La Revolución Rusa y la cuestión judía

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Jul 20, 2008, 1:17:37 PM7/20/08
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La Revolución Rusa y la cuestión judía
Najman Falbel (*)


Muchos fueron los eventos realizados en Brasil, y en otros países,
para recordar los 80 años de la Revolución Rusa de 1917, que
constituyó uno de los capítulos más significativos de la historia del
siglo XX por su dimensión universal y por sus consecuencias en el
esfuerzo de configurar una nueva sociedad humana. También, en relación
a los millones de judíos que habitaban el imperio zarista, el
movimiento que derribó al viejo régimen en aquella gran extensión de
Europa Oriental, por el ascenso de Octubre, representó un punto de
viraje en su modo de vivir tradicional.

Los judíos tuvieron un papel importante en la formación del movimiento
revolucionario ruso, lo que se explica por la propia miseria social en
que se encontraban en la Zona de Residencia (Pale), a la que habían
sido confinados desde las primeras décadas del siglo anterior. Por
otra parte, la intelligentsia judía, la misma que formaría el Bund en
1897, era sensible a la cuestión social, comprometiéndose desde el
inicio con el populismo de los narodnik que anticipa la formación del
Partido Social Demócrata Ruso, fundado en 1898 bajo influencia
marxista. Elementos del Bund estuvieron presentes en el comité central
del partido y muchos judíos veían en el socialismo y en la revolución
social una solución para sus amarguras.

Sin embargo, el reconocimiento de las necesidades específicas del
proletariado judío y de su identidad propia, bien como una situación
social particular y diferenciada en relación a los demás, llevó cierto
tiempo. Hombres como Aaron Schmuel Liberman, fundador de la Asociación
de los Obreros Hebreos, en 1876, en Londres, intuirían desde el inicio
que el socialismo, como solución a la cuestión judía y de la sociedad
como un todo, debería considerar esa especificidad. Lo que parecía una
intuición inicial en Liberman, se tornó en el programa de la
Asociación General de los Trabajadores Judíos de Lituania, Polonia y
Rusia, el Bund. Pero el difícil camino que éste tenía que atravesar
estaba asociado, en ese sentido, a dos cuestiones que aparentemente
eran irreconciliables bajo un aspecto ideológico: el internacionalismo
divulgado por la doctrina marxista y, por otro lado, la cuestión
nacional presente en buena parte del extenso continente europeo.

En su Cuarta Conferencia de abril de 1901, en Bialistok, el Bund
llegaría a tomar una resolución de respeto de la cuestión nacional,
que de hecho no agradó a todos debido a su poca claridad, al mismo
tiempo que entraba en un debate con la Iskra que representaba al ala
izquierda de la socialdemocracia rusa. La cuestión se encontraba en el
orden del día del movimiento socialdemócrata y se reveló como uno de
los elementos de discordia con el Bund, en el Segundo Congreso de la
Social Democracia Rusa, en julio-agosto de 1903, en Bruselas y
Londres, donde el Bund se retiró de la socialdemocracia rusa. Vladimir
Medem, en ese tiempo uno de los líderes más brillantes del Bund,
dedicado a la cuestión nacional expondrá, en un artículo que se
publicó en el Viestnik Bundha (portavoz del Bund), en 1904, bajo el
título "La socialdemocracia y la cuestión nacional", una concepción
del partido sobre el asunto, asociándola a la cuestión del
"neutralismo", que prevaleció en la conferencia de 1901, con apoyo
mayoritario. El "neutralismo" para Medem se resumía en aceptar el
desenvolvimiento de la historia. "En la medida en que ella lleva a los
judíos obligatoriamente a ser asimilados entre los demás pueblos,
nosotros por nuestra iniciativa no deberemos dirigir nuestras fuerzas
a detener ese proceso ni a obstaculizarlo. Nosotros no nos
entrometemos en eso; somos neutrales. La verdad es que estamos contra
los asimilacionistas que aspiran a esa asimilación, pero no por eso
nos alejamos de ellos, no porque tememos la asimilación, sino porque
ella no puede ser colocada como un objetivo, sino apenas como un
resultado de un desenvolvimiento social. No estamos contra la
asimilación, sino contra la aspiración a la asimilación, contra la
asimilación como un objetivo" (1).

