JERUSALEM, 33. (14).

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ANGEL RODRIGUEZ

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Apr 6, 2009, 4:52:48 PM4/6/09
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Durante la celebración de la Ultima Cena hubo unos momentos de gran tensión y enfrentamiento.
Yeshúa, cuando ya estaban en lo que podríamos llamar, en términos occidentales, la "sobremesa", confió a los presentes que uno de los apóstoles le iba a negar hasta tres veces y otro le iba a traicionar.
Con voz grave les dijo:
"Uno de vosotros me negará hasta tres veces, pero lo más grave de todo es que hay otro que me va a traicionar, entregándome. Yo os he elegido a vosotros y entre vosotros he elegido a un diablo".
Todos se miraron sorprendidos, sin saber a qué o a quién se refería Yeshúa. ¿Quién podría llevar a cabo semejante acción?
Judas saltó gritando:
"¡Basta ya, Rabí. De sobra sabes quién es. ¿Por que no dices su nombre?".
Yeshúa le miró y le dijo: "Haz lo que debas hacer".
Judas contestó: "¿Sabes acaso mis motivos?, Rabí, ¡míranos!. ¿En qué hemos quedado al fin?. ¿Que has hecho de nosotros?. Esperábamos con ilusión nuestra liberación, pero tú nos has defraudado. Eres nuestro líder pero te limitas a llenar nuestros oídos con palabras y más palabras que no nos llevan a ningún resultado práctico.
La multitud te aclamaba cuando entraste en Jerusalém con palabras de alabanza y diciendo "¡Sálvanos!.¡He aquí al hijo de David!", pero tú haces oídos sordos a tu pueblo. ¿Y tú eres quien habla de traición?".
Judas estaba muy exhaltado, al punto de que tuvieron que intervenir los demás asistentes a la cena, para calmar los ánimos.
Yeshúa le contestó:
Véte!. ¡Te esperan!".
Judas Iscariote, hijo de Simón Iscariote, con el ceño fruncido y muy enojado, salió de la estancia.
El, como otros muchos de los seguidores del llamado Masiaj había puesto sus esperanzas en que Yeshúa, con quien había estado fascinado con su sabiduría y sus enseñanzas, hubiese liderado un levantamiento, una rebelión que liberase a su pueblo del yugo romano.
A medida que el tiempo iba pasando su decepción fue aumentando. La revolución no llegaba y su Maestro no parecía muy dispuesto a levantar al pueblo en armas. Consideraba que todo estaba resultando ser un fraude. El Rabí sólo se preocupaba de cuestiones espirituales y no del tan ansiado levantamiento. Su admiración se había convertido en enojo.
Así pues, había acordado con el Sumo Sacerdote Caifás la entrega del Maestro. Lo haría por 30 siclos de plata. Judas le comunicó a Caifás que Yeshúa solía ir a orar en el huerto de Getsemaní, donde estaría solo, sin la presencia de las gentes que podrían impedir su detención. Tan sólo los apóstoles podrían acompañarle. Aunque iban armados, podrían ser reducidos con facilidad.
Yeshúa y los once apóstoles restantes se despidieron de las mujeres y demás familiares y discípulos y se dirigieron al huerto de Getsemaní, donde el Masiaj acostumbraba a orar.
Oficialmente eran un grupo de rebeldes y sediciosos, zelotes, opuestos a la ocupación romana y descontentos con el colaboracionismo de los sacerdotes, que en su opinión habían traicionado al pueblo. Todos llevaban armas, espadas o cuchillos, excepto Yeshúa.
Yeshúa y sus apóstoles eran considerados un grupo de bandidos peligrosos.
Cuando llegaron al huerto, el Masiaj se separó de ocho de los apóstoles, y penetró en el lugar con los tres restantes.
A éstos les dijo: "Esperad aquí. Voy a adelantarme un poco, para orar".
Los tres apóstoles se sentaron en el suelo, y Yeshúa se adelantó un poco más, separándose de éllos.
Yeshúa tenía miedo. Sufría terriblemente y su miedo le producía confusión mental. Sudaba copiosamente, e incluso llegaba a sudar sangre.
En un momento en que comenzó a desfallecer alguien, un ser misterioso que no sabríamos identificar, surgió a su lado y estuvo con él un tiempo, animándolo y confortándolo. Después, este ser desapareció sin que nadie se diese cuenta de su presencia, pues los apóstoles, vencidos por el sueño, se habían quedado dormidos. Cuando Yeshúa se percató de  que dormían plácidamente, los reprendió severamente.
Continuará...
Saludos.
Angel Rodriguez, (GEIFO).
 




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