EL LIBRO DE LOS MÁRTIRES (288)
Por John Foxe
HISTORIA DE LOS MÁRTIRES CRISTIANOS
Surgimiento y progreso de la religión protestante en Irlanda; con un relato
de las bárbaras matanzas de 1641
Continuación:
Anhelante de cumplir las intenciones de su «piadosa» reina, de inmediato se dirigió a Lord Fitz-Walter, que entonces era virrey, y le presentó la cartera, que, al ser abierta, no mostró otra cosa que una baraja. Esto dejó sorprendidos a todos los presentes, y su señoría dijo: «Tenemos que conseguir otra comisión; y mientras tanto barajemos las cartas.»
El doctor Pole hubiera querido volver en el acto a Inglaterra para obtener otra comisión; pero mientras esperaba un viento favorable, llegó la noticia de la muerte de la Reina María, y gracias a ello los protestantes escaparon a una muy cruel persecución. El relato que hemos dado está confirmado por historiadores del mayor crédito, que añaden que la Reina Elizabet estableció una pensión de cuarenta libras a la mencionada Elizabeth Edmunds, por haber salvado de esta forma las vidas de sus súbditos protestantes.
Durante los reinados de Elizabet y de Jacobo I, Irlanda estuvo agitada casi constantemente por rebeliones e insurrecciones, que, aunque no siempre tenían como motivo la diferencia de opiniones religiosas entre ingleses e irlandeses, quedaban agravadas y hechas tanto más acerbas e irreconciliables por esta causa los sacerdotes papistas exageraban arteramente los fallos del gobierno inglés, y de continuo imbuían en sus ignorantes oyentes llenos de prejuicios la legitimidad de matar protestantes, asegurándoles que todos los católicos muertos en el cumplimiento de una empresa tan piadosa serían de inmediato recibidos a la dicha eterna. El carácter naturalmente atolondrado de los irlandeses, manipulado por estos hombres astutos, los impelía continuamente a acciones violentas bárbaras e injustificables, aunque se debe confesar que la naturaleza inestable y arbitraria de la autoridad ejercida por los gobernadores ingleses no era susceptible de ganarse sus afectos. También los españoles, desembarcando fuerzas en el sur, y alentado de todas las maneras a los descontentos nativos para que se uniesen bajo su bandera, mantuvieron la isla en un estado continuo de turbulencia y de guerra. En 1601 desembarcaron un cuerpo de cuatro mil hombres en Kinsale, y comenzaron lo que llamaron «La Guerra Santa por la preservación de la fe en Irlanda.» Fueron ayudados por grandes cantidades de irlandeses, pero finalmente fueron rotundamente derrotados por el representante de la reina, Lord Mountjoy, y sus oficiales.
Este cerró las transacciones del reinado de Elizabet con respecto a Irlanda; siguió un período de aparente tranquilidad, pero el sacerdocio papista, siempre inquiete y agitador, intentó minar mediante maquinaciones secretas aquel gobierno y aquella fe que ya no osaban atacar abiertamente. El pacífico reino de Jacobo les dio la oportunidad de aumentar su tuerza y de madurar sus maquinaciones, y bajo su sucesor, Carlos I, aumentaron grandemente sus números por medio de arzobispos titulares católicos romanos, como también de obispos, deanes, vicarios generales, abades, sacerdotes y frailes. Por esta razón se prohibió, en 1629, el ejercicio público de los ritos y ceremonias papistas.
Continuará>
***