Esa posición no representaba enteramente a todas las alas del Bund,
como podemos ver en el artículo de uno de sus teóricos, Vladimir
Kosovski, publicado en esa misma obra (2), y de cierta forma era algo
paradójico en un partido y, en Medem, que adoptaban una clara
aceptación de la doctrina de la autonomía nacional-cultural,
valorizando el idish en su literatura, las instituciones comunitarias
judías y su representatividad frente al Estado, etc. En un artículo
titulado "Movimiento nacional y partidos socialistas nacionales en
Rusia", escrito por Medem en 1908 (3), se hace un resumen histórico
del pasaje de la intelligentsia judeo-rusa, militante de las ideas
socialistas, hacia la conciencia de la necesidad de organizar y
dirigirse a las masas obreras judías, comenzando por la utilización de
la lengua idish, que iba a sustituir una literatura socialista en
hebreo de los años ‘70 (del siglo anterior), y que comenzaría con un
folleto de Martov (Zederboim), Der vendepunkt in der geschichte fun
der idicher arbeter bavegung (El momento del cambio en la historia del
movimiento obrero judío), escrito en 1895 (4). Medem describe los
pasos para la "nacionalización" o la orientación de sus ideas,
dirigidas específicamente al obrero judío, como misión del Bund,
objetivo que ya había encontrado ciertos precedentes en el pensamiento
de los socialistas que lo antecedieron. Ya en el Congreso del Bund de
1900 figuraba la cuestión nacional y que "el problema así como era
planteado por la socialdemocracia judía era muy limitado, debiéndose
ampliarlo a la exigencia de igualdad de derechos nacionales". El
cuenta que esa resolución no fue aceptada, pues la conferencia temía
que esta exigencia desviara la atención del proletariado judío de sus
finalidades políticas más importantes. En la Quinta Conferencia, de
junio de 1905 en Zurich, el Bund ya muestra una concepción
cristalizada sobre la cuestión nacional.

El drama del Bund y de los socialistas judíos comienza efectivamente
en el momento en que procuran el reconocimiento total de la existencia
de una cuestión nacional judía, asentada sobre el principio de
nacionalidad, que los lleva a exigir una representatividad política
autónoma dentro del partido socialdemócrata ruso. El conflicto con el
partido ruso que seguía a esa aspiración del Bund, provocaría el
alejamiento del Bund de sus filas durante algunos años, más allá del
agresivo artículo de Lenin en el periódico Iskra, de octubre de 1903,
bajo el título "La posición del Bund en el partido" (5). En ese
escrito Lenin atacará el nacionalismo judío del Bund como reaccionario
y dirá que "la idea de que los judíos forman una nacionalidad es
lamentablemente una idea sionista, cuyo fundamento es erróneo y
reaccionario". A continuación, Lenin trae a su favor, como testimonio,
nada más ni nada menos que a Karl Kautsky, "uno de los teóricos
marxistas de más categoría", que al estudiar la cuestión nacional en
el Imperio Austro-Húngaro afirma que el concepto de nacionalidad se
funda en dos elementos, a saber, lengua y territorio. Al igual que
Kautsky, Lenin repetirá que "los judíos dejaron de ser una
nacionalidad una vez que no era posible imaginar la existencia de una
nacionalidad sin territorio". Otra fuente citada por Lenin, en el
mismo artículo, es la polémica entre un judío radical, Alfred Naguet,
y el sionista convicto Bernard Lazare.

