A LIBERTAD FUISTEIS LLAMADOS

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J. Rivera

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Mar 3, 2016, 2:41:24 AM3/3/16
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Queridos hermanos en la fe y amigos, de Amor Fraterno.

Continuamos con el estudio de la Biblia, la Palabra de Dios.

Un estudio de todos los libros de la Biblia, que en su versión original se llama: “Thru the Bible” (A través de la Biblia). Preparado por el teólogo y profesor de Biblia, J. Vernon McGee. En la versión española, traducido, adaptado, y presentado por Virgilio Vangioni, profesor de Biblia.

Si dispones de unos minutos, te aconsejamos que leas o escuches estos mensajes sobre la epístola del apóstol Pablo a los Gálatas. Hará bien a tu vida, porque además de adquirir conocimiento, crecerás en sabiduría en la Palabra de Dios.

Dios bendiga Su Palabra en tu corazón.

 

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A LIBERTAD FUISTEIS LLAMADOS

 

GÁLATAS 5:10-13

 

Veamos ahora el versículo 10:

10Yo confío respecto de vosotros en el Señor, que no pensaréis de otro modo; pero el que os perturba llevará la sentencia, quienquiera que sea.

 

Pablo creyó que los Gálatas, en última instancia, iban a rechazar la enseñanza de los judaizantes. Él dijo aquí que confiaba en ellos, y en que cuando tuvieran los pies sobre el suelo y apartaran su cabeza de entre las nubes, regresarían al Evangelio que les había sido predicado originalmente, y entonces se darían cuenta de que la enseñanza de los judaizantes había sido una intromisión; que había sido como la levadura.

Y en el versículo 11, leemos:

11En cuanto a mí, hermanos, si aún predicara la circuncisión, ¿por qué padezco persecución todavía? En tal caso se habría quitado la ofensa de la cruz.

 

Esto es algo importante de notar. Él dijo. “Si aún predicara la circuncisión, ¿por qué padezco persecución todavía?”

El añadir algo al Evangelio lo hace aceptable. El Evangelio, por sí mismo, no es aceptable para el hombre natural. La predicación del Evangelio contraría a algunas personas. Pablo estaba diciendo: “Si estoy incluyendo algo más en el Evangelio, ¿por qué estoy siendo perseguido?”

Y continuó diciendo en este versículo: “En tal caso se habría quitado la ofensa de la cruz”. En realidad, la cruz de Cristo es una ofensa para todo aquello de lo cual el hombre se enorgullece. Es una ofensa para su moralidad porque le dice que sus obras no le pueden justificar ante Dios.

Es una ofensa para su filosofía porque apela a la fe y no a la razón.

Es una ofensa para la cultura del hombre porque sus verdades son reveladas a los niños.

Es una ofensa para su sentido de categoría social porque prefiere a los pobres y humildes.

Es una ofensa para su voluntad porque requiere una rendición incondicional.

Es una ofensa para su orgullo porque muestra la extremada maldad del corazón humano.

Y es una ofensa para su propia identidad, porque le dice que tiene que nacer otra vez espiritualmente.

Recordemos que esta última condición fue casi insultante para aquel fariseo llamado Nicodemo, en aquella noche en la que Jesús le dijo, a alguien tan religioso como él, que tenía que nacer otra vez. Por la misma razón, muchos predicadores o maestros que están proclamando la necesidad de experimentar un nuevo nacimiento tienen problemas con sus oyentes. A muchos no les agrada escuchar esta idea porque creen que están bien tal como se encuentran. Esta afirmación les suena como un insulto. La cruz es una ofensa, sí, pero debemos evitar magnificarla.

Un profesor en un seminario dijo en cierta ocasión algo muy sabio:

“Jóvenes, no disminuyan para nada la sustancia del evangelio. No lo cambien, porque el evangelio tiene el tropiezo, la ofensa de la cruz. Tienen que reconocerlo, pero no magnifiquen la ofensa”. Hasta aquí la cita.

A veces resultamos ofensivos por la manera en que presentamos el Evangelio. Que el Señor nos perdone por actuar de esa forma. Estamos seguros que la mayoría de nosotros que ha intentado comunicar el Evangelio no quiere ofender personalmente a nadie. En todo caso, que no seamos ni usted ni yo los que contrariemos a las personas, sino que sea el mensaje mismo del Evangelio el que las contraríe y ofenda.

Ahora, en el versículo 12, de este capítulo 5, leemos:

12¡Ojalá se mutilaran los que os perturban!

