La misión del Salvador
El Señor vino al mundo como hombre para que podamos conocer a Dios, no solo para saber acerca de Él.
Leer | Juan 14:5-6
“5 Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?
6 Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”.
Los creyentes entendemos que el Señor Jesús es el Hijo de Dios, pero también debemos conocer su misión, cómo la cumplió, y su significado para nuestra vida. Cristo tuvo un doble propósito al venir al mundo: darnos una imagen tangible de quién es Dios, y morir por nuestro pecado.
¡Qué plan tan maravilloso! El Señor omnipotente y omnisciente ha existido desde la eternidad (Juan 1:1; 8:58) y, sin embargo, renunció a su gloria para hacerse humano. Al vivir entre nosotros como Dios en carne (Colosenses 1:15), podemos conocer mejor a nuestro Padre celestial.
Mediante el sacrificio de Cristo, somos invitados a una relación eterna con Dios. La Biblia enseña que todos hemos pecado (Isaías 53:6; Romanos 3:23), y para pagar por nuestro pecado se necesitaba un sacrificio perfecto (Romanos 6:23; Deuteronomio 17:1). El Salvador, que era plenamente Dios y plenamente hombre, murió para salvarnos. Es el único que podía dar su vida y cerrar la brecha entre la humanidad y el Padre eterno.
No hay manera de ganar la salvación por nuestros propios méritos. Es un regalo maravilloso que Dios nos ofrece gratuitamente. La única condición es recibir a Jesucristo como nuestro Salvador y seguirlo.
Meditaciones de:
Dr. Charles Stanley