Naguet usa el argumento que "los judíos en el pasado remoto eran sin
duda un pueblo, sin embargo hoy no lo son, pues el concepto de
nacionalidad exige un territorio sobre el cual ella podrá
desenvolverse (...) y también una lengua común. Los judíos alemanes y
franceses nada tienen en común con los judíos rusos y polacos
(...)" (6). Lenin dirá irónicamente: "Tal vez reste a los bundistas la
posibilidad de fundamentar la existencia de una nacionalidad de los
judíos rusos sobre la hipótesis de que su lengua es una
‘jerga’ (idish) y su territorio la Zona de Residencia (Pale)". Su
argumentación acentúa que la idea nacional entre los judíos es
reaccionaria, no solamente cuando es adoptada por los sionistas, sino
también por los socialdemócratas (léase bundistas), porque ella
contradice los intereses del proletariado judío, desde el momento que,
directa o indirectamente, postula una actitud contra la asimilación, y
obliga a los judíos a mantenerse en el gueto. Apoyándose nuevamente en
Kautsky, repetirá que la única solución posible a la cuestión judía es
su asimilación, "y todo lo que ayude a impedir el encierro de los
judíos, merece todo el apoyo".

Lenin también atacará al Bund por su exigencia de una organización
federativa del Partido Socialdemócrata Ruso y volverá sobre el
argumento de la asimilación en el artículo publicado en Za Pravdo, en
diciembre de 1913, con el título "Sobre la autonomía cultural-
nacional", en el cual dirá: "En Europa, los judíos conseguirán la
igualdad de derechos asimilándose a un ritmo creciente en el seno de
las naciones en que viven".

La cuestión nacional estaba a la orden del día de las preocupaciones
teóricas del partido durante el año 1913, pues aún el 23 de mayo de
ese año, Lenin había publicado en Pravda el artículo "La clase obrera
y la cuestión nacional" y, algunos meses después, en octubre, en el
Prozveschnie, otro artículo titulado "Notas críticas sobre la cuestión
nacional" (7). Es de comprender que los aspectos teóricos de la
cuestión nacional no se limitaban al entendimiento de la cuestión
judía, sino que se aplicaban a la realidad política de los dos
imperios, esto es, el Austro-Húngaro y el zarista, pues en realidad
los teóricos de la socialdemocracia austríaca se enfrentaron con la
cuestión de las minorías nacionales con cierta anticipación en
relación a los socialistas rusos. Lenin también conocía y recomendó el
trabajo de Stalin sobre el asunto, publicado en el Prozveschnie
(Ilustración), en enero de 1913, bajo el título "El marxismo y la
cuestión nacional" (8). La definición de Stalin nos interesa, por el
hecho de seguir una orientación ya establecida por su antecesor: "La
nacionalidad es un agrupamiento humano estable, que se desenvuelve
históricamente en una base común de lengua, territorio y vida
económica, bien como en una estructura psíquica que se materializa en
una cultura común". Solamente estas características conjuntas definen
una nacionalidad. Obviamente, los judíos no se encuadraban en esta
definición. Stalin polemizaba al mismo tiempo con Otto Bauer, el líder
de la socialdemocracia austríaca, que llegó a admitir que los judíos,
aunque no tuviesen una lengua común, con todo constituían una
nacionalidad. La verdad es que Otto Bauer, en su libro El socialismo y
la cuestión nacional, escrito en 1907, al referirse a los judíos,
titubea, y como bien apunta Haim Jitlovski, "todo lo que es posible y
deseable en las demás naciones, es errado y descalificado cuando se
trata de los judíos" (9). Otto Bauer, que formula en su texto el
concepto de autonomía nacional y cultural aplicada a las varias
nacionalidades que componen el Imperio Austro-Húngaro, se complica y
acaba no reconociendo ese derecho a los judíos (10). Stalin, en el
citado artículo, apuntará las incoherencias de Otto Bauer en relación
a los judíos, pero negará la propia línea adoptada por la
socialdemocracia austríaca en relación a los principios de autonomía
nacional cultural. Esto, sin embargo, es otra cuestión que no podemos
tratar en los límites de este breve artículo.

