HIMNOS (2)
Continuación:
Ocasionalmente el canto del himno era antifonal. Una parte la cantaba un sacerdote o levita (o un coro de ellos) y otra la congregación. Probablemente así se cantaba el Salmo 136, en el que la invitación sacerdotal a la alabanza con expresión de los títulos y actos de Dios es seguida reiteradamente por la respuesta invariable del pueblo: “porque para siempre es su misericordia”. En otros casos pudo haber alternancia entre el canto de un solista y el de un coro. Pero, sin duda, en cualquier caso el pueblo se gozaba en aquellas alabanzas que prestaban alas a su fe y hacían del culto una auténtica fiestas.
Se observa en los himnos una gran variedad en cuanto a los motivos de la alabanza. Hay salmos de loor al Dios de la creación (8; 19; 19; 148). Algunos ensalzan al Dios de la providencia (65; 104). Otros, al Dios de la historia (mención especial se hace de su intervención en el Éxodo y en la conquista de la tierra prometida (36; 46; 66; 68; 76; 78; 89; 105-107; 114; 136). Motivo destacado de alabanza es también la misericordia divina; se canta al Dios de gracia y de salvación (Salmo 30; 40; 103; 107; 138; 145). Pueden incluirse entre los himnos los llamados “cánticos de entronización de Yahvéh”, en los que se ensalza a Dios como rey (93; 97; 99; además 47;96; 98). Otro grupo de himnos lo constituyen los “cánticos de Sión” (46; 48; 76; 87; 132), en los que se celebra la victoria de Dios sobre sus enemigos en Jerusalén. Hallamos asimismo salmos en los que se entrelazan varios de los motivos mencionados o se añaden otros, tales como el justo juicio de Dios y/o su fidelidad (Salmo 111; 146).
Los llamados “cánticos de Sión” constituyen un subgrupo. En ellos se cantan las excelencias y la gloria del santuario o, en un sentido más amplio, de la ciudad de Jerusalén, de la que el templo era verdadero corazón (84; 87; 122). El nombre deriva de Salmo 137:3. Parcialmente se hallan en otros himnos (Salmo 29:9; 68:16 ss.; 93:5; 96:6). El Salmo 132, aunque no es propiamente un himno, puede ser también incluido entre los cantos de Sión. La profusión de éstos, como salmos completos o como alusiones intercaladas en otras composiciones, nos permite apreciar el gran valor espiritual que para los israelitas tenía la “casa de Dios”.
La estructura de los himnos suele ajustarse, aunque no siempre de manera rigurosa, a esquemas más o menos fijos. El comienzo mes normalmente una invitación a la alabanza en formas varias de imperativo. Unas veces la invitación se hace de modo directo, segunda persona plural de imperativo (“alabad”, “cantad”, “dad gracias”, etc.). Otras, usando la tercera persona de plural (“den gracias”, “alaben”, etc.), o en primera persona plural (“aclamemos”, “demos gracias”, “alabemos”, etc.).
Continuará>
SALMOS ESCOGIDOS
José M. Martínez
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