricación y comercio de joyas, oficio tradicionalmente reservado a
los
judíos en muchos lugares del Mediterráneo, y que en Mallorca ha sido
patrimonio casi exclusivo de los chuetas hasta épocas muy recientes.
Sólo
los chuetas de posición social elevada (llamados de orella alta, o sea
de
"oreja alta") se establecían en otras zonas. Fuera de la ciudad, se
encontraban en situaciones distintas según los lugares: había
poblaciones
que no toleraban siquiera el asentamiento de chuetas y otras, como
Felanitx,
donde los muchos chuetas, que eran vendedores ambulantes, no sufrían
otro
problema que los ocasionales comentarios malévolos de sus vecinos.

En 1808 y 1823 se registraron sendos feroces ataques contra las casas
y
comercios de la Argentería.

En Palma, los chuetas eran con frecuencia conocidos por sus apodos,
algo
inusual en la ciudad ya que el uso de apodos era una costumbre más
bien
campesina. Estos apodos eran con frecuencia desagradables, pero
también con
frecuencia los chuetas los aceptaban con tal de encubrir sus
verdaderos
nombres, considerados más ominosos ya que eran los que revelaban su
condición de descendientes de judíos.

Fue Carlos III quien, por medio de varios decretos hizo un primer
intento de
rehabilitación de los chuetas en el terreno legal, prohibiendo
cualquier
discriminación y ordenando que se derribaran los muros del Call, que
le
daban un aspecto de gueto. Los chuetas tuvieron que dirigirse
posteriormente
a Carlos IV para explicarle que, a pesar de su ascendencia judía, eran
tan
católicos como los demás y solicitaban que se hiciera lo posible para
aliviar su marginación, lo que muestra que las disposiciones
anteriores no
debieron tener demasiado efecto. En general, las leyes mitigaron
algunos
aspectos de la marginación, pero no lograron acabar con la fuerza de
la
costumbre.

La situación llegó a tales extremos que los chuetas no fueron
admitidos en
las escuelas públicas hasta 1873, y en las escuelas religiosas hasta
mediados del siglo XX, alegando cuestiones de "limpieza de sangre".
También
tenían problemas los que quisieran oficiar de sacerdotes, aun cuando
no
había ya ninguna restricción legal que se lo prohibiera. Un caso
famoso de
discriminación todavía a finales del siglo XIX fue el de Josep
Tarongí, que
tuvo que salir de la ciudad para ordenarse sacerdote y a su regreso se
le
prohibió oficiar misa en la iglesia de Santo Domingo por ser
cristiano
nuevo. En la misma época otro sacerdote chueta fue invitado por el
párroco a
dar el sermón en su iglesia. Lo hizo, y después los feligreses
quemaron el
púlpito "contaminado por el judío". Otro sacerdote más, chueta
también, al
ir a dar comienzo a la misa en la catedral, se encontró un trozo de
tocino
(xulla) entre las páginas del misal.

El prejuicio antichueta empezó a disminuir con la afluencia del
turismo en
las primeras décadas del siglo XX, así como con el desarrollo
económico. El
breve periodo de la República tuvo también importancia debido a su
laicismo
oficial y al hecho de que buena parte de los chuetas simpatizaran con
el
nuevo modelo de Estado, igual que anteriormente lo habían hecho con
las
ideas ilustradas y liberales. Es durante la época republicana cuando
un
sacerdote chueta oficia por primera vez el sermón en la catedral de
Palma,
hecho que tuvo gran importancia simbólica.

