Queridos hermanos en la fe y amigos, de Amor Fraterno.
Continuamos con el estudio de la Biblia, la Palabra de Dios.
Un estudio de todos los libros de la Biblia, que en su versión original se llama: “Thru the Bible” (A través de la Biblia). Preparado por el teólogo y profesor de Biblia, J. Vernon McGee. En la versión española, traducido, adaptado, y presentado por Virgilio Vangioni, profesor de Biblia.
Si dispones de unos minutos, te aconsejamos que leas o escuches estos mensajes sobre la iglesia primitiva. Hará bien a tu vida, porque además de adquirir conocimiento, crecerás en sabiduría en la Palabra de Dios.
Dios bendiga Su Palabra en tu corazón.
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PABLO APELÓ AL CÉSAR
HECHOS 25:12-22
Continuamos hoy nuestro recorrido por el capítulo 25 de los Hechos. Y en nuestro programa anterior, dijimos que había quienes creían que cuando Pablo había apelado a César, aquí en la última parte del versículo 11, se había equivocado, había cometido un error. Pero dijimos que nosotros no compartíamos esa opinión. Por el contrario, creemos que Pablo obró correctamente al apelar a César. Pablo era un ciudadano romano y lo que hizo fue simplemente ejercer sus derechos de ciudadano, un procedimiento completamente normal y correcto. Él sabía con toda seguridad que su regreso a Jerusalén solo significaría su muerte. Ahora, Pablo no tenía complejos de mártir ni era su deseo ofrecerse deliberadamente como mártir. De modo que lo que hizo aquí fue evitar un martirio seguro.
También dijimos que había otro asunto que debíamos considerar en cuanto a esta decisión de Pablo, de apelar a César. En el capítulo 23, vimos que dos años antes, el Señor había aparecido ante Pablo y le había prometido que iría hasta la ciudad de Roma. Ahora, no le había dicho cómo iría a Roma. Le tocó ir encadenado y éste fue el método que Dios había escogido para él. Cuando Pablo escribió su carta a los Romanos, él dijo que estaba orando para que Dios le permitiera visitar Roma y les pidió a los creyentes que oraran para que ese viaje se convirtiera en realidad. Dijimos también que no hay duda alguna que Pablo era un hombre que respetaba la autoridad del gobierno. Pero que reconoció a la vez, que no estaba recibiendo un trato justo. Y por lo tanto, presentó una apelación legal. Pablo tenía su ciudadanía romana y la voluntad de Dios era que él hiciera valer sus derechos como ciudadano.
Es muy interesante observar cómo Dios guía a algunos de una manera, y a otros, de otra manera. Otras personas quizá no hubieran podido haber demandado la protección de la ciudadanía romana, como lo hizo Pablo. En aquellos tiempos esa ciudadanía era un privilegio, a la vez que una garantía de protección legal y física, por medio de la cual el apóstol recibió protección en momentos claves de su vida. Recordamos además que Moisés por ejemplo, solo tenía una vara en su mano, simplemente una vara, cuando Dios le llamó para liberar a un pueblo. Pero la había usado para Dios, poniéndola a su disposición. Por su parte Pablo tenía su ciudadanía romana, era como si tuviera una vara en su mano, un recurso provisto por Dios para servirle y honrarle y ciertamente la usó para glorificar a Dios.
Continuaremos hoy considerando la comparecencia de Pablo ante Festo, leyendo el versículo 12 de este capítulo 25 de los Hechos:
12Entonces Festo, habiendo hablado con el consejo, respondió:
—A César has apelado; a César irás.
Festo se vio obligado a acceder a esta demanda de Pablo. No podía impedir que Pablo fuera a Roma al tribunal del César.
Continuemos con el versículo 13, para ver como el rey Agripa y Berenice vinieron a visitar a Festo.
13Pasados algunos días, el rey Agripa y Berenice vinieron a Cesarea para saludar a Festo.
Ahora, Festo acababa de asumir su cargo como gobernador, y por lo tanto el rey vino a visitarlo. Creemos que todos estos políticos trabajaban juntos. En cierto sentido, todos pertenecían al mismo bando.
