JESÚS, CONSUELA A SUS DISCÍPULOS

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JUAN R.G.

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Jul 4, 2012, 4:36:09 AM7/4/12
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Queridos hermanos y amigos, de Amor Fraterno.

Continuamos con el estudio de la Biblia, la Palabra de Dios.

Un estudio de todos los libros de la Biblia, que en su versión original se llama: “Thru the Bible” (A través de la Biblia). Preparado por el teólogo y profesor de Biblia, J. Vernon McGee. En la versión española, traducido, adaptado, y presentado por Virgilio Vangioni, profesor de Biblia.

Si dispones de unos minutos, te aconsejamos que leas o escuches estos mensajes sobre la vida y ministerio de Jesús, hará bien a tu vida, porque además de adquirir conocimiento, crecerás en sabiduría en la Palabra de Dios.

Dios bendiga Su Palabra en tu corazón.

En el amor de Cristo

 

Juan Rivera

 

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JESÚS, CONSUELA A SUS DISCÍPULOS

 

JUAN 14:1-4

 

Leamos pues el primer versículo de este capítulo 14 del evangelio según San Juan, en el cual JESUS CONSOLÓ A SUS DISCIPULOS:

1No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.

 

En este mismo momento, personas de todo el mundo están buscando consuelo. Anhelan conseguir la paz en sus corazones. Pero sólo Jesús puede traer aquel consuelo, aquella paz tan deseada. Y aquí, Jesús nos dejó la base para aquella fe: “Creéis en Dios, creed también en mí”, dijo el Señor. En el idioma griego, estas palabras pueden ser un imperativo o un mandato, traduciéndose entonces de la siguiente manera, “Creed en Dios. Creed también en mí”.

Ahora, junto con la palabra “creed” encontramos la preposición “eis” que significa “en.” Y cuando Juan habló en cuanto a la fe salvadora, siempre incluyó esta preposición. La fe no es inactiva ni pasiva. Significa creer en, o creer a. Es una fe activa, una confianza. Si usted cree que su automóvil le llevará a su casa, ¿cómo es que llega a su casa? ¿Simplemente creyéndolo? No. Usted cree lo suficiente en las aptitudes del vehículo como para fiarse efectivamente de él y pasar a la acción. Entra en él confiando que le va a llevar a su casa. Bueno, así es como uno se salva. Usted cree en Cristo y deposita su confianza en Él.

Hay quienes afirman que Jesús nunca enseñó acerca de Su deidad. Y nos gustaría saber qué es lo que Él dijo aquí en este primer versículo, si no se estaba haciendo igual a Dios. Su declaración aquí, aclaró muy bien que creer en Dios significa que usted no es un ateo. Pero para ser un cristiano es necesario tener una fe personal y una confianza en Cristo.

Leamos ahora el versículo 2 de este capítulo 14 de Juan:

2En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.

 

Vamos a dejar en claro en primer lugar, qué es la casa del Padre. La casa del Padre es este vasto universo en el cual usted y yo vivimos. Vivimos en uno de los planetas más pequeños. Somos simplemente una partícula en el espacio. Vivimos en la casa del Padre.

Puede ser pues, que vivamos en un universo infinito. Y si hay un universo infinito, debe haber un Dios infinito.

Nuestro Señor dijo: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay.” Y creemos que Jesús se sonrió un poco cuando dijo estas palabras. Él mismo fue quien las creó, y Él sabía cuántas había. Ahora, no sabemos acerca de la existencia de seres humanos en otros planetas. Pero somos nosotros, los que vivimos en este pequeño planeta, los que nos hemos rebelado contra Dios.

Usted y yo, creemos a veces que valemos algo, que tenemos algún valor. Bueno, no deseamos ofender a nadie, pero, estimado lector, ¿sabe usted que la raza humana no es digna de salvarse? Dios bien pudo habernos quitado de esta pequeña tierra, para empezar de nuevo. Pero, así no estaría demostrando Su amor. Estaría mostrando Su justicia, pero no Su amor. Dios es justo, pero también nos ama. Eso es lo asombroso y lo más maravilloso de todo. Dios nos ama. Le ama a usted y me ama a mí; no porque merezcamos ser amados, sino que nos ama a pesar del hecho de que estamos totalmente corrompidos. Pertenecemos a esa clase de raza humana. Y si tuviéramos dudas al respecto, sólo nos queda mirar dentro nuestro y a nuestro alrededor. Tiene que haber algo que esté radicalmente mal para que una civilización que ha alcanzado semejantes niveles de progreso, pueda presentar tantos elementos de autodestrucción y evidencias de decadencia.

