LA DICHA DEL PERDÓN

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May 8, 2014, 8:38:07 AM5/8/14
to Amor Fraterno

LA DICHA DEL PERDÓN
 
Estudio de: Los Salmos.
 
SALMO 32

Salmo de David.
 
INTRODUCCIÓN
 
Nos encontramos ante un Salmo de David en el cual nos enseña la dicha del perdón divino.
La carga de la culpa sin confesar, mientras David quería ocultarlo, y no admitía su pecado relacionado con Betsabé y Urías heteo. Véase: (2º Samuel 11:1-12:15).
Mientras David no confesó su pecado y trató de ocultarlo, lo pasó muy mal. Una vez confesado, el Señor le perdonó.
Hay en este Salmo una gran enseñanza con el perdón que obtenemos cuando confesamos nuestros pecados, pidiendo perdón a Dios, y depositando nuestra fe en el Señor Jesucristo, y también cuando hay algún pecado en nuestra vida sin confesar.
Dividiremos el Salmo en los siguientes sectores:
 
1) La dicha del perdón divino (v. 1-2).
2) La carga de la culpa antes de confesar (v. 3-4).
3) El alivio de la confesión (v. 5).
4) La sabiduría de la experiencia (v. 6-11).
 
1) La dicha del perdón divino.
 
“1 Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado.
2 Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad,
Y en cuyo espíritu no hay engaño” (Salmo 32:1-2).
 
El gozo que viene al pecador debido a que Dios le ha perdonado totalmente.
Feliz, dichoso el hombre… que ha sido perdonado… que Dios no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño,
Es interesante notar que aquí: pecado, se describe con cuatro palabras: Transgresión, pecado, iniquidad, engaño.
 
2) La carga de la culpa antes de confesar.
 
“3 Mientras callé, se envejecieron mis huesos
En mi gemir todo el día.
4 Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano;
Se volvió mi verdor en sequedades de verano.
Selah” (Salmo 32:3-4).
 
Mientras callé. O sea, antes de confesarlo:
Envejecimiento de huesos.
Gemir todo el día.
La mano de Dios no le dejaba tranquilo.
Se volvió su verdor en sequedades de verano.
David testifica que lo pasó muy mal.
 
3) El alivio de la confesión.
 
“5 Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad.
Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová;
Y tú perdonaste la maldad de mi pecado.
Selah” (Salmo 32:5).
 
Mi pecado te declaré.
Dije: confesaré mis transgresiones a Dios.
Tú perdonaste la maldad de mi pecado.
 
4) La sabiduría de la experiencia.
 
“6 Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado;
Ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán éstas a él.
7 Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia;
Con cánticos de liberación me rodearás.
Selah
8 Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar;
Sobre ti fijaré mis ojos.
9 No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento,
Que han de ser sujetados con cabestro y con freno,
Porque si no, no se acercan a ti.
10 Muchos dolores habrá para el impío;
Mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia.
11 Alegraos en Jehová y gozaos, justos;
Y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón” (Salmo 32:6-11).
 
El salmista, basado en su experiencia, exhorta a los hombres a que oren a Dios.
Dios es su Refugio y Libertador.
Quiere enseñar a los hombres el camino en que deben andar (camino de santidad).
Que no sean desobedientes a Dios (tozudos).
El impío tendrá muchos dolores.
El que espera en Dios le rodea la misericordia.
Los justos deben alegrarse y gozarse, y los rectos de corazón cantar con júbilo.
 
APLICACIÓN
 
Cuán importante es el perdón de Dios, y para poder obtenerlo, la confesión. Dice en: (1ª Juan 1:9-2:2):
9Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. 10Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.
1Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. 2Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.
 
***
 
“Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.” (Romanos 15:4).



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