LAMENTO DE JESÚS SOBRE JERUSALÉN

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JUAN R.G.

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Apr 25, 2012, 3:51:17 AM4/25/12
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Queridos hermanos y amigos, de Amor Fraterno.

Continuamos con el estudio de la Biblia, la Palabra de Dios.

Un estudio de todos los libros de la Biblia, que en su versión original se llama: “Thru the Bible” (A través de la Biblia). Preparado por el teólogo y profesor de Biblia, J. Vernon McGee. En la versión española, traducido, adaptado, y presentado por Virgilio Vangioni, profesor de Biblia.

Si dispones de unos minutos, te aconsejamos que leas o escuches estos mensajes sobre la vida y ministerio de Jesús, hará bien a tu vida, porque además de adquirir conocimiento, crecerás en sabiduría en la Palabra de Dios.

Dios bendiga Su Palabra en tu corazón.

En el amor de Cristo

 

Juan Rivera

 

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LAMENTO DE JESÚS SOBRE JERUSALÉN

 

MATEO 23:33, 37-39

 

33 ¡Serpientes! ¡Camada de víboras! ¿Cómo escaparéis del juicio del infierno?

 

¿Podemos imaginarnos un lenguaje más fuerte? Al llamarles descendientes de serpientes estaba echando por tierra la utópica doctrina de la fraternidad universal del ser humano y de la Paternidad universal de Dios. Porque la única manera de convertirse en un hijo de Dios es recibiendo a Jesucristo. Dice el apóstol Juan en su Evangelio, 1:12:

12 Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre.

 

Es evidente que el Señor realmente se expresó con palabras ásperas en este pasaje de Mateo. No olvidemos que El vino a la tierra para morir por tus pecados porque te ama; pero si le rechazas, se convertirá en tu juez.

Observémosle porque, después de pronunciar una denuncia tan grave Jesús lloró ante Jerusalén.

Leamos los versículos 37 y 38:

37 ¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que son enviados a ella! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus pollitos debajo de sus alas, y no quisiste!

38 He aquí, vuestra casa se os deja desierta.

 

Jerusalén le había rechazado en aquella llamada “entrada triunfal”, y ahora Él estaba rechazando a Jerusalén: Pero estaba llorando sobre esa ciudad. Sí. Él les había denunciado, pero también les amaba realmente. Y sabiendo el juicio que debía venir, lloró.

Del predicador Dwight Moody se dijo que, en su época, fue el único predicador que debía predicar sobre el infierno, porque lo hacía con una gran compasión. Y el Señor, seguramente pronunció aquellas expresiones de lamentación que inició con la frase, “ay de vosotros”, con un corazón que se estaba quebrantando. Recordemos que algunos creyeron que Él era el profeta Jeremías quien había pronunciado las más severas denuncias del Antiguo Testamento, había llorado al hacerlo.

Este capítulo 23, finaliza con el versículo 39, en el que Jesús dijo:

Porque os digo que desde ahora en adelante no me veréis más hasta que digáis: “Bendito el que viene en nombre del Señor”.

 

No solo eran los jefes religiosos los que estaban conmocionados, sino también Sus apóstoles. Lo que sucedía les pareció un extraño giro de los acontecimientos. Habían esperado que estableciese su reino, como Jerusalén como capital. Pero, en lugar de ello, Él dijo que la casa de ellos, o sea, el templo, iba a quedar abandonado y que no le verían más hasta que dijesen: “Bendito el que viene en el nombre del Señor”.

Es que, aunque en aquellos momentos Él se estaba encaminando hacia la cruz, les estaba dejando a los suyos la certeza de que regresaría, y que tal regreso sería entonces su verdadera entrada triunfal.

Evidentemente, el reino iba a ser diferido. Algunos objetarán esta conclusión, pero ahí están las palabras del Señor. El les dijo a sus discípulos que establecería su reino sobre la tierra en aquel tiempo, pero que vendría otra vez para hacerlo.

 

Mt. 23.33, 37-39.mp3
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