red.Bibliotecaria
unread,Sep 18, 2008, 12:48:53 PM9/18/08Sign in to reply to author
Sign in to forward
You do not have permission to delete messages in this group
Either email addresses are anonymous for this group or you need the view member email addresses permission to view the original message
to Archivos06
Las Invenciones del Historiador
Por: Alicia Benmergui
Por estos días nos han hecho llegar el reportaje efectuado a un
profesor de Historia de Europa de la Universidad de Tel Aviv. La
entrevista estaba motivada por la exitosa venta de un libro que ha
escrito y que ha ocupado los primeros puestos de venta en Israel. El
historiador Shlomo Sand escribió el libro para basar históricamente
sus opiniones acerca del presente y el futuro que avizora para el
Estado de Israel. Sus ideas son tan válidas como las que cualquiera
desee expresar pero el sustento histórico, sobre el que se apoya es
otra cuestión y bastante preocupante.
La Historia como tal pertenece al campo de las Ciencias Sociales, los
historiadores legitiman sus hipótesis de trabajo y las conclusiones a
las que llegan a través de pruebas documentales con las que intentan
demostrar la validez de sus argumentaciones.
En los tiempos que corren la banalización y la trivialización en temas
importantísimos son moneda corriente. A través del notable
perfeccionamiento de los medios de comunicación circulan todo tipo de
noticias y temas totalmente carentes de verosimilitud a las que se
añade la idea de consumo también de productos culturales de venta
fácil y rápida.
Las consecuencias serán cada vez más evidentes con el paso del tiempo.
En esta entrevista es visible que Sand formula una serie de opiniones
carentes de fundamento y en otros casos de verdades a medias mezcladas
con falsas aserciones provocando una situación ambigua. La gente que
desconoce el tema supondrá que lo dicho por el escritor tiene el
fundamento de la verdad por los antecedentes de quien lo afirma. Por
su parte es de suponer que un historiador sabe que no puede opinar
sobre temas de historia que le son ajenos sin informarse debidamente.
Es una cuestión de honestidad intelectual y profesional que no parece
ser un problema que le preocupe mucho a Sand.
En el reportaje el escritor cuenta que su libro “Cuando y como fue
inventado el Pueblo Judío” se apoya en dos tesis fundamentales, a
saber: 1) Los actuales judíos provienen de pueblos paganos que se
convirtieron al judaísmo lejos de Palestina, y por lo tanto no
descienden de los antiguos judíos, 2) y que los palestinos árabes son
los únicos descendientes de los antiguos judíos.
Para darles más sustento continúa afirmando que la existencia de un
pueblo judío es solo una invención, y una invención reciente, que La
Biblia no es un libro histórico, solo es un libro teológico, que el
pueblo judío es una invención del cristianismo y que nunca existió el
exilio impuesto por parte de los romanos porque éstos no eran como los
asirios o babilonios. Continuó afirmando que de los cuatro millones de
judíos que existían por aquella época, tres millones se convirtieron
al cristianismo, sostuvo que la cantidad de judíos que hubo en España
se debe a que la invasión musulmana de la Península Ibérica estaba
compuesta en gran parte por bereberes conversos al judaísmo. A esto
añadió el dato de que la mayor parte de los judíos ashkenazim
descienden de los jazáros y que de acuerdo a Ben Gurion y a Ben Zvi
los únicos verdaderos descendientes de los judíos serían los
palestinos.
También enunció otras tesis, intentar responder a todas ellas es un
arduo trabajo que seguramente excede este espacio, pero es necesario
dejar aclaradas algunas cuestiones. En primer lugar no se entiende
como se puede señalar con tanta ligereza que el pueblo judío no
existe, tal vez confunda deliberadamente la designación de pueblo, con
la definición de Nación que es una entidad que nace a fines del Siglo
XVIII.
Ciertamente en el relato bíblico, en el Siglo V a.n.e. nos enteramos
de que cuando Ezrah retorna con Nehemias para reconstruir Jerusalém y
el Templo, define con claridad y precisión lo que será el judaísmo. De
allí en más, donde quiera que existan judíos serán individuos que
conformarán un colectivo que es un pueblo, y que funciona como tal
frente a otros grupos.
Si habitaban en lugares lejanos peregrinaban a Jerusalém y recaudaban
medio shekel para mantener el templo. Cuando este desaparece,
destruido por los romanos, la recaudación continuó realizándose para
liberar a los judíos que eran vendidos como esclavos, en todo lugar
donde esto sucediera.
Una de las fuentes más antiguas donde puede verificarse este
sentimiento de pertenencia por parte de los judíos es en el testimonio
prestado por Flavio Josefo cuando en el Siglo I, en el año 93 en las
Antigüedades Judías se lamenta, “recogen el recuerdo de todo lo que
nos sucedió a nosotros, los judíos, en Egipto, Siria y Palestina, de
todo lo que hemos tenido que soportar de los asirios y de los
babilonios, de las atrocidades que nos han infligido los persas, los
macedonios y por último los romanos, comenzando desde el primer hombre
y llegando hasta el duodécimo año del reinado de Nerón”
Una vez más lo hace en el libro Contra Apion, donde hace una encendida
y detallada defensa de los valores de su pueblo, el Pueblo Judío, al
que nombra de esta manera.
