Queridos hermanos en la fe y amigos, de Amor Fraterno.
Continuamos con el estudio de la Biblia, la Palabra de Dios.
Un estudio de todos los libros de la Biblia, que en su versión original se llama: “Thru the Bible” (A través de la Biblia). Preparado por el teólogo y profesor de Biblia, J. Vernon McGee. En la versión española, traducido, adaptado, y presentado por Virgilio Vangioni, profesor de Biblia.
Si dispones de unos minutos, te aconsejamos que leas o escuches estos mensajes sobre la epístola del apóstol Pablo a los Gálatas. Hará bien a tu vida, porque además de adquirir conocimiento, crecerás en sabiduría en la Palabra de Dios.
Dios bendiga Su Palabra en tu corazón.
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CRISTO NOS RESCATÓ DE LA MALDICIÓN DE LA LEY
GÁLATAS 3:13-17
Ahora, en el versículo 13, de este capítulo 3, de la epístola a los Gálatas, leemos:
13Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros (pues escrito está: Maldito todo el que es colgado en un madero),
Escuchemos lo que dijo aquí: “Cristo nos ha redimido de la maldición de la ley”.
Como acabamos de leer y explicar, la ley nos condenaba. Recordemos que hemos dicho también que no recibíamos ningún premio por cumplir sus preceptos, porque si quebrantábamos uno solo de ellos, la ley ya ha previsto el castigo. Por ello Cristo nos rescató de la maldición de la ley. ¿Y cómo lo hizo? Haciéndose maldición por causa nuestra. Es decir, que sufrió nuestro castigo.
El versículo 13 continúa diciendo: “Porque está escrito: Maldito todo aquel que es colgado en un madero”.
Éste es un gran pasaje de las Escrituras del Antiguo Testamento y, por cierto un pasaje notable por varias razones. Una de ellas es que los hijos de Israel no colgaban a la gente en un madero, como método de ejecución pública. En cambio, ajusticiaban a los criminales utilizaban la lapidación, es decir, apedreándoles.
Los turistas en esas tierras se han preguntado a veces porqué los judíos utilizaban ese método de aplicar la pena capital y les ha llamado la atención la gran cantidad de piedras que hay por todas partes. Pero ésa era la forma de tratar a los criminales más malos, a los que constituían un peligro para la convivencia social. Y usaban ese método para que sirviera de ejemplo a los demás. En el libro de Deuteronomio, capítulo 21, versículos 22 y 23, y aquí estamos leyendo de la ley, dice así: “Si alguien ha cometido algún crimen digno de muerte, y lo hiciereis morir, y lo hacéis morir colgado en un madero, no dejareis que su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldito por Dios es el colgado. Así no contaminarás la tierra que el Señor tu Dios te da por heredad”.
Es decir, si él había cometido algún crimen horrible, luego de haber sido apedreado hasta la muerte, entonces se tomaba su cuerpo y se lo colgaba en un madero para que sirviera de ejemplo a los demás. Pero el cuerpo no debía dejarse allí toda la noche ¿Por qué? Porque él era maldito por Dios, es decir, que su posición evidenciaba públicamente el rechazo de Dios hacia el reo.
Ahora el Señor Jesucristo llevó nuestra maldición. ¿Y cuándo la llevó? ¿Fue acaso en Su encarnación?
No, Cuando Él nació, fue llamado un Ser Santo, en el Evangelio de Lucas capítulo 1, versículo 35. ¿Acaso se convirtió en una maldición durante los años silenciosos de Su vida, de los cuales tenemos tan poca información?
No, porque en Lucas capítulo 1, versículo 52 se dice que, “Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres”.
¿Y no se convirtió en una maldición durante Su ministerio público en la tierra?
Ciertamente tampoco, porque fue durante ese ministerio que Su Padre le dijo, en Mateo capítulo 3, versículo 17: “Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”.
Entonces tiene que haber sido mientras estaba colgado de la cruz, cuando se convirtió en una maldición. Sí, pero no durante las primeras tres horas en la cruz, porque cuando Él se ofreció en sacrificio, no había mancha ni imperfección en Él. Fue durante las tres últimas horas en la cruz cuando Él se convirtió en una maldición por nosotros. Fue entonces cuando, como dijo Isaías capítulo 53, versículo 10: Dios quiso quebrantarlo, oprimirle con el sufrimiento. Él convirtió su alma en una ofrenda por el pecado. Fue objeto de la maldición de Dios. Fue rechazado, abandonado y desamparado por Dios.
