Con todos mi respeto personal y profesional, mrcl.mtnez, pero creo que comemos de todo o dicho más en castizo, estamos meando fuera de tiesto.
La educación, cuidado y vigilancia de los menores es un contrato, escrito o no, entre padres/tutores y profesionales/entidades educativas. Y nosotros no pintamos nada en esta relación bilateral. La automedicación, medicación por cuidadores no sanitarios en el caso de menores o dependientes, tiene larga historia, mala práctica frecuente y pésima fama en este país. Pero bien utilizada ha sido y es un elemento de cuidado sanitario insustituible en cualquier contexto social y cultural. Pretender su erradicación sólo es comprensible desde un punto de vista tecnocrático insostenible, disminuye algo que precisamente pretende la atención sanitaria, como es aumentar la autonomía de las personas y se explica o por la ignorancia o por la pretensión gremial de algunos profesionales, especialmente del sector privado, que aspiran a mantener y aumentar su cuota de mercado e ingresos como únicos propietarios del derecho a tratar. Dicho en otros términos, la pérdida de autonomía que subyace en la demanda de asistencia de un paciente afecto de un resfriado común de veintiocho minutos de evolución, que ni siquiera ha tomado un analgésico-antitérmico, es una de las causas del mal uso de los servicios sanitarios que este país padece y que entre todos sustentamos.
Fomentar la automedicación razonable, en las circunstancias y con los medios y cautelas precisas, es un elemento de calidad de la atención sanitaria de una sociedad y una obligación que debería asumir la administración sanitaria y todos nosotros en nuestro ejercicio. Y no tiene nada que ver con la adquisición y dispensación de antibióticos sin receta, tan habitual en este país, que sustentamos los pacientes que los compran, las oficinas de farmacia que con más clientelismo que profesionalidad los dispensan y nosotros que firmamos la receta a posteriori, para bonificar con paternalismo e irresponsabilidad el bolsillo de quien contribuye al uso inadecuado de medicamentos y el aumento imparable de resistencias bacterianas.
O sea, que son los padres/tutores quienes en todo caso autorizan a los educadores a usar medios terapéuticos en su nombre y no su pediatra.
Y como nota adicional. El incumplimiento del calendario vacunal oficial, recomendado pero nunca obligatorio, no exime a los padres/tutores del cumplimiento/acceso a uno de los pocos derechos irrenunciables que consagra la legislación española, cual es la educación obligatoria. Es decir un menor al que no se ha administrado, por la razón que sea, ninguna dosis de vacuna, mantiene su derecho a la educación obligatoria. Esta circunstancia no exime a los padres ni a la administración de cumplir con su parte para que el menor ejerza ese derecho, al que nadie, ni el menor, ni sus padres/tutores, ni la administración puede renunciar en su nombre.
Saludos,
Toni