EL ÁNGEL ANUNCIA LA RESURRECCIÓN DE JESÚS (I y II)

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JUAN R.G.

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Dec 11, 2012, 5:02:31 AM12/11/12
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Queridos hermanos y amigos, de Amor Fraterno.

Continuamos con el estudio de la Biblia, la Palabra de Dios.

Un estudio de todos los libros de la Biblia, que en su versión original se llama: “Thru the Bible” (A través de la Biblia). Preparado por el teólogo y profesor de Biblia, J. Vernon McGee. En la versión española, traducido, adaptado, y presentado por Virgilio Vangioni, profesor de Biblia.

Si dispones de unos minutos, te aconsejamos que leas o escuches estos mensajes sobre la vida y ministerio de Jesús, hará bien a tu vida, porque además de adquirir conocimiento, crecerás en sabiduría en la Palabra de Dios.

Dios bendiga Su Palabra en tu corazón.

En el amor de Cristo

 

Juan Rivera

 

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EL ÁNGEL ANUNCIA LA RESURRECCIÓN DE JESÚS (Primera parte)

 

LUCAS 24:1

Llegamos a Lucas capítulo 24.

Al considerar la resurrección de nuestro Señor, vemos que Lucas registró los hechos de la resurrección, tal como lo hicieron Mateo, Marcos y Juan.

Leamos el versículo 1, que comienza el párrafo titulado Jesús resucitó de los muertos, saliendo de la tumba de José:

1El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro llevando los perfumes que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas.

 

Las mujeres, fieles seguidoras de Jesús, trajeron los perfumes que habían preparado. Me hubiera gustado preguntarles a aquellas mujeres qué hicieron con aquellas especies aromáticas. Ya dijimos que María había sido reprendida y acusada de haber desperdiciado un perfume muy caro. Pero el perfume que en vida de Jesús ella había derramado a Sus pies, no fue malgastado. Y en esta ocasión los perfumes no fueron utilizados y debieron deshacerse de ellos. O quizás las mujeres estaban tan emocionadas que dejaron los perfumes en la tumba.

 

JUAN 20:1-2

 

Tuvieron que apresurarse debido a la llegada de la pascua y, aparentemente no pudieron terminar por completo el proceso de embalsamamiento. Esto explicaría por qué las mujeres trajeron más especias e hicieron planes para ocuparse del cuerpo del Señor después del día de la fiesta. Este detalle nos lleva al capítulo siguiente, el capítulo 20 de Juan 1 y 2.

Este es el capítulo de la resurrección, tal como ésta se encuentra registrada en el evangelio de Juan. La resurrección de Jesucristo es el mismo corazón de la fe cristiana.

Con demasiada frecuencia la resurrección de Cristo se celebra solamente en Semana Santa. Por ello enfatizamos que los sermones en el Nuevo Testamento, comenzando con en el día de Pentecostés, tenían como tema principal la resurrección de Jesucristo.

Leamos ahora el versículo 1 de este capítulo 20, que inicia el párrafo dedicado a la resurrección de Jesús:

1El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro, y vio quitada la piedra del sepulcro.

 

“El primer día de la semana, es decir el domingo.

¿Cuándo se cambió el día de reposo de sábado a domingo?

Cuando Jesucristo resucitó de los muertos. Estuvo muerto durante el sábado. Resucitó el domingo. De allí en adelante, los creyentes se han estado reuniendo en el primer día de la semana. El sábado pertenece a la vieja creación. Después de que Dios creó todo, reposó el sábado. Ahora, hemos llegado a la nueva creación en Cristo Jesús. Y el día de Pentecostés fue el domingo, el primer día de la semana. Es interesante que Juan, el último de los escritores del evangelio, puso énfasis en que fue el primer día de la semana cuando Jesús resucitó de los muertos.

María Magdalena era la mujer de quien Jesús había echado siete demonios. Llegó a la tumba antes que las otras mujeres. Creemos que ella era una mujer con una gran personalidad, que quedó eternamente agradecida al Señor por haberla sanado. Cuando vio que el cuerpo de Jesús no estaba allí en el sepulcro, inmediatamente corrió para contárselo a Juan y a Pedro.

Leamos el versículo 2 de este capítulo 20:

2Entonces corrió y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel a quien amaba Jesús, y les dijo:

—Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.

 

El discípulo al que amaba Jesús era Juan. Y éste siempre se refirió a sí mismo de esa manera, antes que por su nombre. Cualquiera de los discípulos, excepto Judas Iscariote, podría haber utilizado este título para sí mismo. Y si usted, estimado lector, es un creyente, puede apropiárselo también. La carta de Judas, capítulo 21 dice:

“… conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna”.

Consérvese en el amor de Dios porque usted sabe que Él le ama. Usted no puede evitar que Él le ame. Es maravilloso adoptar para uno mismo, la posición que asumió Juan, “El discípulo, a quien amaba Jesús”.

En este incidente hallamos juntos a Simón Pedro y a Juan. Aparentemente, Juan había reanudado su trato con él. Nos preguntamos si algunos de los otros discípulos, cuando oyeron de la negación de Pedro, le excluyeron de su círculo íntimo. Pero, gracias a Dios que Juan le acompañó en un momento en que Pedro necesitaba desesperadamente que alguien le tratara como un amigo. Juan, que fue llamado el hijo del trueno, había llegado a ser el apóstol del amor.

¡Qué cambio tan maravilloso fue operado en su carácter!

