EL JUICIO CONTRA TIRO
El capítulo 23, al que hoy llegamos, trata sobre la profecía contra Tiro y Sidón. Éstas eran dos grandes ciudades de los fenicios.
Las naves de Fenicia visitaban todos los puertos del mar Mediterráneo, y aun se arriesgaban a viajar por el océano bordeando la costa de la Península Ibérica para llegar a Gran Bretaña, de donde extraían estaño. Los fenicios establecieron, entre otras, la ciudad de Cartago, en el norte de África. Chipre debía su prosperidad al intercambio comercial con Tiro. Existieron otros centros que fueron fundados por los fenicios, por ejemplo, la ciudad de Tarsis en la costa sur de España.
“1Profecía sobre Tiro. Aullad, naves de Tarsis, porque destruida es Tiro hasta no quedar casa, ni a donde entrar; desde la tierra de Quitim les es revelado. 2Callad, moradores de la costa, mercaderes de Sidón, que pasando el mar te abastecían. 3Su provisión procedía de las sementeras que crecen con las muchas aguas del Nilo, de la mies del río. Fue también emporio de las naciones. 4Avergüénzate, Sidón, porque el mar, la fortaleza del mar habló, diciendo: Nunca estuve de parto, ni di a luz, ni crié jóvenes, ni levanté vírgenes. 5Cuando llegue la noticia a Egipto, tendrán dolor de las nuevas de Tiro. 6Pasaos a Tarsis; aullad, moradores de la costa. 7¿No era ésta vuestra ciudad alegre, con muchos días de antigüedad? Sus pies la llevarán a morar lejos. 8¿Quién decretó esto sobre Tiro, la que repartía coronas, cuyos negociantes eran príncipes, cuyos mercaderes eran los nobles de la tierra? 9Jehová de los ejércitos lo decretó, para envilecer la soberbia de toda gloria, y para abatir a todos los ilustres de la tierra. 10Pasa cual río de tu tierra, oh hija de Tarsis, porque no tendrás ya más poder. 11Extendió su mano sobre el mar, hizo temblar los reinos; Jehová mandó respecto a Canaán, que sus fortalezas sean destruidas. 12Y dijo: No te alegrarás más, oh oprimida virgen hija de Sidón. Levántate para pasar a Quitim, y aun allí no tendrás reposo. 13Mira la tierra de los caldeos. Este pueblo no existía; Asiria la fundó para los moradores del desierto. Levantaron sus fortalezas, edificaron sus palacios; él la convirtió en ruinas. 14Aullad, naves de Tarsis, porque destruida es vuestra fortaleza. 15Acontecerá en aquel día, que Tiro será puesta en olvido por setenta años, como días de un rey. Después de los setenta años, cantará Tiro canción como de ramera. 16Toma arpa, y rodea la ciudad, oh ramera olvidada; haz buena melodía, reitera la canción, para que seas recordada. 17Y acontecerá que al fin de los setenta años visitará Jehová a Tiro; y volverá a comerciar, y otra vez fornicará con todos los reinos del mundo sobre la faz de la tierra. 18Pero sus negocios y ganancias serán consagrados a Jehová; no se guardarán ni se atesorarán, porque sus ganancias serán para los que estuvieren delante de Jehová, para que coman hasta saciarse, y vistan espléndidamente” (Isaías 23:1-18).
Versículos 1 al 5. Las naves fenicias regresan a Tiro desde Tarsis, y a los tripulantes les llega la noticia de que Tiro ha sido destruida. Al acercarse al puerto, ven el humo que se eleva de la ciudad. La ciudad ha sido arrasada y el puerto bloqueado. Ya no será más un gran centro comercial.
Sidón se encuentra en la costa, a unos 50 kilómetros de distancia de Tiro. Tiro y Sidón se desarrollaban juntas. Los comerciantes importantes de Sión habían convertido a Tiro en la gran ciudad que era. La profecía sobre la destrucción de Tiro se ha cumplido literalmente, pero contra Sidón no fue profetizada ninguna destrucción, y continúa siendo una ciudad en la actualidad. Fue también emporio de las naciones.
Aquí se menciona la parte superior del río Nilo, cuyo sedimento inundaba Egipto convirtiéndolo en una tierra fértil. Ahora, la riqueza de Egipto había pasado a través del puerto de Tiro, y como ésta ya había llegado a su fin, iba a producirse una verdadera depresión.
Se sugiere aquí que Tiro era la hija de Sidón (v. 4).
La destrucción de Tiro arruinó el comercio de Egipto.
Versículos 6 al 9. La caída de Tiro causó un lamento universal, aun para una colonia que se encontraba muy lejos, Tarsis. Algunos de los habitantes de Tiro escaparon en barcos a Tarsis cuando Nabucodonosor destruyó la ciudad.
A la población de Tiro se les recomendó que huyeran lo más lejos posible, porque esa ciudad que había sido tan alegre había llegado a su fin.
Aquí (v. 8), se dice aquí que Tiro, repartía coronas. Se refiere a que Tiro establecía colonias.
Dios había determinado la destrucción de Tiro (v. 9).
Versículos 10 al 17. El río que se menciona es el Nilo. Ahora la colonia de Tarsis era libre de actuar como le agradara, ya que Tiro había caído y ya no podía controlarla.
Dice aquí: “no tendrás ya más poder”. Esto significa que la colonia ya no tenía ninguna atadura que la sujetara.
Anteriormente a Tiro se le ha llamado: “ciudad alegre” y “ciudad que repartía coronas”, aquí se dice de ella que “Extendió su mano sobre el mar”. Es una forma de llamarla: ciudad comercial (v. 11).
Lo que en el (v. 4) se sugiere, en el (v. 12) se aclara. Tiro era la hija de Sidón. Sidón era más antigua, y los comerciantes ricos de allí habían fundado Tiro y le habían dado su prestigio. La alegría de sus moradores por la prosperidad iba a desaparecer, tanto en Tiro como Sidón y sufrirían. Dios ha levantado a Babilonia para destrucción.
Tiro iba ser conducida a un cautiverio que duraría 70 años. Una vez transcurridos los setenta años, Tiro regresaría y a reanudaría su comercio mundial. Una vez más se convertiría en un gran centro comercial, y volvería a venderse y a prostituirse con todos los reinos del mundo. El profeta comparó a Tiro con una ramera ejerciendo su impío comercio. Esa fue la manera en que Dios habló de estos grandes centros comerciales.
Versículo 18. Llegamos a los últimos días, cuando Tiro volverá a ser una gran nación y entrará al milenio. En la Segunda Venida de Cristo, “sus negocios y ganancias serán consagrados a Jehová”. Sus tesoros serán ofrenda para el Señor. El Salmo 45:12, dice:
“Y las hijas de Tiro vendrán con presentes; Implorarán tu favor los ricos del pueblo”.
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“No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal. Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1ª Tesalonicenses 5:19-23).