Stalin arremeterá en su estilo personal diciendo: "¿Qué nacionalidad
judía es esa, compuesta de judíos gruzios, daguestanos, rusos,
americanos y otros, que no se entienden el uno al otro (hablan
distintas lenguas), viven en diversas partes del globo terráqueo,
nunca se vieron el uno al otro, y no estuvieron juntos en tiempos de
paz o en tiempos de guerra? (...). No, no es para nacionalidades en el
papel que la socialdemocracia crea programas nacionales. Ella podrá
considerar solamente a las nacionalidades verdaderas, que actúan, se
movilizan y obligan, por lo tanto, a preocuparse por ellas (...).
Bauer confunde, por lo tanto, la nacionalidad que constituye una
categoría histórica, con una tribu que constituye una categoría
antropológica".

En ese mismo artículo, Stalin atacará el autonomismo cultural nacional
del Bund y el federalismo de la organización, los cuales define como
"conteniendo en su seno elementos de descomposición y separatismo".
Terminará diciendo que el "Bund marcha en dirección al
separatismo" (11). La ironía histórica, y la tragedia personal de
parte de los líderes del Bund, se produce cuando el partido, a partir
de la Conferencia de Minsk, en la primavera de 1919, propone su
identificación con el programa bolchevique, lo que lo lleva a la
escisión, en abril de 1920. En marzo de 1921 toda la socialdemocracia
rusa, incluyendo a los bundistas y mencheviques, se vuelve ilegal,
pasando a sufrir las conocidas persecuciones de la GPU, como enemigos
del régimen. La dolorosa historia de los "kombundistas" (bundistas-
comunistas), que al principio ocuparon importantes cargos en el Estado
Soviético y más tarde estuvieron envueltos en los procesos de
depuración del partido, en las disputas del poder, víctimas del
impiadoso stalinismo, fue el corolario de este proceso.

Esa sería la concepción bolchevique en aquel tiempo, esto es, antes de
1917, y aun una década después, cuando la cuestión judía todavía se
encontraba en el orden del día del movimiento revolucionario, desde
Lenin y sus sucesores, incluyendo a Trotsky. Este último, con el pasar
del tiempo, y fundamentalmente en el período de su exilio, cambiaría
de posición y hasta preanunciaría la tragedia del Holocausto, al
referirse a la situación de Europa.

En un estudio realizado por Yechiel Harari, militante del partido
Mapam en los años en que esta organización aún existía, sobre la
concepción de Trotsky en relación a la cuestión judía, podemos seguir
esos cambios de su pensamiento, desde su ingreso a la militancia
socialista hasta el año de su asesinato en 1940. El elemento
diferenciador entre lo que Lenin y Stalin escribieron al respecto, se
manifiesta en sus declaraciones y artículos de los años ‘30, cuando el
fascismo y el nazismo se extienden por el continente europeo y el
antisemitismo muestra su cara más siniestra, buscando el exterminio de
los judíos. Harari se refiere a una carta que Trotsky escribió a un
amigo, en los Estados Unidos, el 22 de diciembre de 1938, en la que
podemos leer lo que sigue: "El número de países que expulsan a los
judíos aumenta sin cesar. El número de países que los pueden absorber
se reduce, al mismo tiempo que la violencia se torna más intensa. Es
posible vislumbrar sin ninguna dificultad lo que les espera a los
judíos con el estallido de la futura guerra mundial. Pero, aunque ésta
no estalle, la evolución futura de la reacción mundial conducirá
ciertamente al exterminio físico de los judíos" (12).

Con la revolución de 1917 la cuestión de las nacionalidades se
presentaría inevitablemente como un problema práctico, que deberá ser
enfrentado conjuntamente con los demás, en la nueva configuración
social que se presenta con el ascenso de los bolcheviques al poder.
Victor Serge, en su obra El año uno de la Revolución Rusa, cita al
pensador Elisée Reclus, que al hablar en 1905 de la revolución rusa
decía que "Rusia será totalmente dada vuelta hasta en su última choza.
Forzosamente, será levantada una cuestión diferente a la de las
clases: la de los pueblos de diferentes lenguas, de las distintas
conciencias nacionales. Lo que llamamos Rusia es una enorme extensión
de conquistas, en el que están entramadas de veinte nacionalidades
subyugadas (...) (Correspondencia, t. III). De hecho, en un plano
horizontal, la composición étnica del imperio zarista, en 1897,
comprendía 56 millones de grandes rusos, 22,3 millones de ucranianos,
cerca de 6 millones de rusos blancos, 8 millones de polacos, 3,1
millones de lituanos, 1,8 millón de alemanes, 1,1 millón de moldavios,
5,1 millones de judíos, 2,6 millones de finlandeses, 1,1 millón de
pueblos del Cáucaso, 3,5 millones de pueblos de origen finés
(estonianos, carelios, etc.) y 13,6 millones de tártaros, con
hegemonía absoluta de la nación gran rusa" (13).