Prosigamos con los versículos 14 y 15 de este capítulo 25 de los Hechos:
14Como se quedaron allí muchos días, Festo expuso al rey la causa de Pablo, diciendo:
—Un hombre ha sido dejado preso por Félix, 15respecto al cual, cuando fui a Jerusalén, se me presentaron los principales sacerdotes y los ancianos de los judíos, pidiendo condenación contra él.
Agripa y Berenice se quedaron allí por mucho tiempo. Pero, parece que por fin no hubo más de qué hablar. Aun a un rey y a un gobernador, por fin se les puede terminar el tema de conversación. De modo que cuando se produjo una pausa, creemos que Festo comenzó a exponerle a Agripa el caso de Pablo. Y continuó Festo hablando aquí en el versículo 16 de este capítulo 25 de los Hechos, y le dijo a Agripa:
16A éstos respondí que no es costumbre de los romanos entregar a alguien a la muerte antes que el acusado tenga delante a sus acusadores y pueda defenderse de la acusación.
Quisiéramos hacer aquí una observación. A veces hemos creído que la ley romana no era justa porque hemos visto cómo falló su aplicación en el caso del Señor Jesucristo, y también en el caso del apóstol Pablo. Pero, estos errores no se debieron a la ley misma sino a los políticos corruptos. En la actualidad aún operamos bajo muchos de los principios de la ley romana, según la cual no se puede sentenciar a muerte a ninguna persona, hasta que haya sido traída ante sus acusadores, y hasta que la acusación en su contra haya sido probada. Aquí vemos, pues, que esta ley no había sido aplicada en el caso del apóstol Pablo porque Félix y Festo estaban valiéndose de la política para lograr sus propios designios y ambiciones personales. Y continuó Festo hablando al rey Agripa y le dijo aquí en los versículos 17 al 19 de este capítulo 25 de los Hechos:
17Así que, habiendo venido ellos juntos acá, sin ninguna dilación, al día siguiente, sentado en el tribunal, mandé traer al hombre. 18Y estando presentes los acusadores, ningún cargo presentaron de los que yo sospechaba, 19sino que tenían contra él ciertas cuestiones acerca de su religión y de un cierto Jesús, ya muerto, que Pablo afirma que está vivo.
Ahora, observemos que el punto en cuestión era siempre el mismo. Era la resurrección. Y aquí vemos una vez más que Pablo había testificado en cuanto a la resurrección de Jesucristo, a fin de que Festo estuviera enterado de ella. Y continuó Festo hablando y dijo en los versículos 20 al 22:
20Yo, dudando en cuestión semejante, le pregunté si quería ir a Jerusalén y allá ser juzgado de estas cosas. 21Pero como Pablo apeló para que se le reservara para el conocimiento de Augusto, mandé que lo custodiaran hasta que lo enviara yo a César.
22Entonces Agripa dijo a Festo:
—Yo también quisiera oír a ese hombre.
Y él le dijo:
—Mañana lo oirás.
En realidad Festo aquí se encontraba en una situación difícil. La acusación presentada contra Pablo era la de sedición, y si era culpable debía morir; pero no había pruebas de que hubiera cometido crimen alguno. Ahora, Pablo había apelado a César. ¿Qué iba a hacer uno con un preso como éste? Por lo tanto, Festo le pidió ayuda al rey Agripa. Creemos que Agripa ya había oído hablar acerca de Pablo y que en verdad estaba ansioso por escucharle. Quería saber más en cuanto a las acusaciones, y quería oír lo que Pablo tenía que decir. De modo que, fijaron una audiencia.
Es interesante ver cómo esta audiencia fue arreglada para Pablo, ante un rey y un gobernador. Y al concordar en esto, en todo momento estaban cumpliendo la profecía del Señor, aunque no eran conscientes de ello. Pablo tenía que comparecer ante reyes, tal como el Señor se lo había anunciado.
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"Venid a mí,
todos los que estáis cansados y cargados,
y yo os haré descansar" Mateo 11:28