EL CASTIGO DE ISRAEL
En el día de hoy consideraremos, el castigo de Israel, y su regreso a la tierra prometida.
“7¿Acaso ha sido herido como quien lo hirió, o ha sido muerto como los que lo mataron? 8Con medida lo castigarás en sus vástagos. El los remueve con su recio viento en el día del aire solano. 9De esta manera, pues, será perdonada la iniquidad de Jacob, y este será todo el fruto, la remoción de su pecado; cuando haga todas las piedras del altar como piedras de cal desmenuzadas, y no se levanten los símbolos de Asera ni las imágenes del sol. 10Porque la ciudad fortificada será desolada, la ciudad habitada será abandonada y dejada como un desierto; allí pastará el becerro, allí tendrá su majada, y acabará sus ramas. 11Cuando sus ramas se sequen, serán quebradas; mujeres vendrán a encenderlas; porque aquel no es pueblo de entendimiento; por tanto, su Hacedor no tendrá de él misericordia, ni se compadecerá de él el que lo formó.
12Acontecerá en aquel día, que trillará Jehová desde el río Eufrates hasta el torrente de Egipto, y vosotros, hijos de Israel, seréis reunidos uno a uno. 13Acontecerá también en aquel día, que se tocará con gran trompeta, y vendrán los que habían sido esparcidos en la tierra de Asiria, y los que habían sido desterrados a Egipto, y adorarán a Jehová en el monte santo, en Jerusalén” (Isaías 27:7-13).
Versículos 7 al 9. Este versículo plantea una pregunta que ya ha sido parcialmente respondida en el libro de Isaías. ¿Por qué juzga Dios a Israel más que a las otras naciones?
Porque la luz (el conocimiento de la Palabra), que uno tiene crea responsabilidad. En vista del hecho de que Israel tenía más luz, su pecado era más grave, y su castigo mayor.
Dios dijo a su pueblo: “A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra; por tanto, os castigaré por todas vuestras maldades” (Amós 3:2).
El castigo de Israel de parte de Dios fue algo más severo, pero no destruyó a esa nación como hizo con algunas otras.
“Me castigó gravemente el Señor, pero no me entregó a la muerte” (Salmo 118:18).
No fue el sufrimiento por el pecado lo que expió el pecado de Jacob (Israel). El pecado fue purificado por medio de un holocausto de sangre, y el pecado de la nación será expiado por medio de la sangre de Cristo en aquel día futuro.
Versículos 10 y 11. Las ciudades de Israel, entre ellas Jerusalén, serán destruidas, una “desolada”, otra “dejada como un desierto”. Allí pastaran en los arbustos los becerros, y las mujeres amontonaran ramas para prenderles fuego.
Los grandes desastres del mundo son el resultado del juicio del Dios Todopoderoso, por la falta de discernimiento espiritual, por rechazar la luz. Y no solo rechazan la luz, sino que también rechazaron y rechazan la persona del Hijo de Dios.
Versículos 12 y 13. En aquel día, Dios trillará lo verdadero de lo falso de la tierra de Israel. La nación de Israel será restaurada.
Esta profecía aun no se ha cumplido. Su cumplimiento es aun futuro. Cuando Dios introduzca a los judíos dispersos en las naciones gentiles (Asiria, Egipto etc.), en la tierra prometida. Su acción será evidente. Cuando lleguen, adorarán al Señor en Jerusalén.
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“No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal. Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1ª Tesalonicenses 5:19-23).