Arte y Fe

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Biblioteca Cultural Judia

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Mar 15, 2007, 11:45:58 AM3/15/07
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Arte y Fe

Junto con el regreso de Am Israel (el Pueblo de Israel) a su tierra,
surgió la creatividad artística israelí.

por Rav Lior Engelmann

Junto con el regreso de Am Israel (el Pueblo de Israel) a su tierra,
surgió la creatividad artística israelí. Al principio, ella fue
patrimonio de los apodados "jofshiim" (libres: Judíos laicos), y el
arte fue atrapado por los hechizos de la secularidad. Los artistas se
sintieron totalmente libres para hacer todo lo que se les ocurrió y
expresar todo lo que sintieron dentro de ellos - sin necesidad de
discriminar entre lo impuro y lo puro, entre lo bueno y lo malo. La
libertad de expresión se convirtió en la liberación del mundo de su
Creador, la emancipación del israelí de su emuná (fe). El artista no
vaciló en atacar - a través de su obra - todo lo santo para nuestro
pueblo.

Los artistas son los que transforman los pensamientos de los
intelectuales en patrimonio de todo el público. En la sociedad secular
se destaca su papel como el travesaño central, que aúna los pensadores
con el público general - y justamente entre las personas creyentes,
tal parecería que hubiese un abismo entre los que estudian en el Beit
HaMidrash (centro de estudio de la Torá) y el público general. Un
abismo de falta de creatividad artística. La potencia que se esconde
en el arte era amenazante a los ojos de las personas creyentes, y
entre ellas la creatividad artística era pobre.

La mayoría de los cantos jasídicos los escribió el rey David, les
compuso música Rav Shlomó Karlibaj - y otros campos de creatividad, no
había...

En los últimos tiempos, somos testigos del comienzo de una revolución.
El público creyente siente la necesidad de creaciones artísticas
distintas, un anhelo que no es saciado por las creaciones seculares. Y
también surge un espíritu de creatividad artística que se revela en
muchos. Cuando surge un espíritu de ese tipo en las almas de los
artistas, es una señal que la Torá no puede continuar encogida sólo en
el Beit HaMidrash, entre libros y letras: La Torá vive y arde, desea
irrumpir y revelarse, desea encontrar su camino - del corazón del
artista al mundo - a través del baile y los cantos, de la música y los
dibujos.

Por lo visto, para ser acreedor del título "Artista Creyente" no
alcanza con una kipa coronando la cabeza, y cuatro flecos al viento:
Es necesario una gran y profunda reflexión antes de comenzar a crear.
El arte es nombrado en nuestra Torá kdoshá (santa) en entornos
antagónicos: Por un lado, el arte aparece en los Diez Mandamientos en
forma negativa, como dice el versículo "no harás para ti escultura, ni
forma alguna de lo que está arriba en el cielo, ni de lo que está
abajo en la tierra..." (Dvarim 5:8). Por otro lado, encontramos en
nuestra Parashá al artista Betzalel como una figura central en la
edificación del Mishkan (Tabernáculo): "Ved que el Eterno ha llamado
por nombre a Betzalel, hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de
Iehudá, y le ha llenado del espíritu de D's, en lo relativo a
sabiduría, inteligencia y ciencia, y toda suerte de artesanía" (Shmot
35:30). Hay un arte que es como un dios ajeno, y hay un arte que es
como la manifestación de la inspiración Divina, un arte de emuná. Es
difícil desentenderse de la similitud de ambos conceptos - umanut
(arte) y emuná - y debemos identificar el vínculo entre ellos.

