El delirio del Anhelo de Sión

2 views
Skip to first unread message

red.Bibliotecaria

unread,
Apr 13, 2008, 2:38:33 PM4/13/08
to Archivos01
REPORTAJE
El delirio del Anhelo de Sión

DAVID ALANDETE 13/04/2008


La policía ha roto una burbuja en Eldorado (Tejas). Una secta de
origen mormón cuyos miembros creen que, fuera del rancho Anhelo de
Sión, reina el pecado. Menores forzadas a ser 'esposas' de polígamos.
Abusos sexuales. Y un profeta en la cárcel

En el rancho no había pecado. Era el paraíso del que las mujeres y los
niños no salían jamás, una burbuja de fe en la que se cumplían los
designios de Dios a través de las enseñanzas del profeta. Así vivieron
durante cuatro años los 416 niños criados por la Iglesia
Fundamentalista de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, a
seis kilómetros de un pequeño y polvoriento pueblo de Tejas de 2.000
habitantes. Creían vivir lejos de Satán, de sus tentaciones y
equívocos. Hasta que lo que para ellos es el diablo, el amenazante
mundo exterior, llegó en la forma de una orden de registro y en
compañía de un grupo de agentes de policía enviados por la Agencia de
Protección de Menores.

* El camino al cielo pasa por la poligamia

Templo de la secta polígama de origen mormón- AP

Miembros de la Iglesia Fundamentalista de Jesucristo de los Santos de
los Últimos Días- AP
La noticia en otros webs

* webs en español
* en otros idiomas

En el paraíso de Sión no había televisión, radio o periódicos. Las
únicas noticias llegaban directamente del cielo

El profeta de la secta, Warren Jeffs, deberá atenerse ahora no a las
leyes de Dios, sino a las del Estado de Nevada

La sombra de la matanza de Waco en 1993 planeó en Eldorado cuando la
policía quiso entrar en el templo

Una chica de 16 años denunció por teléfono que su marido, de 50, la
golpeaba y violaba. Ya esperaba el segundo hijo

Esta semana, en las largas tardes de sol abrasador de las praderas de
Eldorado, en el oeste de Tejas, no se hablaba de otra cosa que de lo
que ha estado sucediendo en el rancho Anhelo de Sión en los últimos
cuatro años. La carretera Rudd, el único camino que lleva hasta su
valla, permanece cortada por la policía estatal. Pero a los habitantes
de Eldorado les da igual. Saben muy bien qué hay dentro y han
sospechado durante mucho tiempo de la extraña conducta de sus
habitantes.

"Desde que llegaron aquí en 2004, yo sólo he visto a dos hombres en
una gasolinera. No me dirigieron la palabra. No hablan con nadie.
Venían al pueblo, compraban lo que tenían que comprar y se marchaban",
cuenta Charles Conn, camionero retirado de 65 años, mientras se fuma
un puro en el porche de madera de la única tienda de herramientas de
Eldorado. "Nunca jamás vi a una sola de sus mujeres. Les tenían
prohibido salir". Lo único que los ciudadanos de Eldorado tienen claro
es que, al principio, los líderes de la secta les engañaron, según
explica Ford Oglesby, de 83 años, granjero de profeSión y que se acaba
de unir a la conversación.

En marzo de 2004, un miembro de la secta identificado como David
Allred dijo al sheriff del condado de Schleicher, al que pertenece
Eldorado, que los ocho kilómetros cuadrados que su Iglesia acababa de
comprar iban a ser "un coto de caza". "En ese momento les creímos. Y
luego, de repente, comenzaron a construir los edificios. El mismo
hombre que había dicho que sería un rancho de caza dijo luego que en
realidad iba a ser una residencia para miembros de su secta".

Los seguidores del profeta Warren Jeffs comenzaron a llegar poco
después desde otras comunidades polígamas, como las ciudades de
Hildale y Colorado City, en la frontera de los Estados de Utah y
Arizona. "Eran gente amistosa. O al menos los hombres, porque eran los
únicos que venían a comprar algo", explica el dueño de la tienda de
herramientas, Kerry Joy, de 55 años. Cada semana, dos varones entraban
por la puerta, cogían lo que necesitaban y pagaban en efectivo. Sin
preguntas. Sin conversaciones intrascendentes. "Gente muy correcta. No
podemos decir que aquí hayan intentado abusar de nadie".