Historiadores, especializados en Historia Antigua e Historia Medieval
resaltan la conciencia que los judíos tenían de si mismos como pueblo,
también la tenían los otros con respecto a ellos. Peter Brown, un
afamado historiador, especializado en la Antigüedad Tardía en su obra
“El Cuerpo y la Sociedad” relata que “con la destrucción del Templo y
el reforzamiento de la sinagoga y la casa de estudio, el judaísmo se
apresuraba a convertirse en la religión del libro y de la familia
matrimonial santificada. Trasmitida por varones eruditos a
adolescentes devotos, en casas de estudio no muy distintas de las
escuelas vecinas de los filósofos paganos, la Ley seguía hablando al
mundo con su antigua solemnidad:
Puesto que todos nosotros somos un pueblo famoso,
el que ha recibido una Ley del que es Unico:
y la Ley que hay entre nosotros nos auxiliará, y
la incomparable sabiduría que hay entre nosotros nos ayudará.”
Mientras el cristianismo crecía y se difundía por el mundo greco-
romano, y posteriormente también abrevando del judaísmo surgiría el
islamismo, los judíos decidieron resistir a los llamados y halagos de
quienes se consideraban los verdaderos pueblos de Dios. Y los judíos
resistieron con la clara conciencia de las acechanzas, tentaciones y
peligros que se cernían sobre su condición. Se dieron forma y
contenido, se dieron un código civil en la Halajá y se consultaron con
cartas, las responsas pese a las abismales distancias que en esos
tiempos separaban a las comunidades unas de otras.
Con el paso de los siglos y los milenios y aun a pesar de sus
diferencias tenían conciencia de su pertenencia a un solo pueblo.
En el siglo XII, un viajero navarro, Benjamín de Tudela recorrió en
sus viajes desde Tudela a Zaragoza, Tortosa, Barcelona, Narbona,
Montpellier, Arles, Marsella, Génova, Pisa, Roma, Nápoles, Salerno,
Tarento y Otranto; luego recorrió el Imperio Bizantino y las Islas del
Egeo; también recorrió los reinos cristianos de los cruzados en Siria
y Palestina; se adentró en el mundo musulmán visitando el Imperio
Seléucida (Mesopotamia); en Basora se embarcó para circunnavegar la
península Arábiga, llegando hasta el Egipto fatimí; y de allí volvió a
España pasando por Sicilia.
Recorrió todos estos lugares viendo como eran las comunidades judías y
haciendo un registro de todas ellas.
A mediados del Siglo XVII los judíos de Constantinopla se reunieron y
redimieron a los judíos de Polonia que eran vendidos como esclavos por
quien los había capturado, el cruel Bogdan Jmelnitzky, en tanto que
una judía de Hamburgo, Glückel de Hameln contó como toda su familia y
su abuela es especial, trataron de ayudar a los pobres judíos polacos
que habían podido huir ante las tropas de los cosacos dirigidos por
Jmelnitzky, dándoles refugio y alojamiento.
En 1730 un judío de Palestina, Yaacov Khuli, escribió un libro, el
Meam Loez, para instruir y educar judaicamente a una comunidad judía
pobre, degradada y casi analfabeta como lo era la mayor parte de la
población del Imperio Otomano.
Durante el período de la Ilustración, afamados filósofos se
interrogaban cual sería la forma para lograr que los judíos
abandonaron los límites de su comunidad y se integraran con el resto
de la sociedad.
Puede ser que para Sand la expresión de que cada judío es responsable
por otro no tenga ningún sentido, pero tal vez este haya sido uno de
los factores que hayan sido constituyentes del Pueblo Judío y que como
dijo otro historiador, el inglés Isaiah Berlin, “Todos los judíos que
son del todo conscientes de su identidad como judíos están empapados
de historia. Tienen recuerdos más prolongados, son conscientes de una
continuidad más prolongada como comunidad que cualquier otra que haya
sobrevivido. . .” “si esto no hubiera sido verdad no hubiera habido
suficiente vitalidad, ni suficiente deseo para vivir una vida común,
para haber hecho una colonización en Palestina, y finalmente para
haber hecho posible el Estado de Israel”
Hasta aquí y muy brevemente están los testimonios que pueden refutar
los dichos de Sand sobre la casi inexistencia o invención reciente del
Pueblo Judío. Lo mismo puede decirse sobre sus opiniones sobre la
Biblia, que ciertamente no es un libro de historia, pero es un texto
notable, una fuente histórica, un valioso documento antropológico que
da cuenta no solo de las creencias, hábitos y costumbres de los judíos
de la antigüedad.
También lo hace sobre pueblos desaparecidos que fueron rescatados del
olvido gracias al testimonio de su existencia brindada por ella, donde
se hallan textos de una notable belleza literaria, hasta informaciones
detalladas de un pasado remoto imposibles de hallar en otras
literaturas de la época. Ese texto teológico al que tan
despectivamente se refiere un historiador es uno de los aportes más
importantes a la Cultura Occidental, y quizá hasta la cultura
islámica.
