AUTORES DE LOS SALMOS

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Juan R.

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May 24, 2021, 2:01:02 AM5/24/21
to amor-fraterno

AUTORES DE LOS SALMOS

 

Autores

Podría pensarse que la paternidad literaria de los Salmo no presenta en la mayoría de ellos ninguna dificultad, ya que los títulos o inscripciones que los encabezan parecen determinar el nombre del poeta que los compuso. Según tales títulos, deberían atribuirse a David setenta y tres salmos; dos a Salomón (72 y 127); once a los hijos de Coré (42-49, 84, 85, 87); once a Asaf (73-83); uno a Moisés (90); uno a Hemán (88) y uno a Etán (89). Los restantes habrían de considerarse anónimos. Sin embargo, ésta es una cuestión debatida.

Las opiniones varían entre dos extremos: el de ver en David el autor de la mayor parte del Salterio y el de regatear o negar totalmente su participación en la composición del mismo. Todo depende del valor que se conceda a los encabezamientos. Éstos aparecen en numerosas versiones en letra de menos tamaño, dando a entender que no forman parte del texto original. Pero en el Antiguo Testamento hebreo aparecían formando parte del texto. En algunos Salmos constituyen el primer versículo; en otros, el título que se une al texto del v. 1 de nuestras versiones formando un solo versículo. ¿Permite el examen crítico de tales datos llegar a conclusiones concretas?

Según Weiser, “no puede caber la menor duda de que la tradición tardía interpretaba dichos títulos como indicaciones de autoría (2º Crónicas 29:30; Marcos 2:13; Mateo 22:43 ss.); esto es particularmente cierto por lo que respecta al sobrescrito 1e dawid (perteneciente a David)” (A. Weiser, The Psalms, SCM, 94). No obstante, Weiser no comparte la opinión de que David fuera autor de todos los Salmos que se atribuyen y se inclina a sostener que ninguno de los títulos indica al autor auténtico. Tal suposición, sin embargo, carece de apoyo sólido y no tiene en cuenta que la tradición que los transmitió no parece demasiada tardía, pues las indicaciones sobre ejecución musical resultaron harto difíciles para los traductores de la Septuaginta en el siglo III a.C., a causa, sin duda, de la antigüedad de aquéllas.

El valor de las inscripciones que encabezan muchos Salmos no debiera ser menospreciado ligeramente. En el caso concreto de los atribuidos a David ha de tenerse en cuenta que él era el “dulce cantor de Israel” (2º Samuel 23:1), músico hábil (Amós 6:5), poeta de gran sensibilidad, creyente piadoso espiritualmente enriquecido con las más variadas experiencias, lo que le capacitaba para hacer aportaciones valiosísimas al salterio israelita. El libro de Jased, que recogió la elegía de David compuesta con motivo de la muerte de Saúl y Jonatán (2º Samuel 1:17 ss.), ¿no contendría otras composiciones poéticas del mismo autor? ¿Es ilógico suponer que su capacidad lírica se tradujo en una rica producción poética originaria de la primera colección de Salmos?

No parecen muy sólidas las razones para afirmar lo contrario. Las relativas al lenguaje, por ejemplo, adolecen de liviandad. Asegurar que un lenguaje de época tardía, con presencia de arameísmo, muestra inequívocamente una fecha de composición igualmente tardía es ignorar el proceso de adaptación lingüística que suele darse a medida que una obra literaria se reproduce en épocas sucesivas. Este hecho se observa en no pocas versiones de la Biblia, en las que se introducen variaciones sucesivas con objeto de eliminar formas arcaicas de lenguaje y adaptar los textos al lenguaje contemporáneo. Nada tiene de particular que el texto de salmos compuesto por David fuese revisado y actualizado lingüísticamente por compiladores de épocas posteriores.

Podemos concluir con H. C. Leupold que “difícilmente se puede considerar razonable la exigencia absoluta de que no se conceda fiabilidad a los encabezamientos de los salmos a menos que se demuestre la autoría por el contenido de los mismos. Con tales cánones de crítica literaria ninguna declaración sobre paternidad literaria podría mantenerse en circunstancias semejantes. Más bien nos permitimos expresar la opinión de que lo correcto del título sólo debería discutirse en el caso de que apareciese una contradicción real respecto a los hechos conocidos de la vida de David entre el título y el contenido del salmo” (H. C. Leupold, Exposition of psalms, Evangelical Press, 1972/, 6).

Aun admitiendo la posibilidad de que algunos de los salmos atribuidos a David no fuesen obra directa de éste, sino de algún otro autor inspirado en los compuestos por el gran rey, como sugiere R. H. Harrison (R. H. Harrison, Introduction to the OT, 982 s.), es razonable pensar que la producción davídica constituyó el núcleo del Salterio hebreo.

Con todo, la cuestión relativa a autoría no es de la máxima importancia. En cualquier caso, identificados o anónimos, los autores fueron hombres de aquilatada piedad. Con sus dotes líricas, bajo la inspiración del Espíritu, nos han transmitido las hondas resonancias que la Palabra de Dios tuvo en ellos, y desde sus días se han reproducido en el alma de un sinnúmero de creyentes.

 

SALMOS ESCOGIDOS

José M. Martínez

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