Queridos hermanos en la fe y amigos, de Amor Fraterno.
Continuamos con el estudio de la Biblia, la Palabra de Dios.
Un estudio de todos los libros de la Biblia, que en su versión original se llama: “Thru the Bible” (A través de la Biblia). Preparado por el teólogo y profesor de Biblia, J. Vernon McGee. En la versión española, traducido, adaptado, y presentado por Virgilio Vangioni, profesor de Biblia.
Si dispones de unos minutos, te aconsejamos que leas o escuches estos mensajes sobre las epístolas del apóstol Pablo a los Corintios. Hará bien a tu vida, porque además de adquirir conocimiento, crecerás en sabiduría en la Palabra de Dios.
Dios bendiga Su Palabra en tu corazón.
--------------
PABLO RENUNCIA A SU DERECHO POR AMOR AL EVANGELIO
1ª CORINTIOS 9:10-24
Pablo siguió diciendo en los versículos 10 y 11, de este capítulo 9 de la primera Epístola a los Corintios:
10¿Se preocupa Dios por los bueyes, o lo dice enteramente por nosotros? Sí, por nosotros se escribió esto, porque con esperanza debe arar el que ara y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto. 11Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿será mucho pedir que cosechemos de vosotros lo material?
Pablo mencionó eso también en su carta a los Gálatas capítulo 6, versículo 6, diciendo que, “al que se le enseña la palabra, que comparta toda cosa buena con el que le enseña”.
Si algunos nos han dado bendiciones espirituales, riquezas espirituales, entonces debemos compartir con ellos las bendiciones materiales que ellos necesitan para su supervivencia.
Ahora, él continuó diciendo en el versículo 12:
12Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros? Sin embargo, no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo.
Pablo tenía, entonces, el derecho para ser apoyado económicamente en su trabajo a favor de aquellos creyentes. Sin embargo, no quería hacer nada que fuera un obstáculo para la extensión del evangelio de Cristo. Por lo tanto, no recibía ninguna remuneración. Y se mantenía a sí mismo trabajando en su profesión, que era la fabricación de tiendas. Sin embargo, el método que Dios ha establecido es que aquellos que desarrollan un ministerio espiritual en beneficio de los creyentes y, en consecuencia, en beneficio de toda la iglesia, deben ser mantenidos por aquellos que se benefician de su ministerio.
Luego, el apóstol Pablo dijo en los versículos 13 y 14:
13¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del Templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? 14Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.
Ése es el método que Dios utiliza, estimado lector. Y no hay nada malo en que una persona dedicada al servicio del Señor, que está siendo una bendición para los demás, sea apoyada por ellos. Hemos descubierto que en su mayoría, cuando la gente recibe una bendición, apoya a las personas y al lugar donde está recibiendo la bendición.
Luego Pablo continuó diciendo en el versículo 15:
15Pero yo de nada de esto me he aprovechado, ni tampoco he escrito esto para que se haga así conmigo, porque prefiero morir, que permitir que alguno me prive de esta mi gloria.
Pablo no recibía sueldo. Por ello pudo decir que la iglesia de Corinto no le estaba manteniendo económicamente. Él no recibía nada de aquellos creyentes. Ya hemos visto que él vivía de la fabricación de tiendas.
Luego él dijo en el versículo 16:
16Si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme, porque estoy bajo el deber de hacerlo; pues ¡ay de mí si no predico el evangelio!
Comprendemos perfectamente el sentimiento de Pablo cuando hizo aquella declaración. Francamente hablando, sentimos el peso de esa necesidad. No nos atreveríamos a dejar de proclamar la Palabra de Dios. Por supuesto que no perderíamos nuestra salvación si no anunciáramos más el Evangelio, pero continuamos haciéndolo porque sentimos una fuerza, un impulso interior. Y además amamos la tarea de enseñar y predicar el Evangelio; nos agrada hacerlo.
Continuó, pues, el apóstol Pablo y dijo en los versículos 17 y 18 de este capítulo 9 de la primera Epístola a los Corintios:
17Por eso, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si lo hago en contra de mi voluntad, de todos modos, un encargo se me ha confiado. 18¿Cuál, pues, es mi recompensa? Que, predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, sin hacer pleno uso de mi derecho a vivir de mi trabajo en el anuncio del evangelio.
Pablo no predicaba motivado por una intención oculta, ni tampoco nosotros. Sin embargo, Dios ha prometido una recompensa. Y, en cuanto a nosotros, estamos convencidos de que no seremos defraudados.
Ahora, el apóstol Pablo dijo aquí en el versículo 19:
19Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar al mayor número.
El apóstol tuvo la libertad de convertirse él mismo en un esclavo, en un siervo. Y entonces vemos que expuso este testimonio tan conocido de su propio ministerio.
Leamos los versículos 20 al 23:
20Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la Ley como sujeto a la Ley (aunque yo no esté sujeto a la Ley) para ganar a los que están bajo la Ley; 21a los que están sin Ley, como si yo estuviera sin Ley (aunque yo no estoy sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin Ley. 22Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos. 23Y esto hago por amor del evangelio, para hacerme copartícipe de él.
Es como si el apóstol Pablo se viese a sí mismo como en una pista de carreras, como un atleta que está corriendo. ¿Y corriendo para qué? Para recibir un premio. Por ello dijo en el versículo 24:
24¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis.
En una competición atlética, sólo uno puede llegar primero. Pero en la carrera espiritual, todos podemos ganar el premio, si estamos difundiendo la Palabra de Dios. Y lo hacemos porque, al haber aceptado al Señor Jesucristo como Salvador, sentimos el impulso del Espíritu Santo, que nos hace ver las grandes necesidades del ser humano, tal como Dios las ve, con ese amor con que pudo exclamar por medio del profeta Isaías en su capítulo 45, versículos 21 y 22:
“¿No soy yo el Señor? No hay más Dios que yo, un Dios justo y salvador; no hay ninguno fuera de mí. Volveos a mí y sed salvos, todos los términos de la tierra; porque yo soy Dios, y no hay ningún otro”.
***
"Venid a mí,
todos los que estáis cansados y cargados,
y yo os haré descansar" Mateo 11:28