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unread,Jul 7, 2009, 12:18:46 PM7/7/09Sign in to reply to author
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to Archivos06
Conviviendo en família
Por. Rav Elchanán Hertzman Z"l
Las personas que no se sienten cómodas con el trato y la proximidad
del otro porque a este no le gusta la familia de la que proviene el
otro o el otro no soporta la forma de actuar del uno, se parecen a un
alimento en el que se quieren mezclar ingredientes que no pueden
mezclarse y, por lo tanto, no se puede cocinar con ellos un plato
digno de ese nombre.
La sociedad se compara a un guiso; cada cual tiene que aportar a él
parte de su gusto y de su aroma. Y la Tora es el fuego que lo cocina y
lo convierte en un manjar apropiado y dulce para todo paladar judío.
Lo mismo sucede con la vida familiar. Las dos partes tienen que
mezclarse y fundirse y cada uno de ellos ha de aportar su sabor a la
vida conjunta y al objetivo que ambos persiguen de construir una
familia.
Desdichadamente, se dan muchos casos de padres que miman a sus hijos
inculcándoles una especie de idea de su propia superioridad frente a
los demás, con lo que éstos acaban por convencerse de que en verdad
son más guapos y más listos. Es un tipo de sentimiento muy fácil de
adquirir y de acostumbrarse a él, pero muy difícil de extirpar y
desarraigar. Cuanto mayor se hace el niño, más crece junto con él su
sentido de la superioridad; cuando llega el momento, es difícil
encontrarle esposa porque necesitaría una especie de creatura nueva
especialmente creada para él en los seis primeros días de la Creación,
que se parezca él y haya crecido en una casa igual que la suya con
padres parecidos a los suyos, con las mismas alabanzas edulcoloradas
desde la cuna hasta llegar al palio nupcial.
Cuando por fin encuentre una compañera, su vida con ella estará llena
de amarguras a no ser que ella posea un carácter muy especial, esté
dotada de virtudes excelsas y sepa comportarse con él con infinita
paciencia.
En todo conflicto y discusión, triunfa siempre aquél que es más fuerte
y más agresivo. Pero en la vida familiar, entre marido y mujer, las
cosas suceden de otra forma. Justamente el que hace como si no oyera
los insultos y cierra los ojos a los ataques y defectos de la otra
parte, es quien al final sale vencedor. El que se esfuerza por
mantener la paz y el respeto en el hogar, es el que merece alabanza y
aprecio. Con cada nuevo niño que llega al mundo, se acentúa el cariño
y la casa se convierte en un nido de tranquilidad y felicidad.
Las riñas sólo pueden prolongarse si las dos partes se involucran en
ellas y ambos siguen agregando argumentos. Pero si uno de los dos se
aguanta y guarda silencio sin tomar nota cuidadosa de los defectos del
otro y no pasa el tiempo trayendo a colación sus fracasos y las
palabras que dijo y no debería haber pronunciado, entonces las
discusiones no pueden seguir creciendo y se van calmando. En esos
momentos, responder es como echar gasolina al fuego y callar, como
echarle agua.
El cónyuge termina por apreciar su paciencia y su silencio, y empieza
a dirigirse a él con cortesía, al principio sin exteriorizarlo y
después también reflejándolo en su relación hacia él. Hasta que llega
el día en que le dice: "te felicito y quiero que sepas que aprecio tus
cualidades. ('D-s acepta los caminos del hombre' etc.). Yo no podría
tener tanta paciencia ni aguantar aunque fuera un rato en compañía de
un loco como yo". Esto, puede decirlo en broma, insinuarlo o
expresarlo por medio de un silencio más elocuente que las palabras.
Porque una persona tiene que ser muy grande para reconocer la verdad.
Aunque no lo queramos, vivimos en un mundo de falsedad y toda
manifestación de la verdad, sea cual fuere, es de por sí un anuncio de
paz. Tal como está escrito: "amen la verdad y la paz".
Cualquier persona tiene defectos y cuando se esfuerza por corregirse,
sirve de ejemplo a los demás para que hagan otro tanto. Esa es la
forma apropiada de enseñar a otro cómo comportarse y llevar a otros a
que se enmienden, y no por medio de críticas humillantes que pueden
estimular los malos rasgos de carácter y estropear en lugar de
arreglar.
Biografía del autor:
Nací en Janucá del año 1916 en el pueblo de Assina/ Nissana cerca de
Dubenka. En el pueblo no había más que diez familias judías. Las dos
ciudades más grandes de las cercanías eran Jelmo y Robashov, en la
provincia de Lublin. Debido a mi origen, en las yeshivot me llamaban
\"der Dubenker\".
Mis padres fueron Rab Shmuel y Tzipora (nacida Waikerman) Hertzman z
\"l. Mi padre era \"melamed\" y enseñó a muchos niños en la ciudad de
Tishevitz.
Estudié con \"melamedim\" en Nissena. Recuerdo sobre todo a Reb Moshe
Ehrlich que vivía en Dubenka. También estudié con Reb Libe Segal de la
ciudad de Sparish. Después proseguí mis estudios en las yeshivot
Novordok de Jelmo y Ichiutzmir y, más tarde, en la yeshivá de Karlin
en Lunentz, bajo la dirección de Rav Yosef Berkowitz. Asimismo,
estudié con el Rav Eljanan Wasserman en Baranowitz y con el Rav Boruj
Ber Lewovitz en Kamenitz. Tras un período en la yeshivá Jajmei Lublin,
me integré a la de Mir y con ella, me radiqué en Shangai durante la
Segunda guerra mundial . En esa ciudad pasé a formar parte del círculo
de allegados de mi querido maestro, Rav Yejezkel Levenstein z\"zl. Por
misericordia del Todopoderoso, sobreviví a la conflagración en Europa
y me instalé en Estados Unidos donde tuve el privilegio de enseñar a
generaciones de estudiantes.
Deseo presentar una ofrenda ante Hashem, bendito sea, para su
misericordia con mis martirizados padres z\"l así como con quienes se
han encargado de imprimir mis obras. Que el mérito del esfuerzo de
estos últimos por diseminar valores genuinamente judíos, acerque la
Redención Final.