Peligro fatídico

La situación acusó en 1942 un giro que hubiera podido ser fatal. Según
se ha
podido saber de fuente bien informada, a pedido del gobierno de la
Alemania
nazi, se realizó un estudio oficial sobre los mallorquines "de origen
judío". La razón aparente era el temor que "confabulasen" con el
judaísmo
mundial. Hay que tener en cuenta que en la dictadura nada se hacía sin
la
sanción oficial. Efectivamente, la iniciativa creó suma inquietud
entre los
chuetas, temerosos de correr la misma suerte que los judíos del Reich
y los
territorios ocupados si España entrara en la contienda por su
declarada
simpatía por el Eje, o Mallorca era de algún modo ocupada por los
nazis. La
responsabilidad de la investigación recayó finalmente en un
historiador
local, cuyas conclusiones, magnificadas y falseadas sin duda para
dificultar
una posible acción contra los descendientes de los judíos, daban como
resultado que un 35% de los mallorquines tenía ese origen, entre los
cuales
se encontraban algunas de las familias más poderosas de la isla. Lo
que era
una exageración para poder evitar cualquier catástrofe que el régimen
franquista pudiera patrocinar, en vista del animadversión que siempre
tuvo
para con los judíos.

El turismo masivo que se inicia en los años 50, que supone la
presencia y en
muchos casos la instalación definitiva en la isla de forasteros
(españoles o
extranjeros) para los que la condición de chueta no significa nada,
marca el
punto de inflexión definitivo en la historia de esta comunidad. Estas
corrientes propiciaron en los años 60 ciertos movimientos de retorno a
la
práctica judía entre algunos chuetas, sobre todo los de posición
económica
más elevada. En colaboración con la comunidad judía de Barcelona,
treinta
familias salieron de la isla en 1959, con la excusa de hacer un
crucero por
el Mediterráneo, para instalarse en Israel y recuperar la condición
de
judíos. Las autoridades religiosas judías, de todas maneras, no
reconocen la
condición de judíos a los chuetas.

El prejuicio, sin embargo, no ha desaparecido del todo. Ramón Aguiló,
alcalde socialista de Palma entre 1979 y 1991 y chueta, se vio
llamado
despectivamente "judío" en más de una ocasión por sus adversarios
políticos.
Por otro lado, según una encuesta realizada por la Universidad de las
Islas
Baleares en fecha tan reciente como 2001, un 30% de los mallorquines
afirmó
que no se casarían con un chueta, mientras que un 5% declaró que no
desea ni
siquiera tener amigos chuetas.

Se consigna un caso especial: en 1977, un joven chueta de 19 años
llamado
Nicolau Aguiló emigró a Israel y regresó oficialmente al judaísmo
asumiendo
el nombre de Nissan ben Avraham. Cursó durante diez años los estudios
rabínicos y recibió el título de rabino en el año 1991. De ese modo
se
convirtió en el primer chueta que recibe dicho título en los últimos
seis
siglos.

En 1978, una conocida personalidad israelí fue a Mallorca para
estudiar la
historia de los descendientes de los chuecas. Cuando estaba absorto en
su
labor, recibió un llamado telefónico urgente de Jerusalén. Estaba por
ser
designado candidato a la Presidencia del Estado. Así es que Itzhak
Navón, ex
ministro de Educación y Cultura y allegado del legendario líder David
Ben
Gurión, dejó a medias esa labor para convertirse en el quinto
Presidente de
Israel, el primer sefardí que habría de ejercer ese cargo.

Palma de Mallorca

Recorrer la parte vieja de la ciudad, a espaldas de la Catedral, es
percibir
la sensación de una próspera judería que existió en la capital
mallorquina,
cuando estuvo regida por los reyes Jaime I y Jaime II. La relativa
tranquilidad con que vivieron los hebreos estaba bien justificada:
fueron
ellos quienes facilitaron en gran medida la entrada de los ejércitos
cristianos. Aunque luego la judería fue confiscada para ser entregada
a los
dominicos, se creó un nuevo barrio seguramente donde está ahora la
calle de
las Platerías. Los cartógrafos judíos mallorquines fueron
particularmente
famosos, especialmente la familia Crescas, y su renombre pasó las
fronteras
de España. "En los portulanos mallorquines -dice Sureda- no se admiten
vagas
noticias ni sospechas. Sólo figuran... los mares surcados habiendo
desaparecido ficciones y fantasías".