Los abusos los dejaban para las niñas a las que tenían encerradas en
el rancho. Los hombres más mayores, los sabios de la secta, asustaban
a las pequeñas con oscuras historias de odio y resentimiento. Afuera,
más allá de las colinas, sólo estaba Satán, decían. Las niñas podían
identificar al diablo por su piel roja, el color de la sangre
derramada por Jesucristo, el tono que nunca se debe llevar sobre la
piel, según las enseñanzas del profeta Warren Jeffs.

En sus cuatro años en Anhelo de Sión, los más pequeños pasaban el día
con sus decenas de hermanos y con sus madres, vestidos como Dios se lo
había pedido. Ellos, con ropas oscuras. Ellas, cubiertas totalmente
por tejidos sencillos, de colores claros, dejando a la vista sólo la
cabeza y las manos. Dios dijo al profeta que las mujeres debían lucir
el pelo largo, y ellas cumplían con su deseo, recogiéndoselo en un
moño.

En el paraíso de Sión no existían televisores, radios o periódicos.
Las únicas noticias eran las que llegaban del cielo, a través de las
enseñanzas de los hombres sabios, los sacerdotes. Cada día se
escuchaban las grabaciones del profeta Jeffs, que repetía hasta el
hastío que procrear era bueno. Y cuanto antes se hiciera, mejor. Era
el deber moral de toda mujer entregarse a su marido al entrar en edad
fértil. A los 15 años, una mujer estaba en la flor de su vida. Debía
comenzar a tener hijos. Enlazar un embarazo con otro. Renacer en sus
hijos. Los hombres debían tomar muchas mujeres, "porque no se irá al
cielo si no se tiene más de una esposa".

Los habitantes del rancho disponían de todo lo necesario. Los vecinos
de Eldorado cuentan cómo a lo largo de los años se construyeron
edificios donde dormir. Una fábrica de quesos y yogures. Telares. Una
clínica. Una escuela. Y el templo. Un gran templo blanco con cuatro
torreones, de 40 metros de altura. La puerta al paraíso, llamado Sión;
la garantía de que los fieles se convertirán en dioses al morir, la
promesa del cielo en medio de las amarillentas colinas del oeste de
Tejas. Los días pasaban entre tardes de asfixiante calor y noches de
suaves brisas.

En las calles del pueblo se dice que Jeffs estuvo en el rancho el 1 de
enero de 2005, cuando se comenzó a construir el gran templo blanco.
Ese día, como hace regularmente cada semana, J. D. Doyle, de 48 años,
sacó su avioneta Piper Cherokee 180 de su hangar y encendió el motor.
Contactó con la torre de control, despegó y puso rumbo al rancho de la
secta. Con él volaba el escritor Jon Krakauer, autor de un extenso
análisis sobre el mormonismo y sus otras sectas. Ambos sobrevolaron el
terreno en repetidas ocaSiónes y avistaron a un grupo de hombres
reunidos en una explanada. "Nos acercamos y vimos que el grupo
ocultaba a alguien en el centro. Jon me dijo que era Warren Jeffs, que
allí se iba a construir un templo y que lo estaba consagrando",
explica Doyle. "Aquí, en el condado de Schleicher, Warren Jeffs está
construyendo los cuarteles generales de su secta", advirtió entonces
Krakauer a los vecinos de Eldorado.

El diario local Eldorado Success entrevistó a Krakauer y comenzó a
investigar. La familia Mankin edita esta gaceta que se publica cada
jueves. Sus historias han sido la principal fuente de información
sobre el tema para los habitantes de Eldorado en los últimos cuatro
años. "Sabemos que el templo, sólo el templo, está tasado en ocho
millones de dólares", explica Cathy Mankin, de 56 años. "Jeffs traía
aquí a sus elegidos, a los más puros. Esta secta es la dictadura de un
hombre. Jeffs hace y deshace a su antojo, es la voz de Dios. Y Dios
sólo pide una cosa: obediencia ciega a su ley".

