LOS NECESITADOS CLAMAN, Y DIOS OYE
Continuamos en esta sección del capítulo 41, donde Dios da consuelo a su pueblo. Después de que el “gusano” (Israel) será transformado por Dios en un trillo, cambia el escenario centrándose en la provisión del Señor al necesitado.
“17Los afligidos y menesterosos buscan las aguas, y no las hay; seca está de sed su lengua; yo Jehová los oiré, yo el Dios de Israel no los desampararé. 18En las alturas abriré ríos, y fuentes en medio de los valles; abriré en el desierto estanques de aguas, y manantiales de aguas en la tierra seca. 19Daré en el desierto cedros, acacias, arrayanes y olivos; pondré en la soledad cipreses, pinos y bojes juntamente, 20para que vean y conozcan, y adviertan y entiendan todos, que la mano de Jehová hace esto, y que el Santo de Israel lo creó” (Isaías 41:17-20).
Versículo 10. Afligido, es la persona que se siente abatido y triste. Y menesteroso, falto, necesitado, que carece de lo necesario. En este caso, la necesidad es de agua: “buscan las aguas, y no las hay; seca está de sed su lengua”. Y clamaran a Dios y el promete oírles y no desampararles.
Lo hizo en el pasado, cuando Israel clamó por agua:
“22E hizo Moisés que partiese Israel del Mar Rojo, y salieron al desierto de Shur; y anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua. 23Y llegaron a Mara, y no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara. 24Entonces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Qué hemos de beber? 25Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron. Allí les dio estatutos y ordenanzas, y allí los probó; 26y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador. 27Y llegaron a Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras; y acamparon allí junto a las aguas” (Éxodo 15:22-27).
Y lo hará en el futuro.
Versículos 18 y 19. Lo más necesario para atravesar un desierto es el agua y la sombra (Éxodo 15:27). El profeta dice que el Señor abrirá: “ríos, fuentes, estanques y manantiales”, en abundancia en el desierto.
“Daré en el desierto”, dice el Señor: “cedros, acacias, arrayanes y olivos; pondré en la soledad cipreses, pinos y bojes”.
Nos habla de transformación y multiplicación de la tierra desolada, por obra del Creador. Todo ello será el preludio de los cielos nuevos y la tierra nueva.
“17Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento. 18Mas os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado; porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo. 19Y me alegraré con Jerusalén, y me gozaré con mi pueblo; y nunca más se oirán en ella voz de lloro, ni voz de clamor. 20No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años será maldito. 21Edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas. 22No edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma; porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarán la obra de sus manos. 23No trabajarán en vano, ni darán a luz para maldición; porque son linaje de los benditos de Jehová, y sus descendientes con ellos. 24Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído. 25El lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey; y el polvo será el alimento de la serpiente. No afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dijo Jehová” (Isaías 65:17-25).
Versículo 20. “para que vean y conozcan, y adviertan y entiendan todos, que la mano de Jehová hace esto”.
Todo ello, para que todos los pueblos reflexionen en sus caminos, y sepan que todo ello lo ha hecho, lo ha creado el Todopoderoso, “el Santo de Israel”.
Es una lección para todos en la actualidad, de cómo Dios cuida de los suyos.
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“No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal. Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1ª Tesalonicenses 5:19-23).