Con todo, a pesar de la declaración de los Derechos de los Pueblos de
Rusia, promulgada el 2 de noviembre de 1917, los judíos no tuvieron
una definición nacional reconocida como los demás. Esto ocurrirá más
tarde, cuando un proceso de deterioro de la cultura judía, en muchos
aspectos debido a las limitaciones impuestas por el nuevo régimen,
comenzaba a mostrar sus primeros signos, todavía en los años ‘20. A
pesar de la existencia de una política cultural judía, varios fueron
los factores que contribuyeron para que ese proceso tuviera
consecuencias funestas, entre ellos la lucha por eliminar cualquier
manifestación religiosa ("el opio del pueblo") y la lucha contra la
ortodoxia, así como la oposición contra la denominada cultura
nacionalista-chauvinista judía (entiéndase el sionismo, y con él la
lengua, la cultura y la educación hebrea), que llevó al cierre de un
gran número de instituciones comunitarias en todo el territorio
soviético.

Cuando el 1º de junio de 1917 se realizó en Petrogrado el primer
encuentro de los soviets de toda Rusia, la cuestión nacional surgió
inevitablemente en el orden del día de las discusiones, en particular
alrededor de la autoemancipación de los polacos y finlandeses,
representados por sus respectivos delegados. La mayoría de los
representantes de las nacionalidades, pequeñas y grandes, postulaban
una Rusia unificada en una federación, con el otorgamiento de derechos
de autonomía a los territorios nacionales. Conforme al relato de uno
de los participantes del encuentro, que representaba al Bund, R.
Abramovitch, la mayoría de los revolucionarios, delegados de las
nacionalidades, postulaban teóricamente la concepción federativa. La
polémica alrededor de esa concepción tenía como base las
circunstancias en que se encontraba la revolución, esto es, la
existencia de una guerra que alcanzaba a Europa, y forzaba a una
alianza rusa con todas las nacionalidades existentes en su territorio,
para hacer frente a Alemania y Austria, postergándose así las
cuestiones particulares de cada nacionalidad. Abramovitch, que
participó en ese encuentro de los soviets como coordinador de la
"comisión nacional" y organizador de la "sección nacional" compuesta
por representantes de varias nacionalidades, recuerda que en la
"comisión nacional" la tendencia general era la aceptación de un
Estado ruso, democrático y federativo, con plenos derechos para cada
cultura nacional, "pero que no era aceptado por los ucranianos y por
los bolcheviques, estos últimos representados por Kolontai y Stalin,
considerado como un especialista en la cuestión nacional" (14).
Kolontai, que en aquella época adoptó la concepción de que Finlandia
debía tener, de inmediato, el derecho a su autodeterminación
independientemente de la situación internacional del momento, esto es,
de la amenaza alemana, más tarde justificaría la ocupación del país
por los rusos, bajo la dictadura de su colega Stalin, durante la
Segunda Guerra Mundial. En la praxis del Estado soviético, ya
solidificado, la coherencia con la teoría era algo raro e inexistente,
por lo menos en lo tocante a la cuestión nacional.