A pesar de sus anhelos, Jeffs no ha podido disfrutar de este ambicioso
proyecto de perfección fundamentalista. El profeta, de 52 años, pasa
sus días en la cárcel de Kingman, en Arizona, a la espera de su
segundo juicio. En septiembre de 2007 ya fue declarado culpable de dos
cargos de abuso de menores, por forzar a la niña de 14 años Elissa
Wall a casarse espiritualmente con su primo hermano, Allen Steed, de
19 años, y obligarla a mantener relaciones sexuales. El juez James
Shumate sentenció a Jeffs a dos condenas consecutivas de entre cinco
años de cárcel y cadena perpetua. Como mínimo, el profeta pasará al
menos otros nueve años en las sombras de su particular calvario.

En julio de 2005, el Estado de Arizona había emitido otra orden de
busca y captura en su contra por haber organizado el matrimonio entre
tres niñas y tres hombres mayores de edad. En abril de 2006 llegó la
orden de arresto de Utah, gracias a la denuncia de Elissa Wall. Un mes
después, el FBI le colocó en la lista de los 10 criminales más
buscados, en lo más alto del elenco internacional de terroristas y
narcotraficantes.

A finales de agosto de 2006, el dios de Warren Jeffs le traicionó:
quiso que unos agentes de tráfico de Nevada le pararan en una
carretera cercana a Las Vegas. El profeta, lejos de su congregación,
viajaba en un Cadillac rojo, el color de sus demonios. Cuando los
agentes abrieron su coche descubrieron 54.000 dólares en billetes, 16
teléfonos móviles, cuatro radiotransmisores, otros tantos ordenadores
portátiles y tres pelucas. El profeta debía atenerse ahora no a las
leyes de su dios, sino a las del Estado de Nevada, que le extraditó a
Utah.

Pasó un año de priSión preventiva en una cárcel de Utah curiosamente
llamada El Purgatorio. Allí Jeffs intentó suicidarse, ahorcándose, el
28 de enero de 2007. Renunció a comer o beber durante días. Permanecía
de rodillas durante la mayor parte del día, rezando en voz baja. Hasta
el punto de que tuvo que ser trasladado a la enfermería del centro en
diversas ocaSiónes con úlceras sangrantes en las rodillas. El 25 de
enero, Jeffs había recibido la visita de su hermano Nephi, al que le
había dicho: "No soy el profeta. Nunca lo he sido. Me han engañado los
poderes de Satán. Os pido perdón".

John Llewellyn cree que este drama carcelario de Jeffs no es más que
una patraña. "Es teatro. A pesar de estar en la cárcel, tenemos todos
los indicios de que Jeffs sigue siendo el profeta de la secta. Será el
profeta hasta el día de su muerte". Llewellyn sabe mucho sobre
polígamos porque él mismo lo fue hace tiempo, cuando era ayudante del
sheriff del condado de Salt Lake, en Utah. Miembro de la secta
Apostolado Unitario de Bethren durante unos años, acabó desencantado
de su liderazgo y prefirió dejar su relación con Dios "como algo sin
intermediarios, sin profetas o sacerdotes". Sobre Eldorado tiene una
idea clara: "Este rancho era el gran proyecto de Jeffs, su gran
retiro, la comunidad más pura de la Iglesia Fundamentalista. Puede que
muchas de esas niñas sean sus propias hijas".

En la lista difundida por el juzgado del condado de Schleicher hay al
menos cinco mujeres adultas y 14 menores con el apellido Jeffs. Muchos
de los niños aseguraron a los agentes de Protección de Menores que no
sabían quién era su padre. Algunos no sabían ni cuál era su propio
apellido. Según el testimonio de uno de los agentes que entraron en el
rancho gracias a la orden de registro firmada por la juez Barbara
Walthers, estaban aterrados. Protección de Menores habló con algunos
de ellos, inspeccionó algunas viviendas y decidió que los niños debían
ser llevados a un lugar seguro.

Según el acta notarial presentada por esta agencia ante el juzgado del
distrito 51 de Tejas el pasado 7 de abril, "hay suficientes indicios
para llegar a la concluSión de que los niños han sido víctimas de
abusos sexuales en una o más ocaSiónes". Los agentes del Gobierno
dijeron sin rodeos que Anhelo de Sión era un lugar en el que "las
menores residentes eran forzadas a prever y aceptar actos sexuales con
hombres adultos tras haber sido casadas de forma espiritual con
ellos". Ése fue el calvario que vivió en sus carnes Sarah Jessop, la
adolescente que tuvo la valentía de marcar el número de un centro de
acogida de mujeres maltratadas el día 29 de marzo.

