SANIDAD DE UN COJO DE NACIMIENTO

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JUAN R.G.

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Mar 6, 2013, 9:48:08 AM3/6/13
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Queridos hermanos en la fe y amigos, de Amor Fraterno.

Continuamos con el estudio de la Biblia, la Palabra de Dios.

Un estudio de todos los libros de la Biblia, que en su versión original se llama: “Thru the Bible” (A través de la Biblia). Preparado por el teólogo y profesor de Biblia, J. Vernon McGee. En la versión española, traducido, adaptado, y presentado por Virgilio Vangioni, profesor de Biblia.

Si dispones de unos minutos, te aconsejamos que leas o escuches estos mensajes sobre la iglesia primitiva. Hará bien a tu vida, porque además de adquirir conocimiento, crecerás en sabiduría en la Palabra de Dios.

Dios bendiga Su Palabra en tu corazón.

En el amor de Cristo

 

Juan Rivera

 

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SANIDAD DE UN COJO DE NACIMIENTO

 

HECHOS 3:1-11

 

Continuando hoy con nuestro recorrido por el libro de los Hechos de los apóstoles, llegamos al capítulo 3. Y en este capítulo tenemos el primer milagro de la iglesia y el segundo discurso de Simón Pedro. Todavía estamos en la primera división, en la primera sección de los Hechos, que abarca los 7 primeros capítulos del libro. En esta sección vemos cómo el Señor Jesucristo seguía obrando mediante el Espíritu Santo, a través de los apóstoles en Jerusalén. En nuestro estudio anterior vimos el nacimiento de la Iglesia en el día de Pentecostés. Destacamos que aquel día fue irrepetible. Ahora existe la Iglesia porque en aquel día el Espíritu Santo se encarnó en los creyentes. Y al venir a morar en ellos les llenó con Su amor, con Su poder y bendición para servicio.

De la misma manera que no podemos repetir el nacimiento en Belén, tampoco podemos repetir lo que sucedió en el día de Pentecostés. Es un hecho innegable que necesitamos hoy del poder del Espíritu Santo. Gracias a Dios que Él está en el mundo convenciendo al mundo y refrenando la maldad. Y no tenemos que buscarle; el Espíritu Santo mora en todos los que creen en el Señor Jesucristo.

Al entrar ahora en el estudio de este capítulo 3, veremos primero en los versículos 1 al 11, la descripción de la sanidad de un cojo. Comencemos pues considerando la sanidad del cojo.

Leamos el primer versículo de este capítulo 3 de los Hechos:

1Pedro y Juan subían juntos al Templo a la hora novena, que era la de la oración.

 

Al parecer, esta era la hora del sacrificio de la tarde, la hora cuando entraba el sumo sacerdote, o sacerdote a quien le tocaba en aquel día ofrecer el incienso con sus oraciones. En el evangelio según San Lucas vimos que le tocaba a Zacarías ofrecer el incienso ante el altar de oro, cuando el ángel se le apareció. Es interesante notar aquí que ese altar de incienso hablaba de la oración. Ésta era la hora de la oración. Y es muy probable que hubiera un gran grupo de gente en el Templo orando en aquella hora.

Continuemos con el versículo 2:

2Había un hombre, cojo de nacimiento, que era llevado y dejado cada día a la puerta del Templo que se llama la Hermosa, para que pidiera limosna a los que entraban en el Templo.

 

Este hombre había nacido cojo que era traído todos los días y dejado a la puerta del templo.

¡Qué contraste había entre él y aquella puerta que se llamaba: “la hermosa”!

Allí estaba una puerta hermosa, y aquí estaba también, junto a ella, un hombre lisiado. Los seres humanos pueden hacer cosas muy bonitas, pero a las personas, estimado lector, no les es posible mejorarse a sí mismas. Pueden cuidar de su aspecto físico, mantenerse en forma, ser atractivos y engalanarse. Pero les resulta imposible cambiar esa vieja naturaleza que tienen. Este es el contraste que tenemos aquí, entre una puerta hermosa del templo, y un cojo de nacimiento. Pues bien, él estaba allí para pedir limosna; y así se ganaba la vida.

Ahora el versículo 3 dice:

3Éste, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el Templo, les rogaba que le dieran limosna.

