Según las costumbres de los judíos, aquí existen varias cosas que no encajan con lo que debería ser la realidad.
Caifás era el Sumo Sacerdote en la época de Yeshúa, desde el año 18 al 36 d.C. puesto por el procurador romano de Judea Valerius Gratus.
Cuando los sacerdotes y los fariseos mostraron su preocupación ante el desarrollo que iban tomando los acontecimientos que rodeaban la vida de Yeshúa, que se atrevía a enfrentarse abiertamente a éllos y que cada vez adquiría mayor número de seguidores, dijeron a Caifás que pronto llegaría el momento en que todos creerían en él, y los romanos se verían obligados a destruir su ciudad sagrada y su nación, pasándolos a todos a cuchillo. ¿Qué podrían hacer?.
Caifás les dijo:
"Vosotros no sabéis nada, ni caéis en la cuenta que os conviene que muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la nación".
Y fue por éso que convino con Judas el apresamiento de Yeshúa, en la víspera de la Pésaj.
Pero no es normal, según las costumbres judías hacer tal cosa. Un Sumo Sacerdote no cometería esos actos durante la Pésaj, y debería saber, además, que la Torá dice claramente, con el precedente de Moisés cuando ocurrió el suceso del becerro de oro, que un hombre no debe pagar por todos los demás. Moisés lo intentó y Dios no se lo permitió.
¿Por qué lo prendieron, entonces, en la víspera de la Pésaj?. Yo creo que se asustaron al ver el recibimiento que la multitud dio a Yeshúa, al entrar éste en Jerusalém, montado en el asno. Pensaron que se iba a producir un levantamiento inminente, y decidieron actuar de inmediato y no demorar más, por ningún concepto, su intervención.
Y las palabras de Caifás, diciendo que convenía que un solo hombre muriese por todos, no lo dijo, a mi entender, como creen muchos exégetas, proféticamente, conociendo la muerte de Yeshúa como víctima propiciatoria para redimir a la Humanidad, sino adelantando que, para que no se produjese el temido levantamiento, y que Yeshúa pudiese incluso ser nombrado Rey, y por tanto se provocase una masacre, lo mejor era detener y entregar al Maestro como culpable de insurrección, y así sólo él sería ajusticiado, y el pueblo sería salvado.
Por esa causa ordenó la detención de Yeshúa y lo sometieron a juicio, y además de noche, incumpliendo sus propias costumbres que prohibían celebrar juicios al llegar la noche. Toda una serie de irregularidades, una detrás de la otra.
Ante Caifás ocurrió algo muy grave, que tiene una gran importancia, pues cambió la forma en que a partir de entonces los enemigos de Yeshúa lo vieron y lo trataron. Fue cuando Caifás interrogó al prisionero, interesándose por sus doctrinas y por sus seguidores.
Yeshúa le contestó:
"¿Por qué me interrogas a mi?. Jamás he hablado en secreto. Siempre he hablado públicamente, en sinagogas, o en el templo. Pregunta a los que me han oído hablar y éllos te dirán qué es lo que he dicho".
Al oir ésto, uno de los servidores de Caifás le dió una bofetada a Yeshúa, diciendo:
"¿Así contestas al Sumo Sacerdote?".
El Maestro le contestó:
"Si he hablado mal, díme en qué ha sido. Si no es así, ¿por qué me pegas?".
Esto es lo que es de gran importancia, pues hasta entonces nadie se había atrevido a ponerle una mano encima a Yeshúa. A partir de aquí, viendo que no pasaba nada, el comportamiento hacia el Maestro varió, y perdieron el miedo que hasta entonces le habían tenido.
Lo que hizo este hombre era un acto que estaba castigado, pues nadie podía pegar a alguien que estuviese maniatado, pero Caifás no actuó. Le convenía que se le perdiese el respeto y el miedo a Yeshúa.
Y en un momento dado, viendo que sus preguntas no aclaraban nada quiso poner a Yeshúa ante la espada y la pared. Le preguntó, acercándose bastante a él.
"Te conjuro por el Dios vivo: Díme, ¿eres tú verdaderamente el Hijo de Dios?.
Yeshúa lo miró, ante el silencio de todos los presentes y le dijo:
"Tú lo has dicho. ¡Sí!. Yo soy el verdadero Hijo de Dios. Y un día vendré en las nubes del cielo para juzgar a todas las naciones".
Silencio absoluto. Caifás grita, furibundo, al tiempo que rasga sus vestiduras:
"¡Blasfemia!. ¡¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?!. ¿Qué esperamos para condenarlo?.
¡Ya es reo de muerte!".
Y aquí se vio el efecto que la bofetada del criado a Yeshúa había producido en los demás, pues se lanzaron todos contra él, abofeteándolo, golpeándolo, escupiéndole y dándole patadas, dejándolo maltrecho.
Alguien gritó: "¡Basta!. Debemos evitar ésto durante la horas nocturnas y esperar a que se haga de día para juzgarlo, como mandan nuestras costumbres". Eso evitó un desenlace, quizás fatal.
Hay algo curioso en las palabras de Yeshúa: "Y un día vendré en las nubes del cielo...".
¿En las "nubes"?. ¿Vendrá en las "nubes"?.¿Qué clase de "nubes" son ésas?.
Continuará...
Saludos.
Angel Rodriguez, (GEIFO).
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