El centro New Bridge, de la cercana localidad de San Angelo, recibió
diversas llamadas en las que una voz susurrante se identificaba como
una residente del rancho Anhelo de Sión de 16 años, obligada a casarse
con un hombre de unos 50 al que identificó con nombre, apellido y
fecha de nacimiento. Este hombre tenía otras seis mujeres, tres de
ellas en el rancho. "Tuve una hija el año pasado. Tiene ocho meses".
Dependía de su marido para todo, era su sombra y su juguete. Cuando el
esposo se enfadaba, la "golpeaba y hería". Le daba puñetazos en el
pecho. En una ocaSión le rompió "varias costillas". La violaba sin
cesar y, de nuevo, estaba embarazada, camino de su segundo hijo antes
de los 17.

Volvió a llamar la noche del domingo 30, y comentó que estaba
utilizando el teléfono móvil de otra persona. El profeta y sus
compañeras le habían advertido de que más allá de Anhelo de Sión sólo
había destrucción, "extraños que me cortarán el pelo, que me obligarán
a tener sexo con muchos hombres", dijo. De repente, algo cambió. O se
arrepintió de lo que estaba haciendo o alguien la descubrió. El caso
es que su tono cambió radicalmente. "Soy feliz, estoy bien, no quiero
meterme en problemas", dijo. Colgó entre lágrimas.

Protección de Menores recibió un informe sobre las primeras llamadas
el mismo día 29 de marzo a las 23.30. Llevó una petición de registro
ante la juez Barbara Walther, a cargo del juzgado del condado de
Schleicher. Walther es una mujer pequeña, con una pronunciada cojera
en el pie derecho y un sentido del humor socarrón. "Soy una juez de
campo y quiero saber quién es mi vecino", dijo en la primera vista
oral celebrada el pasado miércoles. En la tarde del 3 de abril había
decidido ya emitir dos órdenes: una de registro del rancho y otra de
detención de Dale Barlow, el supuesto abusador de Sarah Jessop. Estas
órdenes acabarían dando paso a una investigación criminal.

Al final resultó que Barlow se encontraba en Arizona. Jessop, en una
de sus llamadas telefónicas, ya había revelado que su marido estaba
"en el mundo exterior" y que no sabía cuándo regresaría. Tenía otros
asuntos pendientes con la justicia. "Las autoridades de Tejas han
contactado con él y le han dicho que una joven le acusa de violarla.
Él ha dicho que no la conoce de nada", dijo Bill Loader, un agente de
superviSión de la libertad condicional de Arizona. El año pasado,
Barlow fue condenado a 45 días de cárcel y tres meses de libertad
condicional en este Estado por abusar de una menor.

Cuando el registro del rancho acabó en la noche del miércoles, los
agentes no habían encontrado a Sarah Jessop. Y a pesar de que fue su
llamada la que tiró del hilo de los abusos y el incesto, los agentes
de Protección de Menores no dieron ni un paso atrás. Decidieron que
había suficientes indicios para demostrar que en el rancho había
habido abusos repetidos a menores de edad. "Hemos entrevistado a todos
los niños, y por las informaciones que tenemos podemos confirmar que
hay otras víctimas que sufrieron abusos", dijo el martes la portavoz
de la agencia, Marleigh Meisner. Decidieron sacarlos del rancho
urgentemente.

Los 416 niños rescatados de estos ritos macabros no conocían otra cosa
más que su rancho. Para ellos, ése era el ciclo de la vida. Crecer y
procrear. Lo demás era pecado y miseria. Con lágrimas en los ojos,
muchos vieron llegar a los policías el jueves, miraron cómo
registraban sus viviendas y no daban crédito cuando se llevaban a los
primeros 18 hermanos en un autobús escolar. Rota la burbuja en la que
habían vivido desde su nacimiento, todo era nuevo, amenazante.

Desconcertados, descubrieron lo que el profeta les había dicho que era
el mundo de Satán ante sus ojos. Los primeros 18 menores llegaron a la
primera iglesia baptista de Eldorado, y allí es donde Helen Pfluger se
encontró con ellos. Esta mujer, de 59 años, de familia de granjeros,
es voluntaria en su parroquia. El viernes 4 de abril acababa de
organizar el banquete del funeral en honor de su vecina Doris Doty,
fallecida el mismo día en que Sarah Jessop hizo su primera llamada de
auxilio.