 

O sea, me agradaría que esos judaizantes fuesen quitados de entre vosotros. Otra versión de este versículo, añade un significado más a estas palabras. En ese caso, Pablo hablaría con sarcasmo sugiriendo que sus contradictores, los judaizantes, no se limitaran a circuncidarse sino que lleguen al extremo de castrarse (o mutilarse). Sería una posible alusión a ciertos ritos paganos practicados en Galacia, como hacían los sacerdotes del culto a Cibeles, en Asia menor, y quizás se referiría también a Deuteronomio capítulo 23, versículo 1, donde se excluía del pueblo al que se hubiera mutilado de esta manera. Y además, la impotencia reproductora resultante de la castración ilustraba el deseo del apóstol, de que ellos no produjeran nuevos conversos a sus falsas enseñanzas.

Ahora, en el versículo 13, continuó diciendo el apóstol:

13Vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para dar rienda suelta a vuestras pasiones, sino servíos por amor los unos a los otros,

 

Hay tres métodos para tratar de vivir la vida cristiana. Dos de estos métodos no dan resultado. Uno, es una vida de legalismo, que el apóstol Pablo ya había estado comentando. El segundo, es una vida licenciosa, de dar rienda suelta a los instintos de la naturaleza humana pecaminosa que el apóstol Pablo discutió en su epístola a los Romanos capítulo 6. Allí se planteó la pregunta: “¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia?”

Y la respuesta de Pablo fue: “¡De ninguna manera!”.

Usted no puede vivir en pecado y ser creyente. Ahora, puede que usted caiga en el pecado, pero dejará ese pecado, saldrá de esa situación. ¿Recuerda usted la parábola del hijo pródigo, que estudiamos en Lucas capítulo 15?

Cuando el hijo pródigo se hundió en la miseria, entró a una pocilga para intentar comer la comida de los cerdos, pero no se quedó a vivir en ese lugar. Salió de allí. Por lo tanto, la vida del creyente no es una vida de legalismo, ni tampoco es una vida licenciosa.

El tercer método para vivir la vida cristiana es una vida de libertad y en el resto del capítulo el apóstol nos dará a nosotros el modo de proceder para vivir en libertad. La vida de legalismo no sólo incluye los Diez Mandamientos, sino también un grupo de reglas que algunos creyentes en la Biblia han establecido para sí mismos e intentan seguirlas. Entre esas reglas se dictamina, por ejemplo, a qué lugares puede ir un creyente, y cuáles no puede ir y cuestiones relacionadas con la ropa que no se debe usar, el arreglo personal en general, y a veces, normas de comida y bebida.

Ahora, el apóstol Pablo estaba diciendo que uno puede cumplir con cada uno de los Diez Mandamientos y aún así, no vivir la vida cristiana. Incluso usted puede cumplir no sólo los Diez Mandamientos sino también cualquier norma o regla que otros le impongan para regular su vida, y aún así, usted no estaría viviendo la vida cristiana.

También están aquellos que se van al otro extremo: se oponen a toda ley y norma, pensando que pueden hacer lo que les parezca y al mismo tiempo dicen que viven la vida cristiana. Pero la vida cristiana no es ni un extremo ni el otro. Es una libertad que se vive unido a Cristo.

Prestemos atención a otra frase del versículo 13: “solamente que no uséis la libertad como ocasión para dar rienda suelta a vuestras pasiones”.

¿Qué significa para el creyente el Evangelio de la gracia?

Es la Gracia y no la Ley la que nos libera de hacer el mal y nos permite hacer el bien. La gracia no nos pone en libertad para pecar, sino que nos libera del pecado. Es que el creyente debería desear el agradar a Dios, no porque debe agradarle como un esclavo, sino porque es un hijo, o una hija, y quiere complacer a su Padre. El creyente hace lo que Dios quiere, no porque teme hacerlo de otra manera, como si Él fuera un enemigo, sino porque quiere hacerlo, porque Dios es su amigo. Dios es el que le ama, él sirve a Dios, no por presiones externas como la Ley, sino a causa de un gran principio interior inclusive mejor; la vida de Cristo que está dentro de él.

Nosotros servimos a Dios porque le amamos. El Señor Jesús les dijo a sus discípulos en el Evangelio de Juan capítulo 14, versículo 15: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”.

Toda la base de la obediencia es una relación de amor con Él. La ley nunca habría podido llevarnos a esa situación. En primer lugar era negativa. Producía una bondad negativa, que es el tipo de bondad que mucha gente tiene hoy. Esa bondad negativa es una bondad legalista, que le lleva a decir: “no hago esto, no hago aquello”. Pero ¿qué hace usted? Es que todos los sistemas de normas de conducta producen únicamente una bondad negativa. Nunca se elevan a una esfera de bondad positiva en la que uno hace cosas para agradar a Dios por el mismo amor de complacerle. Dios quiere que le sirvamos con esa clase de fundamento.

 

***

"Venid a mí,

todos los que estáis cansados y cargados,

y yo os haré descansar" Mateo 11:28

 

http://amorfraterno.org/

 

Gálatas 5.10-13.mp3
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