Pero, la vida de los hebreos fue terriblemente sacudida por el pogrom
ocurrido en agosto de 1391, que del continente también llegó a las
Baleares.
El populacho asaltó la aljama matando a centenares de judíos; los
demás
tuvieron que bautizarse para salvar la vida. Mientras tanto, desde la
fortaleza los nobles contemplaban el espectáculo sin intentar
siquiera
intervenir. ¿Cuál fue el resultado de esa matanza? No parece haber
sido
precisamente propicio para la economía de la capital y las islas, ya
que los
comerciantes habían sido judíos. "Los daños resultaron
incalculables",
afirma el cronista Santamaría. Y los conversos que allí quedaron,
fueron
acosados inexorablemente por la Inquisición, aunque la historia de
aquéllos,
llamados chuetas, es un capítulo aparte en la historia del judaísmo
español.

Como queda dicho, hasta el día de hoy ha quedado olor a judería cuando
se
deambula por el viejo barrio de Palma, y ése no desaparece cuando se
entra
en el museo de la Catedral. Efectivamente, uno de los principales
objetos
allí expuestos son dos rimonim, (granadas, en hebreo), un par de
cetros de
plata, empleados para enrollar los Rollos de la Torá, a fin de servir
como
soporte cuando son levantados durante el oficio religioso. En el
presente
caso, tienen la forma de torre, tal como era usual en el medioevo.
Afírmase
que fueron traídos desde Jerusalén y regalados a la catedral por el
gran
maestre de una orden militar.

Cresques Abraham (1325-1387)

En búsqueda de material sobre esta genial figura del judaísmo
mallorquín,
tropecé con un blogger llamado "Cresques XXI". Lo firma un tal Vidal
Cresques, valenciano de 41 años, que se presenta así: "Este es el blog
de
Cresques. Aquí podrás encontrar comentarios sobre tecnologías de
información
geoespacial, mapas, GPS y cosas que a un cartógrafo del siglo XXI le
pueden
interesar". Casualidad o no, encontré más adelante una biografía del
que
supongo podría ser uno de sus antepasados, Abraham Cresques:

"Se sabe que esta familia judía estaba asentada en Mallorca desde
hacía
muchas generaciones, pero se ignora si venía de Cataluña o del norte
de
África. Hay constancia de un Ferrer Cresques, médico, y de Vidal
Cresques,
alto funcionario en los archivos de la corona de Aragón.

Si los detalles de la vida de Cresques Abraham (Cresques, hijo de
Abraham)
son muy escasos, se sabe en cambio que gozaba de una gran reputación
en la
Corte, y que fue uno de los jefes de filas de la Escuela cartográfica
de
Mallorca'. Cartógrafo reputado, fue 'Magister mappamundorum et
bruxolarum'
del rey y recibió el encargo de Don Juan de Aragón para dibujar un
mapa del
mundo destinado al joven Carlos VI, de 13 años en aquel momento.

En una carta fechada el 5 de noviembre de 1381 se hace mención de
'Cresques
lo Juheu qui lodit mapa mundi a fet'. El citado mapamundi tal vez no
sea el
Atlas catalan, puesto que este último figuraba ya en las colecciones
de
Carlos V en 1380, lo que pone en duda la atribución del Atlas Catalán
a
Cresques Abraham; por otra parte se conoce que realizó otros mapas del
mismo
tipo en 1381, 1382 y 1387 para los reyes de Francia y Aragón.

El hijo de Cresques Abraham, Yehuda (Jaffuda) Cresques (Yehuda, hijo
de
Cresques), se convirtió al cristianismo en 1391 como muchos judíos
mallorquines, adoptando el nombre de Jaume Riba (Jacobus Ribes). Al
igual
que su padre se supo beneficiar de la protección real y llegó a ser
'Magister cartorum navigandi' en la corte. Los archivos de la corona
de
Aragón mencionan un encargo de 1389. Se le veía dibujar mapas
constantemente
a finales del siglo XIV. Quizá fue 'Mestre Jacome de Malhorca' que
vuelve a
aparecer en 1419 en Portugal junto a Henrique el Navegante, suponiendo
la
transición entre la cartografía catalana y la emergente escuela
portuguesa")

Moshé Yanai


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