El arte, en principio, es capaz de elevarse por encima del presente.
El creyente tiene la facultad de mirar en un momento determinado desde
un punto de vista de eternidad y continuidad. Estamos acostumbrados a
que los artistas son pasajeros en forma extrema: El artista promedio
logra crear su obra sólo en una circunstancia determinada y en un
lugar determinado, depende de la "inspiración" que siente en un
momento dado. Los pintores acostumbran a firmar con su nombre y con la
fecha, como diciendo "en este momento". El artista de emuná, no se
"hunde" en un momento determinado. Es cierto que puede - e incluso
debe - expresar las dificultades de una realidad determinada, pero
también es capaz de esbozar con su pincel líneas de esperanza y
optimismo, que emanan de la convicción de la bondad del Creador y
Director del mundo. El artista de emuná se adhiere a la eternidad, a
lo estable, y no le permite a los cambios estacionales y cambios de
humor convertirse en el todo. La creación artística del artista de
emuná es una imagen de sí mismo, y de momento que él mira al mundo con
ojos buenos, también su creación artística irradia emuná y bondad a
todos los que la contemplan.

En el prólogo a su libro (Agam - Emuná VeIahadut) escribe el escultor
Iaacov Agam que la prohibición "no harás para ti escultura, ni forma
alguna" se refiere principalmente al dibujo de D's mismo como una
escultura, como una realidad estática - y por lo tanto todo el mundo
como un maniquí sin movimiento, carente de la posibilidad de
desarrollarse y avanzar. El artista que tiene emuná, que cree con
certeza que el mundo va progresando, que es capaz de avanzar en el
plano de los valores y la moral - no hace un maniquí. La Gmará
describe a Betzalel como un director - es decir, un líder. En su libro
"Ein Ayá" explica el Rav Kuk que todo el que miraba la creación
artística de Betzalel, no sólo que no se hundía en su aspecto físico,
sino que por el contrario, se elevaba y se colmaba de emuná.

En cuanto al Becerro de Oro, dice la Torá: "Se han apartado pronto del
camino que Yo les prescribí, se han hecho una máscara fundida" (Dvarim
9:12). El artista secular invierte toda su atención en el material que
es visto por sus ojos - y de esa forma su creación se convierte en una
máscara, un velo que separa al mundo de su Creador, una cortina entre
la creación y el que la creó. El artista de emuná logra esbozar con
líneas suaves de bondad el encuentro entre la creación y su Creador,
quita la máscara y nos acostumbra a través de su creación artística a
observar al mundo y a su Dueño de una sola mirada plena. "La habilidad
auténtica del artista, cuando se encuentra en la cúspide... reconocer
la profundidad de la naturaleza de la realidad, ya sea su aspecto
material como su aspecto espiritual, y la relación de todas sus
partes, espirituales y materiales" (Ein Ayá, Brajot). Los artistas se
caracterizan por su capacidad de diferenciación exacta, hasta los más
ínfimos detalles. Un artista nunca permanecerá indiferente cuando
alguien intente cambiar algo de su obra, incluso una pequeña línea. El
artista de emuná logra ver al mundo de esa forma, como la obra del
Artista Divino, a la que debemos allegarnos con santo temor para no
arruinar nada en ella, incluso un pequeño detalle.

En primer lugar, el artista crea de sí mismo, descubre a través de su
obra - canto, escritura, baile y escultura - distintas capas de su
personalidad, que la palabra medida no es capaz de expresar. De la
misma forma que las palabras de una persona pueden revelar una gran y
rica verdad, pero pueden convertirse en un arma dañina, también la
obra de arte es una espada de doble filo. De momento que no se puede
convertir en un artista de emuná "de la boca para afuera" - porque un
arte de ese tipo es hipócrita y falto - el que quiere crear obras de
arte con emuná, debe colmar su ser con una gran emuná en nuestra
auténtica Torá que arde en su interior, y es la fiel garantía que su
obra será kdoshá (santa).

Que D's nos haga merecedores de elevados artistas, cuya obra se
encuentre "a la sombra de D's", artistas de emuná.

Este artículo es dedicado en memoria de Adi Jaia Diamant z"l - una
artista colmada de emuná.

Majon Meir

www.alumbrar.org

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