Pero regresemos al escenario inicial, dando para nosotros por cierta la existencia del Masiaj, independientemente de la controversia que exista sobre élla.
Volvamos a las tierras de Judea, en el año 33, donde Yeshúa ben Yoséf llevaba a cabo su vida pública, entregado a dotar de contenido las doctrinas judías y que éstas no fuesen un conjunto de formas, rituales y oraciones vacías y sin sentido.
Sabemos que Yeshúa se ganó la animadversión de todos aquéllos que se sentían aludidos en sus predicaciones, como los poderes eclesiásticos y políticos, a quienes llamaba hipócritas y falsos, a quienes consideraba como sepulcros blanqueados por fuera pero podridos por dentro, y eso fue lo que originó una conspiración contra su persona que habría de desembocar en un drama que todos conocemos como el juicio y posterior crucifixión de este hombre a quien sus seguidores consideraban el Masiaj.
Sin embargo en el Talmud se dice que Yeshúa fue lapidado y, una vez muerto, colgado como se hacía con los bandidos.
Esta muerte del Masiaj ocurrió en la Pésaj o Pascua del año 33, fiesta que, como hemos dicho, era una de las más importantes en el calendario judío, en la que se iniciaba para éllos el nuevo año, y se celebraba la salida de la esclavitud judía en Egipto.
Yeshúa envió a preparar la cena de la Pascua a dos de sus discipulos, y la celebró con todos éllos.
Para éllo, se dirigió hacia la capital, Jerusalém, donde ya había estado en anteriores ocasiones, pero esta vez realizó su entrada de manera diferente, pidiendo a sus discípulos que trajesen un pequeño asno en el cual iba a efectuar esa entrada, mezclado entre los numerosos peregrinos que iban llegando.
Pero fueron numerosas las personas que le reconocieron y le aclamaron, arrojando a su paso hojas y ramas de los árboles y gritando "¡Hosanna!. ¡Bendito sea el hijo de David!".
Reconocían de esta forma la realeza de Yeshúa, quien por ascendencia directa era el heredero del trono del rey David, es decir, era el Mesías prometido.
Esto molestó mucho a los sacerdotes y a los fariseos del Templo, quienes pidieron a Yeshúa que hiciese callar a las gentes.
Pero él les respondió:
"Si éstos callasen gritarían las piedras en su lugar".
Yeshúa se dirigió al Templo, donde observó a los numerosos comerciantes, cambistas y vendedores que se hallabn afanados en la venta de sus mercancías en ese lugar. Yeshúa se enfadó y cogiendo unas cuerdas formó con éllas una especie de látigo con el cual golpeó a los mercaderes, arrojando al suelo las mesas de las mercancías y de las monedas, gritando que el Templo era un lugar de oración y no un mercado público.
Los fariseos y sacerdotes, hartos de las contínuas provocaciones de Yeshúa, acordaron que debían acabar con él de una manera definitiva. Era necesario matarlo.
Pero la muerte debían planificarla con cuidado, procurando no provocar las iras de los seguidores de este hombre, que cada día iban aumentando en número. Debían hacerlo pues con inteligencia y tomando muchas precauciones.
Al llegar el momento en que debían celebrar la Pésaj, los discípulos más cercanos, (Apóstoles), hombres y mujeres seguidores de Yeshúa, así como sus familiares, se reunieron en el lugar o cenáculo que habían preparado para éllo.
La cena entre los judíos se celebraba de la siguiente forma y con los siguientes elementos:
Primeramente había que hacer dsaparecer todo rastro de levadura de la casa, por lo que se tiraban los panes fermentados y las harinas, y se barría y limpiaba bien todo.
Hecho ésto, el Patriarca de la familia debía buscar cualquier trozo que pudiera haber sido olvidado, valiéndose para esta labor de una pluma, una bolsa y un cuchillo de madera.
Efectuada esa limpieza, la familia puede sentarse a la mesa, procediéndose al lavado de manos ayudados por una jofaina y una toalla.
Limpios y purificados, la señora de la casa enciende las velas de la Pésaj y reza una oración.
Continuará...
Saludos.
Angel Rodriguez, (GEIFO).