María Magdalena no esperaba la resurrección. Ella pensaba que habían robado el cuerpo del Señor. Resulta interesante observar que las autoridades religiosas acusarían más tarde a los discípulos de robar el cuerpo del Señor, y que el primer pensamiento de María fue que las autoridades religiosas habían robado el cuerpo del Señor. Creemos que los dirigentes religiosos habrían dado cualquier cosa por presentar el cuerpo de Jesús en aquel primer domingo.

 

EL ÁNGEL ANUNCIA LA RESURRECCIÓN DE JESÚS (Segunda parte)

 

MARCOS 16:1-3

 

Llegamos así al capítulo 16 de Marcos.

Comencemos nuestra lectura con el versículo 1:

Pasado el día de reposo, María Magdalena, María, la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle.

 

Esto sucedió un domingo, primer día de la semana, temprano por la mañana. Nunca habían podido ungir Su cuerpo. No había sido María de Betania la que desperdició su perfume, sino estas mujeres las que desperdiciaron el suyo porque cuando lo trajeron a la tumba, Jesús se había ido. Estaba vivo otra vez.

Leamos los versículos 2 al 4:

2 Y muy de mañana, el primer día de la semana, llegaron* al sepulcro cuando el sol ya había salido.

3 Y se decían unas a otras: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?

 

El día del reposo había finalizado con la puesta del sol del sábado. Ellas habían obtenido las especies más tarde como para poder hacer el viaje a la tumba tan temprano el domingo por la mañana. Las mismas mujeres que estaban presentes en la cruz, vinieron al sepulcro.

Era muy temprano, al amanecer, cuando estas mujeres quisieron ungir el cuerpo de Jesús con las especies que habían traído. Contaban con la dificultad de entrar en el sepulcro debido a la piedra que bloqueaba la entrada.

 

MATEO 28:1-7

 

Llegamos ahora al capítulo 28 del evangelio según Mateo.

Ninguno de los escritores de los Evangelios proporciona los detalles completos que conciernen a la resurrección. Cada uno de ellos incluye los aspectos que contribuyen a promover el propósito que el Espíritu tenía en sus pensamientos. Todos los relatos de los Evangelios deben reunirse para ser examinados de forma comparada para poder ver la perspectiva y entonces comprobaremos que no aparecen conflictos o contradicciones entre ellos.

Mateo presentó a Jesús como Rey y, en consecuencia, el relato de la resurrección contiene los lógicos elementos espectaculares y sensacionales y es como si se oyese el sonido majestuoso y triunfal de una fanfarria de trompetas. Jesús nació Rey, vivió como un Rey, murió como un Rey y resucitó de los muertos como un Rey. Mateo incluyó sucesos como el terremoto, el descenso del ángel que removió la piedra del sepulcro, el miedo de la guardia de soldados y de los esfuerzos de los dirigentes religiosos por encubrir el hecho de que la tumba se encontraba vacía.

En este capítulo 28, leamos los versículos 1 al 7, sobre dos mujeres que se acercaron al sepulcro.

 

Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María vinieron a ver el sepulcro. 2 Y he aquí, se produjo un gran terremoto, porque un ángel del Señor descendiendo del cielo, y acercándose, removió la piedra y se sentó sobre ella. 3 Su aspecto era como un relámpago, y su vestidura blanca como la nieve; 4 y de miedo a él los guardias temblaron y se quedaron como muertos.

5 Y hablando el ángel, dijo a las mujeres: Vosotras, no temáis; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. 6 No está aquí, porque ha resucitado, tal como dijo. Venid, ved el lugar donde yacía. 7 E id pronto, y decid a sus discípulos que El ha resucitado de entre los muertos; y he aquí, El va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho.

 

Los otros Evangelios nos relatan que ellas llevaban especias aromáticas para ungir el cuerpo de Jesús. La “otra María” era, probablemente, la madre de Jacobo y de Jose. En cuanto al ángel, observemos su descripción, que es insólita en la Biblia. (Pueden verse otras descripciones en Daniel 10:6 y Apocalipsis 10:1) Este fue, pues, el anuncio divino de la resurrección. Jesús había salido de la tumba antes que la piedra fuese removida. Más tarde, El entraría en una sala cuyas puertas estaban cerradas. Es que el cuerpo glorificado de Jesús era radicalmente diferente al cuerpo con el que había nacido. En este pasaje, el anuncio del ángel se interrumpió en este punto. A partir de aquel momento, el mensaje sería proclamado por labios humanos. Pero cualquier persona que fuera a anunciarlo, debía tener primero la firme convicción de la verdad de la resurrección, es decir, que Cristo había muerto por sus pecados, que había sido sepultado y y que había resucitado. Luego, con tal convicción, sería capaz de salir rápidamente a propagar el mensaje.

Estimado lector, en estos tiempos en que predomina el escepticismo ante todo lo sobrenatural, lo que carece de una explicación natural porque escapa a la razón humana, ¿qué piensa usted sobre la resurrección de Jesucristo, hecho fundamental de la fe cristiana? ¿Podría usted, por la fe, hacer suya la afirmación de que Jesucristo resucitó y que, por lo tanto, vive hoy?

Con la autoridad de las Sagradas Escrituras podemos asegurarle que si usted cree en el Señor Jesucristo como Su Salvador, Él mismo se encargará de demostrarle que vive, que está dispuesto a transformar su vida, y que puede darle la vida eterna.

 

 

Lc.24.1; Jn.20.1-2 (1).mp3
Mc.16.1-3; Mt.28.1-7 (2).MP3
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