HECHOS DE LOS APÓSTOLES 207
ABATIDOS POR LA TEMPESTAD
Hechos 27:14-20
“14 Pero no mucho después dio contra la nave un viento huracanado llamado Euroclidón. 15 Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo poner proa al viento, nos abandonamos a él y nos dejamos llevar. 16 Y habiendo corrido a sotavento de una pequeña isla llamada Clauda, con dificultad pudimos recoger el esquife. 17 Y una vez subido a bordo, usaron de refuerzos para ceñir la nave; y teniendo temor de dar en la Sirte, arriaron las velas y quedaron a la deriva. 18 Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día empezaron a alijar, 19 y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave. 20 Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos”.
El más negro de los cuadros se dibuja en el relato que contiene estos versículos. Parece desprenderse de su lectura que el viento del sur no les permitiría desplegar velas y salir el barco por sí mismo de Buenos Puertos sino que precisaron remolcar la nave con el esquife a fuerza de remos sacándolo de la bahía.
La nave a la deriva, vv. 14-17.
Al salir de la bahía, inesperadamente, el viento cambió de dirección y de intensidad. El Eurociclón es un viento huracanado del nordeste que pasando por el monte Ida de Creta fue a dar contra la embarcación y los alejó de la costa de la isla. En condiciones normales se podía dar la vuelta a la nave para que el viento diera contra la proa. Pero como el viento sopló inesperadamente era muy expuesto girar el barco ya que chocaría contra un costado y podría hacerlo zozobrar. Así que tomaron la decisión de dejarse llevar buscando la protección de alguna isla que hiciera más fácil la gobernabilidad de la nave. En este caso la isla fue la de Clauda a unos 40 kilómetros de Buenos Puertos que con la pequeña protección que ofrecía el viento pudieron subir al barco el esquife que habitualmente iba remolcando a popa pero que por temor a perderlo prefirieron izarlo a bordo. Efectuada esta operación siguieron tomando medidas protectoras de la nave como la de reforzarla por medio de sogas que pasando por debajo de la quilla fijaran las tablas que se podían desencajar por la fuerza de las olas chocando contra ellas.
Continuará>
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Hechos de los Apóstoles de Pedro Puigvert. 1995