Aca encontre un articulo de la pelicula voy a copiarlo aca sin animos
de hacer lagio es solo q me parecio muy completo:)
Dirigida por Fernando Meirelles, con Matheus Nachtergaele, Seu Jorge,
Alexandre Rodriguez, Leandro Firmino da Hora, Phellipe Haagensen.
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Ciudad de Dios resulta un fresco social, un film de iniciación y
también un film apocalíptico. La durísima realidad de las favelas y
los barrios más carenciados de Brasil ha sido llevada al cine en
varias ocasiones, tal vez la más célebre haya sido Orfeo negro, en
clave romántica. Algo de ese romanticismo subsiste bajo la cruda
violencia de Ciudad de Dios, que relata la trayectoria de varios
chicos habitantes del barrio llamado así ¿paradójica, irónicamente? y
situado en las afueras de Río de Janeiro. En este caso no se trata de
estrechas calles colgadas de los morros sino de una urbanización
construida en los años ‘60 con el propósito de albergar familias sin
vivienda, y que en poco tiempo devino ciudad marginal regida por sus
propias leyes e impenetrable a quienes no fueren sus residentes. Los
chicos de Ciudad de Dios juegan al fútbol como todos los chicos
brasileños, pero el tiempo les enseñará que es muy difícil transitar
cualquier camino que no pase por el delito: la película nos muestra a
través de dos décadas por qué muchos eligen el tráfico de droga, el
robo y el asesinato mientras unos pocos intentan alejarse de ese mundo
cerrado.
Narrado en primera persona desde el punto de vista de Buscapé, uno de
los jóvenes habitantes del barrio, el film tiene la estructura de un
relato enmarcado: las imágenes iniciales, en un montaje agilísimo de
impresionantes tomas de muerte y cacería anuncian el nivel de barbarie
de lo que vendrá. Sigue con la prehistoria del barrio en los ‘60 y la
creciente criminalidad de los niños comandados por un precoz
muchachito, quien en los ‘70 se ha transformado en el jefe de una
banda. Comparten el barrio con otra pandilla, en sorda convivencia
competitiva. Paulatinamente, el crimen se hace más implacable, el
tráfico más pesado, los mafiosos son cada vez más jóvenes. Cuando uno
de los jefes se enamora e intenta eludir su destino trágico, colapsa
una paz forzosa y frágil, y sobreviene una ola de muertes sangrientas,
infames, vengativas.
Distribuida por Disney, la película busca ser vista y aprobada por el
gran público de los Estados Unidos, y en muchos aspectos estéticos
responde a lo que el público masivo espera encontrar en un film de
acción. El tratamiento de la imagen, de la violencia, con obvia
influencia de Scorsese, está en este caso al servicio de la puesta en
escena de la dura realidad de la marginación en Latinoamérica. Lo que
más impacta del film de Fernando Meirelles es el testimonio de toda
una nueva generación familiarizada con el crimen, de chicos que matan
a la edad de empezar a leer, de bandas de mocosos que instalan una ola
de terror y quedan como amos despiadados de ese microcosmos. El
protagonista vive su destino permanentemente cruzado con el de sus
vecinos. Si éstos decidieron disparar las armas, Buscapé eligió
disparar una cámara de fotos, y si demuestra ser un inepto total para
el crimen, su condición de oriundo de la favela lo coloca en una
posición inmejorable para registrar como fotógrafo las luchas en esos
barrios herméticos. En este panorama tan nefasto no está ausente el
humor, cuando el bueno de Buscapé quiere incursionar en el crimen sin
talento ni éxito; su intento de robo en el colectivo recuerda el del
film anterior de Meirelles y de Nando Olival, Criadas. Tuvimos la
oportunidad de ver recientemente esa comedia costumbrista en el
Festival de los Derechos Humanos. En ambos casos, Meirelles presenta
una sutil observación de los diferentes grupos, tratando a sus
personajes como tipologías representantes de un ámbito social. Es
notable y perturbadora la interpretación que logra de los jóvenes
actores quienes increíblemente, salvo un par, son no profesionales.
La película está basada en el best-seller homónimo de Paulo Lins, un
habitante de Ciudad de Dios que relata hechos reales, y Meirelles
contó con la colaboración de Katia Lund, documentalista de las
favelas. Este discípulo de Walter Salles muestra un mundo de horror
con solvencia, rigor, virtuosismo y sin un ápice de sentimentalismo.
Su relato es objetivo pero no frío, y tiene sus mejores momentos
cuando evita el juicio moral. La narración, ágil, movediza, por
momentos vertiginosa, con un ritmo adrenalínico se vale de múltiples
recursos: cámara al hombro, pantalla dividida con escenas simultáneas,
saltos en el tiempo, simetrías y paralelismos, cuidada elección de
color y música para cada época. La puesta en escena de ese alarde de
violencia recuerda a la de Amores perros, y su comparación se
convertirá seguramente en un lugar común. Se objeta que Meirelles,
conocedor del lenguaje publicitario, creó un producto vendible que
banaliza la miseria. Pero también produce un pensamiento sobre ella.
Josefina Sartora
On 13 abr, 18:37, Isabel Maria Vargas Montero <
imvm200...@hotmail.com>
wrote:
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