 

Esto nos muestra que aun después del día de Pentecostés, Pedro y Juan todavía subían al templo para orar. Los creyentes en Jerusalén eran israelitas y continuaban asistiendo al templo para orar. El pobre mendigo vio a Pedro y a Juan y según dice aquí, esperó que le dieran algo.

Ahora los versículos 4 y 5 dicen:

4Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo:

—Míranos.

5Entonces él les miró atento, esperando recibir de ellos algo.

 

Cuando estos dos hombres le dedicaron su atención, el mendigo les miró con la seguridad de que le iban a dar algo.

Ahora el versículo 6 dice:

6Pero Pedro dijo:

—No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.

 

Alguien ha dicho al contemplar la magnificencia de los edificios de ciertas iglesias, que la iglesia ya no puede decir, “no tengo plata ni oro”. Y desafortunadamente, estimado lector, tenemos que añadir por otra parte, que la iglesia tampoco puede decirle ya a un ser humano postrado, “levántate y anda.” A la iglesia le falta poder espiritual. Ahora, observemos lo que hizo Pedro aquí en el versículo 7 de este capítulo 3 de los Hechos:

7Entonces lo tomó por la mano derecha y lo levantó. Al instante se le afirmaron los pies y tobillos;

 

Recordemos que el Dr. Lucas fue quien escribió este libro. Y es interesante notar que cuando el Dr. Lucas relató un milagro, incluyó muchos detalles, detalles que no aparecen en otros libros. Por ejemplo, aquí vemos que el Dr. Lucas contó específicamente lo que sucedió. Dijo que la debilidad de este enfermo estaba localizada en los pies y tobillos.

Ahora el versículo 8 de este capítulo 3 de Hechos dice:

8y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el Templo, andando, saltando y alabando a Dios.

 

Estimado lector, no perdamos de vista la palabra “saltando.” Aparece dos veces en este versículo. Este es un capítulo muy interesante. Veremos que Pedro iba a ofrecer nuevamente el reino a la nación, porque en este tiempo la Iglesia estaba integrada completamente por israelitas, como hemos mencionado anteriormente. No había creyentes de otras naciones en la Iglesia en aquel entonces. Es que la Iglesia comenzó con los judíos que se encontraban en Jerusalén. Más tarde, el evangelio se extendería hasta los confines de la tierra. Pero estamos aquí en el período de la iglesia en Jerusalén. En otras palabras, aquí se estaba comenzando a cumplir lo que leímos en el versículo 8 del capítulo 1 de los Hechos donde decía que serían testigos primero en Jerusalén, luego en toda Judea, después en Samaria, y por fin, hasta lo último de la tierra.

El Señor había dicho que habría un período de transición, e indicó que debían comenzar en Jerusalén. No les dijo que comenzaran su misión llevando el evangelio hasta lo último de la tierra.

Ahora el reino se ofrecía nuevamente a Israel. Ésta sería su oportunidad final.

¿Cuáles serían algunas de las señales que identificaran el reino?

Bueno, según Isaías capítulo 35, versículo 6, una de las señales sería que ¡el cojo saltaría! En este pasaje dice lo siguiente:

“Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la estepa”.

 

Todo israelita instruido que había subido al Templo aquel día, se admiró de este milagro, al ver al cojo saltando. Ellos sabían que esto verdaderamente podría ser el comienzo del reino. El Mesías había sido crucificado, resucitado de los muertos, ascendido al cielo, y ocupado su lugar a la derecha de Dios. Pero, Él vendría otra vez.

Ahora leamos los versículos 9 y 10 de este capítulo 3 de los Hechos:

9Todo el pueblo lo vio andar y alabar a Dios. 10Y lo reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del Templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido.

 

Observemos que todos le vieron y todos reconocieron al hombre. También comprendieron el significado de ese milagro. Sin embargo, tememos que haya muchos de nosotros hoy, que no habremos alcanzado a comprender este relato que el Dr. Lucas nos ha dejado.

Ahora leamos el versículo 11 de este capítulo 3 de Hechos:

11Mientras el cojo que había sido sanado tenía asidos a Pedro y a Juan, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón.

 

Ahora, ¿sería éste el principio del reino?

Grandes cosas habían ocurrido en Jerusalén durante las últimas semanas. Habían presenciado la crucifixión de Jesús, Su resurrección, Su ascensión, y el día de Pentecostés. Así pues, todos estarían atónitos ante este incidente, preguntándose qué era lo que realmente estaba ocurriendo.

 

Hech. 3.1-11.mp3
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