En la frase: “maldito todo el que es colgado en un madero”, destacamos que la palabra griega para madero es “xulon”, que significa también “árbol”. ¡Qué contraste tenemos aquí!
Él fue a la cruz, para que Él fuera como un árbol de la muerte, para que Él pudiera convertirlo para usted y para mí en un árbol de la vida.
Notemos ahora lo que dice el versículo 14, de este capítulo 3:
14para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzara a los no judíos, a fin de que por la fe recibiéramos la promesa del Espíritu.
Israel tuvo la ley por 1.500 años y fracasó en vivir de acuerdo con sus preceptos. En los Hechos capítulo 15, Pedro de hecho dijo que ellos y sus antepasados no habían sido capaces de cumplir la ley y por lo tanto, era absurdo pretender imponérsela a los no judíos. Si ellos no habían podido obedecerla, los otros pueblos no judíos tampoco podrían. Así que Cristo ocupó nuestro lugar para que nosotros pudiéramos recibir lo que la Ley nunca podría lograr. Por ello, el Espíritu de Dios ha sido un don peculiar a esta época de la gracia y misericordia de Dios, época inaugurada por la muerte y resurrección de Cristo.
Y en el versículo 15, Pablo dijo:
15Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque sea hecho por un hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade.
Aquí Pablo puso un ejemplo sobre los métodos de ratificar compromisos solemnes. Aun en el caso de un pacto humano, cuando un hombre hace un trato y lo respalda con su firma, nadie puede anularlo ni agregarle nada. Lo que el apóstol quería explicar era que si aun los seres humanos se sienten obligados a respetar esas reglas, guiados por un sentimiento de justicia, mucho más puede esperarse de Dios. Quizás el apóstol quiso enfrentarse a la falsa suposición de los judaizantes de que la Ley de Moisés habría condicionado el pacto de Dios con Abraham, limitando sus beneficios a las personas que estuvieran ceremonialmente puras.
Leamos ahora el versículo 16 de este capítulo 3 de la epístola a los Gálatas:
16Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su descendencia. No dice: Y a los descendientes, como si hablara de muchos, sino como de uno: Y a tu descendencia, la cual es Cristo.
Dios llamó a Abraham y le prometió convertirlo en una bendición para el mundo. Y lo hizo por medio de Jesucristo, un descendiente de Abraham. Cristo fue entonces el que trajo la salvación para el mundo.
La palabra: “descendencia”, se refiere específicamente a Cristo (y aquí podemos ver Génesis capítulo 22, versículo 18). Aquí es oportuno recordar las palabras de Cristo mismo en Juan capítulo 8, versículo 56, cuando dijo: “Abraham, vuestro padre, se regocijó al pensar que vería mi día; y lo vio, y se alegró”.
Finalmente por hoy, leamos el versículo 17:
17Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios en Cristo no puede ser anulado por la Ley, la cual vino cuatrocientos treinta años después; eso habría invalidado la promesa,
Dios hizo una promesa, un pacto con Abraham. Cuando al avanzar la historia llegó la Ley cuatrocientos treinta años después, no cambió nada relacionado con las promesas hechas a Abraham. En realidad, Dios nunca falta a Su palabra, nunca incumple sus promesas. Y le había prometido al patriarca que le iba a dar una tierra, un hijo, y un pueblo formado por multitudes que resultarían imposibles de contar. Dios cumplió esa promesa y de Abraham provino la nación de Israel y otras naciones, pero las promesas fueron transmitidas por medio de Isaac, cuya línea de descendencia condujo al Señor Jesucristo, llamado: “la descendencia”, en el versículo 16. Dios también le prometió a Abraham que le convertiría en una bendición para todos los pueblos de la tierra.
Estimado lector, la única bendición que el mundo puede recibir está en Cristo. No creemos que el mundo esté en condiciones de ofrecerle un trato beneficioso. Pero el Señor Jesucristo ha sido provisto para usted como el don supremo que Dios ha concedido. Y Él ha prometido que salvará a aquellos que confíen en Cristo. ¿No querrá usted ser uno de ellos?
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"Venid a mí,
todos los que estáis cansados y cargados,
y yo os haré descansar" Mateo 11:28