Había oído hablar de estas personas durante años. Siempre se había
preguntado cómo serían los niños de la secta. Ahora los tenía
enfrente. "Eran... callados. Callados y obedientes", explica esta
mujer dulce y enérgica, de poca estatura. "Me impactó ese aire que
tenían las niñas, como sacadas de hace dos siglos, vestidas como
personajes de La casa de la pradera. Yo quería abrazarlas, decirles
que todo iba a salir bien. Pero había una barrera inmensa entre
nosotros".

Entre el viernes y el domingo llegarían más niños y mujeres, hasta 70.
Nadie superaba los 19 años. Tres menores de edad estaban embarazadas.
Helen, excelente cocinera, les preparó desayunos, comidas y cenas con
la ayuda de otros voluntarios. "Les encanta el yogur. Comieron huevos,
cereales y frutas", explica. Había una larga lista de alimentos que
los miembros de la secta tenían prohibidos. Ni carne curada, ni pan
blanco, ni café o té, ni refrescos, ni chocolate.

Ante un grupo de mujeres que casi nunca había salido del rancho, que
pocas veces había visto a un hombre que no fuera de su propia gran
familia, Charles Pfluger, de 64 años y marido de Helen, decidió
mantenerse al margen. Este duro granjero de Tejas, curtido en miles de
tardes bajo el sol de las planicies de Eldorado, fumador empedernido,
se emociona al recordar a aquellas mujeres. Las lágrimas le asoman a
sus ojos claros cuando rememora la mirada penetrante de un niño de
siete años. Hace tiempo, él perdió a un hijo, y no entiende cómo un
padre puede tratar así a su propia descendencia.

Sabe que hubo rumores durante mucho tiempo. Pero entiende que el
sheriff no podía hacer nada hasta que tuviera indicios suficientes
para poder comenzar una investigación criminal. "La gente viene a
Tejas y piensa que somos aquel Estado que se toma la justicia por su
mano. El Estado en el que todos tenemos armas y hacemos lo que nos
viene en gana", explica Charles. "Pero no. Aquí respetamos las leyes.
Durante mucho tiempo hemos sospechado, pero allí dentro no se podía
entrar sin una orden judicial. Hasta que se obtuviera, no había nada
que nosotros pudiéramos hacer allá dentro".

Mientras los niños y las mujeres iban saliendo del rancho, en
autobuses escolares y de línea, los hombres se quedaban dentro. Los
agentes comenzaron a interrogarles mientras registraban todas y cada
una de las instalaciones, a la búsqueda de Sarah Jessops y de material
escrito e informático que sirviera como prueba para confirmar los
abusos. Hasta que llegó la hora de entrar en el templo. Fue entonces
cuando los hombres rodearon esta instalación, con los brazos cruzados,
impidiendo el paso a la policía. A las siete de la tarde del sábado,
los ciudadanos de Eldorado comenzaron a ver llegar las ambulancias.
"En ese momento, todos pensamos en Waco y nos temimos lo peor",
explica el camionero retirado Charles Conn.

A 379 kilómetros de Eldorado, en febrero de 1993, el FBI cercó el
rancho de la secta de los davidianos. Intentó entrar al recinto por la
fuerza, causando la muerte a cinco de los miembros del grupo y
perdiendo a cuatro agentes. El asedio duró 51 días, y acabó con los
agentes lanzando bombas de gas al interior de las habitaciones y los
fanáticos incendiando el rancho desde dentro. Ochenta personas
fallecieron carbonizadas.

En Eldorado, los agentes intentaban convencer a los varones, tratando
de hacer una entrada pacífica en el templo. Desde lejos, Chuck Jones,
de 46 años, contemplaba la escena con intranquilidad. Este ciudadano
de Eldorado es miembro voluntario del cuerpo de bomberos. "Durante una
hora, los hombres se cruzaron de brazos, y gritaban que el templo era
un lugar sagrado, decían que había una parte del recinto a la que sólo
podían acceder los hombres más venerables. Pero al final dejaron pasar
a los agentes, entraron en razón". En ese momento, los miembros de los
equipos de emergencia respiraron tranquilos, viendo disiparse la
posibilidad de un enfrentamiento violento.

