ISRAEL, EL SIERVO SORDO Y CIEGO
Llegamos a la última sección del capítulo 42 del libro de Isaías. Aquí el siervo del Señor no es el Mesías, es la nación de Israel. Y a ellos va dirigidas estas palabras de condenación.
“18Sordos, oíd, y vosotros, ciegos, mirad para ver. 19¿Quién es ciego, sino mi siervo? ¿Quién es sordo, como mi mensajero que envié? ¿Quién es ciego como mi escogido, y ciego como el siervo de Jehová, 20que ve muchas cosas y no advierte, que abre los oídos y no oye? 21Jehová se complació por amor de su justicia en magnificar la ley y engrandecerla. 22Mas este es pueblo saqueado y pisoteado, todos ellos atrapados en cavernas y escondidos en cárceles; son puestos para despojo, y no hay quien libre; despojados, y no hay quien diga: Restituid. 23¿Quién de vosotros oirá esto? ¿Quién atenderá y escuchará respecto al porvenir? 24¿Quién dio a Jacob en botín, y entregó a Israel a saqueadores? ¿No fue Jehová, contra quien pecamos? No quisieron andar en sus caminos, ni oyeron su ley. 25Por tanto, derramó sobre él el ardor de su ira, y fuerza de guerra; le puso fuego por todas partes, pero no entendió; y le consumió, mas no hizo caso” (Isaías 42:18-25).
Versículo 18. El profeta se dirige ahora a los sordos para que oigan, y a los ciegos para que vean. Pero éstos no son sordos o ciegos físicos, sino espirituales.
Versículo 19. Pero ¿quiénes son los sordos y ciegos espirituales?
La pregunta es contestada en las mismas preguntas, “mi siervo… mi mensajero… mi escogido”. La nación de Israel fue escogida por Dios para ser de testimonio ante las naciones.
“6Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra. 7No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; 8sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto. 9Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones; 10y que da el pago en persona al que le aborrece, destruyéndolo; y no se demora con el que le odia, en persona le dará el pago. 11Guarda, por tanto, los mandamientos, estatutos y decretos que yo te mando hoy que cumplas” (Deuteronomio 7:6-11).
Pero ellos se olvidaron de los hechos maravillosos de Dios, e ignoraban Su Palabra. Por tanto, son acusados de ser sordos y ciegos espirituales.
Versículos 20 al 22. Este pueblo, “ve muchas cosas y no advierte, que abre los oídos y no oye”. Esto es ceguera y sordera espiritual voluntaria. Ya en este mismo libro, el Señor dijo de ellos: “Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mi” (Isaías 29:13).
El Señor se complació en Su Palabra, la exaltó y la engrandeció, pero ellos la menospreciaron y desobedecieron. Las consecuencias fue “saqueado y pisoteado, todos ellos atrapados en cavernas y escondidos en cárceles”. Sufrirían el destierro.
Versículos 23 al 25. Isaías hace una serie de preguntas: “¿Quién oirá? ¿Quién atenderá y escuchará? ¿Quién dio a Jacob en botín, y entregó a Israel a saqueadores? ¿No fue Jehová, contra quien pecamos?”.
Se apartaron de Dios y se volvieron a los ídolos, pecaron contra Él, y Él “derramó sobre él el ardor de su ira”. Permitirá que fueran cautivos y dispersos. Pero a pesar de eso, “no hizo caso”. El castigo no hizo que la nación se arrepintiera y se volviese a Dios.
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“No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal. Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1ª Tesalonicenses 5:19-23).