En 1928, año crucial en la demolición de la vida cultural judía en
Rusia, incluso contradiciendo la herencia teórica bolchevique del
concepto de nacionalidad, relativo a los judíos, surgió la idea de
colonizar con judíos una región lejana de Rusia. Se trataba de crear
una república autónoma, bajo el nombre de Birobidjan, impulsada por el
pragmatismo del gobierno soviético de fijar poblaciones en zonas
inhóspitas, como parte de un programa de desenvolvimiento de la "madre
patria". Con esto, se procuraba solucionar la cuestión judía en los
límites territoriales de la Unión Soviética. El presidente Kalinin, en
el discurso en que proclamaba la colonización judía en Birobidjan,
entre otras cosas, expresó: "La vida en Moscú es multifacética y
multinacional en su carácter, y los trazos nacionales específicos se
van apagando (...). Los mismos judíos, para los cuales su carácter
nacional particular es tan importante y aspiran a desenvolver una
entidad política judía como base para el resurgimiento de la cultura
judía y socialista de acuerdo con su contenido, deben ayudar en la
puesta en pie de Birobidjan (...). Los judíos de Birobidjan no serán
una nación con las características que tuvieron los judíos de Polonia,
Lituania, etc. Ellos serán colonizadores socialistas en una tierra
libre y rica, colonizadores corajudos y con fuerza, que en el futuro
se transformarán en un agrupamiento nacional poderoso en la familia de
las naciones soviéticas. Esto, naturalmente, es una cuestión de
tiempo. Buena parte de los judíos serán miembros de comunas agrícolas
unidas y enraizadas" (15).

La historia melancólica de la colonización judía en Birobidjan no
llenó las expectativas de los gobernantes soviéticos ni tampoco
solucionó la cuestión judía de Rusia, mucho menos del continente
europeo. Pocos años después del discurso entusiasta de Kalinin, la
cuestión judía se colocaría en el escenario de la historia con un
dramatismo jamás visto anteriormente, y la discusión teórica sobre el
concepto de nacionalidad, así como otras consideraciones alrededor del
derecho de autodeterminación de los judíos, se desvanecerían frente a
una realidad inimaginable: Autschwitz y el Holocausto.

(*) Profesor de Historia de la Edad Media en la Universidad de San
Pablo, Brasil. Este trabajo fue publicado en el libro "História e
revolução", editado por Osvaldo Coggiola.

1. "Di sotzial-demokratie un di natzionale frague" ("La
Socialdemocracia y la cuestión nacional", en Vladimir Medem, tzum
tzvontzigten yortzeit. (Para el vigésimo aniversario de Vladimir
Medem), Bund, Nueva York, 1949, pág. 189 (idiche).

2. V. Medem un di natzionale frague, (Medem y la cuestión nacional),
págs. 130-40 (idiche).

3. V. Medem, op. cit., pág. 220-279.

4. Idem, pág. 247.

5. Ver el artículo de Mishkinsky, Moshe, "El movimiento obrero judío y
el socialismo europeo" en Vida y valores del pueblo judío (Unesco).
Perspectiva. San Pablo, 1972, págs. 312-326. También del mismo autor,
"The jewish labour movement in modern jewis History" ("El movimiento
obrero judío en la historia judía moderna") in Worker and
revolutionaries - The jewis labour movement, Tel Aviv, Beth
Hatefutshot, 1994, págs. 16-25. El conflicto del Bund con el Partido
Socialdemócrata Ruso también es narrado en las interesantes memorias
de uno de sus líderes de la segunda generación, Abramovitch, R. In
Zwei Revoluties (En dos revoluciones), Ed. Ring, Arbeter. Nueva York,
1944, t.I., págs. III-127. La concepción del Bund sobre la cuestión
nacional, que sufrió modificaciones y se presentó con matices
conceptuales en los escritos de sus líderes fundadores, puede ser
estudiada en las siguientes obras: Medem, Vladimir. Tzum Tzvontziksten
Yohrtzait, Nueva York, 1948 (idiche), que reúne una selección de sus
escritos; Zivion (Dr. Hoffman), far fuftzik yohr, (Zivion, para su 50º
aniversario), Nueva York, 1948, Arkadi, Nueva York, 1942 (idiche).
Textos importantes sobre el tema se encuentran en el apéndice del
volumen I de los escritos de Borochov, Ber Ktavim, Tel Aviv, Hakibutz
Hameuchad - Sifriat Poalim, 1995 (hebreo).

