Queridos hermanos en la fe y amigos, de Amor Fraterno.
Continuamos con el estudio de la Biblia, la Palabra de Dios.
Un estudio de todos los libros de la Biblia, que en su versión original se llama: “Thru the Bible” (A través de la Biblia). Preparado por el teólogo y profesor de Biblia, J. Vernon McGee. En la versión española, traducido, adaptado, y presentado por Virgilio Vangioni, profesor de Biblia.
Si dispones de unos minutos, te aconsejamos que leas o escuches estos mensajes sobre los viajes misioneros del apóstol Pablo. Hará bien a tu vida, porque además de adquirir conocimiento, crecerás en sabiduría en la Palabra de Dios.
Dios bendiga Su Palabra en tu corazón.
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PABLO PREDICA EN ROMA
HECHOS 28:11-31
Avancemos con el versículo 11 de este capítulo 28 de los Hechos, que nos informa que
el viaje continuó.
11Pasados tres meses nos hicimos a la vela en una nave alejandrina que había invernado en la isla, la cual tenía por enseña a Cástor y Pólux.
Ahora, ya que Pablo se quedó en Malta por tres meses, es más que evidente que los pocos versículos que se nos dan aquí, no presentan la historia completa de su ministerio en esa isla. Por eso creemos que podemos estar seguros de que Pablo predicó el evangelio ampliamente. Ahora, Cástor y Pólux, que se mencionan aquí en este versículo 11, como la enseña en su nave, eran dioses de los romanos. Todavía hay una columna erigido a ellos en las ruinas del foro romano. Sigamos adelante con los versículos 12 hasta el 15:
12Llegados a Siracusa, estuvimos allí tres días. 13De allí, costeando alrededor, llegamos a Regio; y al día siguiente, soplando el viento sur, llegamos al segundo día a Puteoli. 14Allí encontramos a algunos hermanos, los cuales nos rogaron que nos quedáramos con ellos siete días. Luego fuimos a Roma, 15de donde, oyendo de nosotros los hermanos, salieron a recibirnos hasta el Foro de Apio y las Tres Tabernas. Al verlos, Pablo dio gracias a Dios y cobró aliento.
La tempestad ya había pasado. El Euroclidón, ese viento huracanado del norte, se había alejado. Entonces sopló nuevamente un viento del sur. Pablo, ahora, había llegado a la Vía Apia. Y una vez más, vemos cuán importante era para el apóstol Pablo el ánimo de los creyentes.
Continuemos con el versículo 16, que nos presenta a Pablo en Roma.
16Cuando llegamos a Roma, el centurión entregó los presos al prefecto militar; pero a Pablo se le permitió vivir aparte, con un soldado que lo vigilara.
Al parecer, Pablo tuvo la libertad de vivir en una casa, aunque siempre fue custodiado por un soldado. En realidad, había diferentes soldados que se turnaban custodiando a Pablo. Prosigamos con los versículos 17 al 20:
17Aconteció que tres días después, Pablo convocó a los principales de los judíos, a los cuales, luego que estuvieron reunidos, les dijo:
—Yo, hermanos, no habiendo hecho nada contra el pueblo ni contra las costumbres de nuestros padres, he sido entregado preso desde Jerusalén en manos de los romanos; 18los cuales, habiéndome examinado, me querían soltar por no haber en mí ninguna causa de muerte. 19Pero, oponiéndose los judíos, me vi obligado a apelar a César, aunque no porque tenga de qué acusar a mi nación. 20Así que por esta causa os he llamado para veros y hablaros, porque por la esperanza de Israel estoy sujeto con esta cadena.
Vemos que Pablo continuó aplicando su método acostumbrado de dirigirse primero a los judíos, en este caso para explicarles el motivo por el cual estaba encadenado. Y continuamos con los versículos 21 al 24 de este capítulo 28 de los Hechos:
21Entonces ellos le dijeron:
—Nosotros no hemos recibido de Judea cartas acerca de ti, ni ha venido ninguno de los hermanos que haya denunciado o hablado algún mal de ti. 22Pero querríamos oír de ti lo que piensas, porque de esta secta nos es notorio que en todas partes se habla contra ella.
23Habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndolos acerca de Jesús, tanto por la Ley de Moisés como por los Profetas. 24Algunos asentían a lo que se decía, pero otros no creían.
Vemos aquí la clase de libertad que Pablo tenía como preso. Al parecer, le fue posible recibir a grandes multitudes en su casa. Sin embargo, siempre hubo un soldado de guardia para vigilarlo.
Nuevamente vemos que el apóstol Pablo se sirvió de su conocimiento del Antiguo Testamento para persuadir a los judíos en cuanto a Jesús, como su Mesías prometido. Como siempre, surgieron las dos respuestas al mensaje: algunos creyeron, mientras que otros no creyeron. Y los versículos finales de este capítulo, los versículos 25 al 31 nos dicen:
25Como no estaban de acuerdo entre sí, al retirarse les dijo Pablo esta palabra:
—Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo:
26“Ve a este pueblo y diles:
De oído oiréis y no entenderéis; y viendo veréis y no percibiréis, 27porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyeron pesadamente y sus ojos han cerrado,
para que no vean con los ojos y oigan con los oídos, y entiendan de corazón y se conviertan, y yo los sane”.
28Sabed, pues, que a los que no son judíos es enviada esta salvación de Dios, y ellos oirán.
29Cuando terminó de decir esto, los judíos se fueron, teniendo gran discusión entre sí.
30Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían. 31Predicaba el reino de Dios y enseñaba acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento.
El libro de los Hechos nos cuenta del principio del movimiento del evangelio hasta su expansión hacia los confines de la tierra. Recordemos que en el huerto de Edén el hombre dudó de Dios, y que ello le condujo a la desobediencia. El camino de regreso a Dios se recorre por medio de la fe, es decir, del creer que conduce a la obediencia, como Pablo dijo en su carta a los Romanos 1:5. Por tanto, vemos que en aquel día algunos creyeron el evangelio y otros no. Y todavía sucede lo mismo hoy en día.
El libro de los Hechos de los Apóstoles, termina con Pablo predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo sin que nadie le estorbara. Pero, en realidad, como ya hemos dicho antes, la narración no concluye aquí en el capítulo 28. El Espíritu Santo continúa actuando en el día de hoy. Los hechos del Espíritu Santo no han terminado aún en nuestros tiempos. La obra de la iglesia aún no ha sido completada; es una historia continua. Lo que usted y yo hemos hecho y hagamos en el poder del Espíritu Santo, también forma parte de este relato. Y la mejor forma de continuarlo es compartir con otros el mensaje del Evangelio que caracterizó a la predicación de los apóstoles. Y ese mensaje establece que el Señor Jesucristo murió, y resucitó. Por lo tanto, su obra de redención está al alcance de todos aquellos que, por la fe, acepten el don gratuito de la salvación que Dios hoy ofrece.
Y así concluimos nuestro estudio del libro de los Hechos de los Apóstoles.
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"Venid a mí,
todos los que estáis cansados y cargados,
y yo os haré descansar" Mateo 11:28