Queridos hermanos en la fe y amigos, de Amor Fraterno.
Continuamos con el estudio de la Biblia, la Palabra de Dios.
Un estudio de todos los libros de la Biblia, que en su versión original se llama: “Thru the Bible” (A través de la Biblia). Preparado por el teólogo y profesor de Biblia, J. Vernon McGee. En la versión española, traducido, adaptado, y presentado por Virgilio Vangioni, profesor de Biblia.
Si dispones de unos minutos, te aconsejamos que leas o escuches estos mensajes sobre la iglesia primitiva. Hará bien a tu vida, porque además de adquirir conocimiento, crecerás en sabiduría en la Palabra de Dios.
Dios bendiga Su Palabra en tu corazón.
--------------
SIMÓN EL MAGO
HECHOS 8:9-25
Leamos el versículo 9 de este capítulo 8 de los Hechos, donde se comienza a hablar de Simón el mago.
9Pero había un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad y que había engañado a la gente de Samaria haciéndose pasar por alguien importante.
Este hombre alegaba tener un don que era acompañado de señales, atribuyéndose gran importancia. Continuemos con los versículos 10 y 11 de este capítulo 8 de los Hechos:
10A este oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, y decían: «Éste es el gran poder de Dios».
11Estaban atentos a él, porque con sus artes mágicas los había engañado por mucho tiempo.
Estos hombres creían que Simón el mago era como un dios. Y lo mismo que le ocurrió a esa gente, hay muchos hoy que son engañados. Estimado lector, no sea usted engañado por algún hombre ni por su aparente poder. Aun si alguien está predicando la Palabra de Dios, no mire al hombre. Mire a la Palabra de Dios y compruebe si la está presentando con exactitud. Mire a Dios. Vuélvase a Él. Cuando fijamos la mirada en una persona con admiración, la apartamos del Señor Jesucristo. Y eso es lo que le ocurrió a la gente en Samaria.
Ahora, leamos el versículo 12:
12Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres.
Felipe predicó el evangelio en Samaria, y muchos hombres y mujeres creyeron. Simón se encontró con Felipe y al parecer, hizo una profesión de fe bajo el ministerio de Felipe. Creemos que Simón fue el primer estafador religioso en la Iglesia pero, desafortunadamente, no el último. Profesó ser creyente durante el movimiento de renovación de grandes repercusiones que tuvo lugar en Samaria, durante la visita de Felipe.
Ahora, el versículo 13 dice:
13También creyó Simón mismo, y después de bautizado estaba siempre con Felipe; y al ver las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito.
Simón cumplió todo el ritual externo. Profesó creer, pero no experimentó una fe salvadora; fue bautizado y llegó a ser amigo de Felipe. Sin embargo, no se convirtió. Ahora, observemos que habían otros también que decían ser creyentes, pero que no eran salvos. No habían experimentado un nuevo nacimiento espiritual. Tenían un conocimiento sólo intelectual y acompañaban a los otros creyentes, pero en realidad no eran salvos. Estos quizás hasta habían sido bautizados con agua, pero no habían sido bautizados y unidos a la iglesia de Jesucristo por el Espíritu Santo.
Hay mucha gente también hoy como Simón el Mago. El apóstol Pablo dijo lo siguiente, en su segunda carta a los Corintios, capítulo 13, versículo 5: “Examinaos a vosotros mismos, para ver si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos”.
Es conveniente examinarse, para comprobar si usted está en la fe o no. Este hombre, Simón, tenía todos las señales externas que le identificaban como un cristiano. Respondió que creía en Jesús, y por tanto fue bautizado. Pero en realidad, no era salvo. No tenía una fe genuina.
Leamos los versículos 14 al 16 de este capítulo 8 de los Hechos:
14Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; 15los cuales, una vez llegados, oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo, 16pues aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús.
