EL CÁNTICO DE UN LIBERADO (10)
SALMO 116
1 Amo a Yahvéh, pues ha escuchado la voz de mis súplicas; 2 porque inclinó hacia mí su oído. Le invocaré todos los días de mi vida. 3 Me rodearon lazos de muerte, me sorprendieron las redes del sheol; en angustia y dolor me encontraba yo. 4 Entonces invoqué el nombre de Yahvéh; “¡Oh Yahvéh, salva mi vida!”.
5 Misericordioso y justo es Yahvéh, compasivo nuestro Dios. 6 Yahvéh guarda a los sencillos; estaba yo postrado y me salvó. 7 Vuelve, oh alma mía, a tu reposo, porque Yahvéh te ha hecho bien.
8 Ha guardado mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas y mis pies de resbalar. 9 Andaré delante de Yahvéh en la tierra de los vivientes. Mantuve mi fe, aun cuando decía: “¡Muy desgraciado soy!”, 11 y en mi turbación llegué a decir: “Todos los hombres son mentirosos”.
12 ¿Qué pagaré a Yahvéh por toda su bondad para conmigo? 13 Alzaré la copa de salvación e invocaré el nombre de Yahvéh. 14 Cumpliré mis votos a Yahvéh delante de todo su pueblo. 15 Mucho vale a los ojos de Yahvéh la muerte de sus santos. 16 Oh Yahvéh, yo soy tu siervo, siervo tuyo soy, hijo de tu sierva, tú desatas mis ligaduras. 17 Te ofreceré sacrificio de alabanza e invocaré el nombre de Yahvéh. 18 Cumpliré mis votos a Yahvéh en presencia de todo su pueblo, 19 en los atrios de la casa de Yahvéh, en medio de ti, oh Jerusalén. ¡Aleluya!
Alabanza y votos cumplidos (12-14, 17-19)
Continuación:
Lo que el poeta hace, la presentación de la ofrenda de acción de gracias en el templo y su alabanza, lo hace en cumplimiento de un voto (14). Ningún precepto de la ley obligaba al israelita a hacer votos en ninguna situación, pero si alguien los hacía debía cumplirlos. Muchas personas han clamado a Dios en momentos de gran tribulación y han hecho promesas que cumplirían si Dios los libraba de su situación; pero una vez librados todo lo prometido ha quedado sepultado en el olvido. Incluso algunos creyentes, en horas críticas de su vida, hicieron votos de una mayor consagración al Señor; pero, superada la crisis, todo siguió igual en su modo de vivir la fe, todo se mantuvo en las mismas zonas de tibieza, indiferencia e inacción. No se trata de prometer, se trata de cumplir.
La alabanza del salmista, el cumplimiento de su votos, el testimonio de su experiencia vivida gracias a la liberación divina, no tendrían lugar en un ámbito privado, en la esfera de la piedad individual o de un círculo reducido de familiares y amigos, sino “delante de todo su pueblo” (14, 18). El redimido por Dios ha de vivir en comunión con el pueblo de Dios. Es sospechosa la piedad cultivada en solitario. El salmista no era únicamente deudor a Dios; también lo era respecto a sus hermanos, la fe de los cuales podría beneficiarse de su testimonio. Siempre ha sido deber moral de todo creyente contribuir con su parte a la edificación de la comunidad de la fe (cf. Colosenses 3:16; 1ª Corintios 12:7). De ese modo la glorificación del nombre de Dios ya no es cosa de una sola persona; es privilegio de toda la congregación. A ella va dirigida la palabra final del salmo, que no es allelí (alaba), sino allelú (alabad) Yah. ¡Alabad a Yahvéh! ¡Aleluya!
Continuará>
SALMOS ESCOGIDOS
José M. Martínez
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