Sería muy importante que Sand pudiera informar en que fuentes se basó
para afirmar que en Palestina había cuatro millones de judíos y que de
ellos tres millones se convirtieron al cristianismo. Según afirman los
historiadores de la antigüedad la mayor parte de los prosélitos
ganados por el cristianismo se hallaban en las clases altas, en el
mundo grecolatino de las márgenes del Mediterráneo, de ahí las grandes
diferencias que se establecieron prontamente entre ambas creencias.
Y lo más sorprendente de todo es la descripción de los romanos como
muy diferentes y tolerantes en relación a asirios y babilonios.
Seguramente por esas características benevolentes, amistosas y
contemplativas con los pueblos que dominaron, los romanos crearon el
primer imperio más grande y poderoso de la historia y llenaron Europa
de esclavos. No podemos creer que Sand desconozca la historia de los
cartagineses a los que los romanos, luego de la derrota que les
infligieron en la tercera guerra púnica, destruyeron totalmente
Cartago y mataron a toda la población, especialmente a los niños, para
finalmente cubrir de sal las ruinas para que nada más creciera allí.
La mayor parte de los judíos que sobrevivieron a la derrota del Siglo
I, y que no huyeron fueron llevados a Roma como esclavos junto con los
tesoros del templo, siendo vendidos allí. A pesar del descreimiento de
Sand que afirma que: “No hay ningún libro científico que lo diga. En
los billetes de 50 shekels se dice que Tito deportó a los judíos, pero
es un mito”, Esto demuestra ciertamente que el escritor no leyó los
textos científicos de historia sobre el tema, que sería necesario
recomendarle, ni siquiera la excelente novela de Yourcenar “Las
Memorias de Adriano”. Y que ni siquiera fue a Roma, que está bastante
cerca de Israel, a darse una vuelta por el Foro Romano para ver uno de
los Arcos de Triunfo romanos más importantes del mundo romano.
Construido por orden de Tito a su retorno de Judea, conmemorando su
triunfo sobre los judíos tiene esculpido el famoso grupo de humillados
esclavos judíos llevando sobre sus espaldas la Menoráh como botín
arrebatado al Templo destruido.
Con esto se demuestra que Tito no estaba dispuesto a que semejante
triunfo quedara solo en la categoría de mito como le atribuye Sand, se
jactó como si hubiera sido una gran victoria y así la legó a la
posteridad . Citamos a Peter Brown nuevamente, es un texto científico
“. . .Cuando consiguieron ir entrando por primera vez en Galilea
despuès de 132, como refugiados de la última y más terrible
devastación de Judea por los romanos, los primeros rabinos eran
personajes tan desarraigados, tan excéntricos y tan periféricos a la
población asentada . . . Pero ya en aquel momento habían elegido la
continuidad de Israel. . .”
La misma historia, pero más cruel aún se había repetido en el
levantamiento de Bar Kojba y Rabí Akiba.
Cuando los romanos derrotaron a los judíos destruyeron su ciudad
Jerusalém, pasaron un arado sobre lo que quedó y les prohibieron a los
judíos poner un pie en ella, cambiando su nombre por el de Elia
Capitolina, durante el reinado de Adriano.
La vieja provincia de Judea perdió su nombre que le fue sustituido por
el de Palestina, con mucha crueldad por los romanos porque recordaba a
los enemigos más odiados de los judíos, los Plisthim en hebreo,
filisteos en castellano. Ignoramos si los judíos conocían la historia
de Cartago, pero sus tradiciones estuvieron destinadas a impedir el
olvido de la venerada Jerusalem, así que cuando los judíos creyeron
que había llegado el tiempo del Mesías, se aprestaron todos a
retornar.
A lo largo de los milenios, quienes eran pobres se iban a morir para
ser enterrados allí y los que eran ricos se hacían enterrar en
Jerusalém, esperando la llegada del Mesías. Adonde retornarían los
judíos cuando lo hicieran sino a Jerusalem?
Tan seguro como que los bereberes que llegaron con la conquista
musulmana eran mayoritariamente judíos conversos, habrá sido que la
mayor parte de los judíos ashkenazim eran descendientes de los
jázaros. Probablemente gran parte de los judíos descienden de
conversos que se incorporaron a lo largo de los milenios. No se
entiende muy bien si ese sería el impedimento para vivir en Israel,
salvo que la condición requerida sea la demostración una total pureza
judía, una consideración de carácter racista.
Aún si Ben Gurión y Ben Zvi creían que los verdaderos descendientes de
los judíos eran los palestinos, este sería un hecho muy difícil de
probar, porque también los otomanos hacían traslados de poblaciones y
porque también por allí pasaron numerosos conquistadores, de hecho
sino no se verían tantos árabes de ojos grises o celestes y cabellos
rubios.
Creemos que el deseo de vivir en una sociedad justa y pacífica es
totalmente válido pero para ello no es necesario mitificar o manipular
la historia para encontrar una fórmula que justifique y de peso a ese
deseo, especialmente cuando quién lo hace es un historiador que
debería al menos, respetar la disciplina de la cual proviene..