Cuando los apóstoles se enteraron de que había un gran movimiento del Espíritu en Samaria, enviaron a Pedro y a Juan para verificarlo. Y hallaron un gran grupo de creyentes que profesaban, pero que realmente no habían sido renacidos espiritualmente. No habían sido bautizados por el Espíritu Santo para formar parte de la iglesia. El Espíritu de Dios no moraba en ellos. No eran salvos. Habían cumplido meramente una ceremonia externa. Y estimado lector, el ser bautizado en agua o cumplir alguna otra ceremonia no le hará cristiano. Esto nos da los antecedentes para explicarnos por qué Simón había logrado aprovecharse de los demás. Y le gustaba la idea de hacer milagros.
Ahora, leamos el versículo 17:
17Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.
Es posible que Felipe no hubiera explicado todos los hechos y las condiciones del evangelio. O puede ser que ellos no los hubieran aceptado. En todo caso, se dirigieron a los apóstoles. Ahora creían al evangelio y creían en el Señor Jesucristo. Y ahora, el Espíritu de Dios había entrado en ellos.
Creemos que es necesario considerar esto a la luz de su contexto histórico. La comisión fue dada a los apóstoles para que abrieran cada nueva región al Evangelio. En el día de Pentecostés, el Evangelio fue proclamado en Jerusalén. Después, Pedro y Juan debían propagarlo a Samaria y a Judea. El apóstol Pablo sería el apóstol a los no judíos. Así fue cómo se planteó la comisión encargada por Jesús. Y ahora, la vemos cumpliéndose aquí en Samaria.
Leamos ahora los versículos 18 y 19 de este capítulo 8 de los Hechos:
18Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, 19diciendo:
—Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo imponga las manos reciba el Espíritu Santo.
Simón el mago, quería pagar por el don. ¿Por qué? Porque este hombre era un estafador religioso. Quería emplearlo para ganancia propia.
¡Cuántas alegaciones similares han sido hechas desde entonces!
La persecución de fuera no dañó a la Iglesia. Dispersó a los creyentes y, como ya hemos indicado, en realidad ayudó para la extensión del evangelio. Lo que dañó a la Iglesia fue la entrada de personas que profesaban ser creyentes cuando en realidad no lo eran. La Iglesia siempre resulta dañada desde sus mismas filas. Lo mismo ocurrió con el Señor Jesús. Fue traicionado desde dentro. Uno de Sus propios discípulos le traicionó ante Su nación. Y su propia nación le traicionó ante el Imperio Romano, y el Imperio Romano le crucificó.
Bien, continuemos con los versículos 20 y 21 de este capítulo 8 de los Hechos:
20Entonces Pedro le dijo:
—Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. 21No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios.
Es por este motivo que dijimos que este hombre no se había convertido. Simón Pedro declaró que su corazón no era recto delante de Dios. No era un verdadero creyente. Su gran interés estaba en el dinero. Eso era lo que realmente le importaba a este hombre.
Ahora, versículos 22 y 23:
22Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón, 23porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás.
Simón Pedro no se lo pudo decir más claro. Y ahora, veamos lo que ocurrió aquí en el versículo 24:
24Respondiendo entonces Simón, dijo:
—Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí.
Ahora, Simón no pidió ser salvado, ni que orasen para que él recibiera la salvación. Simplemente pidió que ninguna de estas cosas le sucediera. No sabemos si este hombre vino alguna vez a Cristo.
Continuemos con el versículo 25:
25Ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, se volvieron a Jerusalén, y en muchas poblaciones de los samaritanos anunciaron el evangelio.
El evangelio comenzó así su viaje hacia los confines de la tierra. Hemos visto que la iglesia empezó en Jerusalén. Los apóstoles estaban allí y se estableció una iglesia. Pronto el centro de operaciones se trasladaría a Antioquia, más tarde a Éfeso, luego a Alejandría, y después a Roma. En la actualidad, la iglesia se ha extendido prácticamente a todos los rincones de la tierra.
***
"Venid a mí,
todos los que estáis cansados y cargados,
y yo os haré descansar" Mateo 11:28