El suspiro duró poco. Los que entraron en el imponente edificio blanco
de la secta de Sión descubrieron en su interior una cama deshecha, con
las sábanas revueltas y cabellos de mujer enredados entre sus hilos,
según la investigación de la policía estatal. Un confidente anónimo
reveló a los agentes que los ancianos de la secta casaban a las niñas
en el templo y luego las forzaban a entregar su virginidad al marido
inmediatamente, sin esperar un segundo.

Desde el lunes pasado, los niños han estado conviviendo con unas 130
mujeres adultas de la secta en el museo histórico de Fuerte Concho, en
la localidad de San Angelo, a 70 kilómetros de Eldorado. Han
permanecido prácticamente encerrados en las casetas que se crearon en
1867 para que el ejército de Estados Unidos protegiera la frontera del
país, poco después de la guerra civil. Para ellos, el ciclo de la vida
está roto. Ahora ya no todo es crecer y procrear. Los agentes les
preguntan. Les hacen ver que cosas que hasta ayer estaban bien hoy se
consideran un crimen. Hablan de pistas, abusos y juicios. Les crean
dudas y remordimientos.

El martes, un grupo de nueve niños salió por fin a dar un paseo por el
patio del fuerte. Distraídamente, se acercaron a la reja que les
separaba de la vorágine de cámaras y periodistas llegados de todos los
rincones del mundo. "¿Se os trata bien? ¿Sois felices?", les gritó uno
de los reporteros. Uno de ellos, de cabello rubio y vestido con camisa
oscura, se giró y sacudió la cabeza. "No", susurró, antes de que un
agente de policía se lo llevara de nuevo a los barracones.
El camino al cielo pasa por la poligamia

LA IGLESIA FUNDAMENTALISTA de Jesucristo de los Santos de los Últimos
Días es una escisión de la Iglesia mormona. En 1890, este culto
renunció oficialmente a la poligamia. Ocho años antes, el Congreso de
EE UU había aprobado una ley por la que se autorizaba la incautación
de bienes pertenecientes a familias mormonas y que además permitía el
encarcelamiento de los seguidores de esta religión "por cohabitación
ilícita". A punto de perder todas sus posesiones, los líderes de esta
Iglesia decidieron renunciar a los matrimonios con más de una mujer y,
en recompensa, recibieron libertad total para ocupar el Estado de
Utah, creado casi exclusivamente para que los seguidores de esta fe se
acomodaran allí.Sin embargo, un grupo de radicales siguió practicando
la poligamia en el área de Short Creek, en la frontera de Utah con
Arizona. Uno de los líderes de esta comunidad, John Barlow, con cuatro
esposas en su haber, dijo haber recibido un mensaje de Dios y decidió
proclamar que, para mantener la esencia de la fe mormona, había que
preservar la santidad del matrimonio múltiple. A Barlow se le unieron
otros fundamentalistas que consideraban que el camino al cielo pasaba
por la poligamia y que el mormonismo debía someterse a una
refundación. Así nació la reforma fundamentalista de esta fe, que dio
paso a una serie de grupos polígamos que hoy se reparten
principalmente entre los Estados de Utah, Arizona, Tejas, Nevada,
Wyoming, Montana y Dakota del Sur. La Iglesia mormona no los reconoce
como legítimos.Barlow creó la saga de los fundamentalistas, pasándole
la antorcha a Joseph White Musser. Como el actual líder de la secta,
Musser ya se enfrentó en 1953 a un registro masivo por parte de la
policía. Los agentes del Estado de Arizona entraron en Short Creek el
26 de julio de 1953 armados hasta los dientes. Detuvieron a 39 hombres
y 86 mujeres, y tomaron la tutela temporal de 263 niños. "Se ha
limpiado el nido de polígamos", decía uno de los periódicos de Utah al
día siguiente.El problema, sin embargo, acababa de empezar. Un
conflicto que recuerdan algunos ciudadanos de Tejas estos días.
Entonces, el Estado de Arizona retuvo la custodia de 150 niños durante
dos años, para luego devolver a la mayoría a la tutela de sus padres.
Durante aquellos 48 meses, los menores pasaron un infierno de juicios,
papeleos y visitas cronometradas con sus progenitores. -


Si te ha interesado esta información, te recomendamos:

* Pais: Estados Unidos
* Fotografía: Templo de la secta polígama de origen mormón
* Fotografía: Miembros de la Iglesia Fundamentalista de Jesucristo
de los Santos de los Últimos Días
Reply all
Reply to author
Forward
0 new messages