“Si así no fuera, yo os lo hubiera dicho,” dijo Él. Y con esto implica que, o bien le creemos, o no le creemos. Prestemos atención a esta frase:

“Voy, pues, a preparar lugar para vosotros.” Este vasto universo está lleno de muchas moradas, y sin embargo Jesús ha ido a preparar un lugar especial para aquellos que son de Él.

Tratamos con un Dios grande y maravilloso. Jesús ha ido a preparar lugar para nosotros. Hoy en día, uno mira a los millones que habitan en este mundo y no puede menos que preguntarse: ¿no nos perderemos en medio de tan inmensa e incontable muchedumbre? La declaración que Jesús hace es que si usted es hijo de Dios, Él está preparando un lugar para usted. Nadie más lo podrá ocupar, sino solamente usted.

Continuemos leyendo el versículo 3, de este capítulo 14 del evangelio de Juan:

3Y si me voy y os preparo lugar, vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo esté, vosotros también estéis.

 

Esta es la primera vez en toda la Biblia, donde se menciona que Dios va a llevar a personas de este universo, para ir a un lugar que Él ha preparado. Esta no era la esperanza del creyente en el antiguo testamento. Dios nunca le prometió a Abraham, llevarle a alguna estrella lejana. Dios le dijo que haría su descendencia tan numerosa como las estrellas. Pero la promesa a Abraham fue el darle una morada eterna en esta tierra. La esperanza del Antiguo Testamento fue el establecimiento de un reino aquí en la tierra, donde moraría la paz, la justicia, y culminaría el cumplimiento del propósito de Dios para esta tierra.

Personalmente creemos que la expresión, “El reino de los cielos”, significa el reino de Dios sobre esta tierra. Ése es el propósito de Dios. Dice el Salmo 2, versículo 6:

“Pero yo he puesto mi rey sobre Sión, mi santo monte.”

Ése es el propósito terrenal de Dios, y Él está moviendo todo resueltamente, sin vacilar e inflexiblemente hacía el día en que ponga a Su propio Hijo en el trono aquí en la tierra. Ése será el reino de los cielos. Ése es el propósito terrenal de Dios. Ésa era la esperanza del Antiguo Testamento.

Los discípulos se sorprendieron cuando Jesús reveló que iba a llevar a un pueblo, comenzando con los apóstoles, fuera de esta tierra para estar con Cristo, en el lugar que Él estaba preparando. Esta fue la primera vez que tal revelación tenía lugar. Esta fue la primera vez, pero no la última. El apóstol Pablo habló de este tema, diciendo en su primera carta a 1os Tesalonicenses, capítulo 4, que:

“el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo.”

Vendrá para llamar y para llevar a los Suyos. Los muertos en Cristo resucitarán primero, y luego los creyentes que aún vivan serán arrebatados para recibir juntos al Señor en el aire. Y así todos estaremos siempre con el Señor en aquel lugar que Él nos ha preparado. El apóstol Juan en el libro del Apocalipsis 21 dijo que la ciudad, la nueva Jerusalén, descenderá de Dios, desde el cielo. Será una nueva ciudad, un nuevo concepto de vivienda urbana, y allí es donde los creyentes, a partir de los apóstoles, morarán por toda la eternidad.

Continuemos leyendo el versículo 4 de este capítulo 14 de Juan:

4Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino.

 

Jesús estaba elevando a estos hombres a las alturas, porque allí en el aposento alto la sombra de la cruz se había proyectado sobre aquel grupo, y el pecado había llamado a la misma puerta de aquella sala, reclamando su parte. Nuestro Señor trataba de elevarles de lo presente, a lo futuro; de lo material, a lo espiritual; y de lo terrenal, a lo celestial. Jesús les dijo dos cosas: el destino, que es el “dónde,” y el camino, o sea, “cómo” llegar a ese destino.

Aquellas palabras de Jesús, con las cuales concluimos nuestro estudio de hoy, están dirigidas a nosotros también, en tiempos en los cuales los pensamientos y preocupaciones de la mayoría de los seres humanos parecen embargados por el presente, por lo material y por las circunstancias de esta tierra. En nuestro próximo estudio, al continuar con este capítulo, veremos que el diálogo entre Jesús y los suyos estaba por concretarse en un tema muy importante, es decir, en la forma de hacer realidad lo que Él les estaba prometiendo.

 

Jn. 14.1-4.mp3
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