6. La concepción de Lenin y Stalin sobre la cuestión judía fue
estudiada por Yehuda Tubini en Avot ha markzizm vehasheeila hayehudith
(Los fundadores del marxismo y la cuestión judía), Merhavia, Sifriat
Poalim, 1954, págs. 63-149 (hebreo). El autor, plenamente identificado
con el comunismo, tuvo que detenerse en los errores teóricos de ambos
en cuanto a la cuestión nacional y los judíos.

7. El artículo de Lenin reproducido en la traducción al español de sus
Obras escogidas v. V, págs. 23-56, editadas en Moscú, 1976, y dirigida
contra el Bund y Vladimir Medem, pero también contra la autonomía
nacional cultural de Karl Renner y Otto Bauer. En el mismo volumen V,
págs. 349-363, se encuentra el escrito de Lenin, publicado en 1916 en
la revista alemana Vorbote con el título "La revolución socialista y
el derecho de las naciones a la autodeterminación", en la cual
desarrolla sus tesis sobre el asunto, atacando nuevamente a los
teóricos austríacos en lo concerniente al "carácter reaccionario de la
llamada autonomía nacional".

8. El texto fue editado en los números 3-5 (marzo- mayo), 1913.
Utilíceme de la versión en español El marxismo y la cuestión nacional,
Montevideo, Pueblos Unidos, s.d.

9. Falbel, V. N. y Guinsburg, J., Haim Jitlovski, Teoría de la
nacionalidad, San Pablo, C.B.E.J., 1971, pág. 50. En los Ensayos sobre
la nacionalidad judía, Buenos Aires, 1931, págs. 47-63, en su artículo
"Nacionalidad y progreso", escrito en 1909, Jitlovsky adopta una
postura favorable en relación al libro de Otto Bauer, aceptando buena
parte de sus conceptos, al contrario de lo que ocurrirá en sus libros
posteriores. La crítica a Otto Bauer la desarrollará en su estudio
"Otto Bauer y la autonomía de los judíos", en Ktavim (Escritos),
Merhavia, Sifriat Poalim, 1961, págs. 124-138.

10. La cuestión nacional se presentó en el Congreso de Brün en 1899,
en el cual la socialdemocracia austríaca formuló su programa nacional
definiendo los derechos de las minorías y garantizando la autonomía
cultural. Por otro lado, la cuestión surgiría como consecuencia de la
propia evolución del movimiento socialista en Rusia, que no evitó la
fundación de un Partido Socialista Polonés (PPS) en 1892, de tendencia
nacionalista, criticado por Rosa Luxemburgo y Leo Jogisches. Ver
Ettinger, E., Rosa Luxemburgo, Río de Janeiro, J. Zahar, 1996, pág.
62.

11. El marxismo y la cuestión nacional, pág. 56.

12. Harari, Jejíel, "Trotsky y la cuestión judía", en Raices
(Suplemento), 31 de agosto, s.d.

13. Serge. V., El año I de la Revolución Rusa, São Paulo, Ensayo,
1993. págs. 115-6.

14. Abramovitch, R, In Tzvei Revolutzies, v. II, págs. 61-70 (idiche).

15. Extraje el párrafo del discurso de Kalinin de la compilación
Mekarot Iascheeila haleumit (Fuentes para la cuestión nacional),
Hanhaga Harashit shel Hashomer Hatzair be Israel (Secretaria Central
de Hashomer Hatzair en Israel), 1953, pág. 7. Muchos activistas de
izquierda judíos todavía adherían a la idea de Birobidjan y fueron
propagandistas, entre ellos, Gina Medem, esposa de Vladimir Medem, que
visitó la región entre 1929 y 1935. Ver sobre ella en Lexikon fun der
naier idicher literatur (Diccionario de la moderna literatura judía),
v. 6. Nueva York, págs. 21-22.




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