La incoherente política exterior israelí
Israel nació antes que la mayoría de los estados árabes y europeos.
por Jose Brechner
Para aquellos que conocen poco del Estado Judío, y sus prejuicios se
basan en enseñanzas antisemitas inculcadas desde la infancia, o en las
propagadas por la progresía que lo acusa de fascista, es importante
que recuerden que Israel es un estado socialdemócrata. Israel es
producto de la corriente socialista predominante en Europa después de
la Segunda Guerra Mundial.
Fue con el gobierno de Menachen Begin (1977-1983) que por primera vez,
las derechas jugaron un papel protagónico en la dirección del diminuto
estado, que abarca la sexta parte del uno por ciento del Medio
Oriente. El restante 99 por ciento y fracción, está ocupado por los
árabes.
La izquierda israelí se hizo cargo de sus relaciones exteriores, casi
ininterrumpidamente, desde la refundación del país en 1948, y su
filosofía política, enraizada en su cancillería, se sigue basando en
conceptos humanistas socialistas. Su portavoz más visible fue, y sigue
siendo, Shimon Peres.
Digo refundación, porque Israel nació antes que la mayoría de los
estados árabes y europeos. Israel existe desde hace más de 3000 años.
Jerusalén fue creada por el Rey David en el año 1010 A.C. Todavía no
existían Londres, Paris, ni Moscú. Ningún árabe, ni ningún europeo,
tienen derecho a cuestionar el derecho legal y legítimo del pueblo
judío a su territorio y su capital milenaria. Menos aún ningún
musulmán, pues el Islam se originó muy lejos del lugar, en los
alrededores de La Meca, en el año 610 D.C.
Donde se mete un pico y una pala en Tierra Santa, se encuentran
pruebas irrefutables de su pasado histórico judío. Pero nunca se halló
el más mínimo resabio de presencia islámica. Los musulmanes llegaron a
Jerusalén con la invasión otomana (1517-1917 D.C.).
Los palestinos aparecieron recién en 1967 --hace apenas 41 años-- y
son los que menos derecho tienen sobre ese territorio. Es la errónea
política humanista de los socialistas, que permitieron la usurpación
del lugar por las hordas terroristas musulmanas de Al Fatah,
encabezadas por Yasser Arafat --a quien Isaac Rabin legitimó
estrechándole la mano-- que hace que los palestinos hoy pretendan
brotar como nación.
Ese desvariado precedente está haciendo que el actual gobierno israelí
reconozca indirectamente a Hamás aceptándole un cese al fuego, ya
violado desde Gaza. Además le está enviando alimentos, insumos, y
millones de dólares que finalizan en la compra de armas.
Los grandes culpables de que muchos tengan una visión negativa de
Israel, son los laboristas israelíes que aceptaron que los abusadores
palestinos tengan un estado propio, comparando su situación de
“refugiados” con la diáspora judía.
Entre los grandes humanistas de la historia siempre hubo judíos. El
teólogo católico Paul Johnson dice que gracias a los judíos el mundo
comprende lo que es el sufrimiento, porque el judío es el único pueblo
culto que ha sido discriminado en la historia.
Hoy, esa discriminación al revés ya no es sólo contra los judíos, sino
también contra los cristianos, y es practicada por los musulmanes en
todos los países árabes y en Europa. Quienes los defienden
justificando sus criminales abominaciones --igual que en Israel-- son
las izquierdas.
Hasta algunos liberales israelíes, adoptaron el lenguaje y la
autodestructiva política izquierdista. La Ministra de Relaciones
Exteriores, Tzipi Livni, y su jefe, Ehud Olmert, están convencidos de
que dándoles a los palestinos todo lo que pidan, estos calmaran su
arrebato.
No comprenden que cada vez que aceptan alguno de sus reclamos,
legitiman algo que no tiene asidero histórico, ni justificativo
político. Para los islamistas palestinos, la aceptación de sus
demandas es considerada una victoria temporal previa a la destrucción
total de Israel, y los alienta a exigir algo mayor. La guerra de los
palestinos es la misma guerra religiosa que pregona el resto del Islam
radical contra occidente, con la diferencia de que la disfrazan de
“movimiento de liberación nacional”.
www.josebrechner.com