Queridos hermanos en la fe y amigos, de Amor Fraterno.
Continuamos con el estudio de la Biblia, la Palabra de Dios.
Un estudio de todos los libros de la Biblia, que en su versión original se llama: “Thru the Bible” (A través de la Biblia). Preparado por el teólogo y profesor de Biblia, J. Vernon McGee. En la versión española, traducido, adaptado, y presentado por Virgilio Vangioni, profesor de Biblia.
Si dispones de unos minutos, te aconsejamos que leas o escuches estos mensajes sobre la iglesia primitiva. Hará bien a tu vida, porque además de adquirir conocimiento, crecerás en sabiduría en la Palabra de Dios.
Dios bendiga Su Palabra en tu corazón.
--------------
PABLO APEDREADO EN LISTRA
HECHOS 14:8-23
Continuamos hoy estudiando el capítulo 14 de los Hechos de los Apóstoles. Y consideraremos hoy los eventos en Listra.
Leamos los versículos 8 al 10 de este capítulo 14:
8Cierto hombre de Listra estaba sentado, imposibilitado de los pies, cojo de nacimiento, que jamás había andado. 9Éste oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en él sus ojos y viendo que tenía fe para ser sanado, 10dijo a gran voz:
— ¡Levántate derecho sobre tus pies!
Él saltó y anduvo.
Pablo y Bernabé tenían los dones del apóstol, es decir dones con señales milagrosas. Entraron en estos lugares sin tener en la mano el Nuevo Testamento con el mensaje del evangelio. Entonces ¿cuáles serían sus credenciales? ¿Cómo podrían probar que su mensaje provenía de Dios? Los dones de señales milagrosas acreditarían su mensaje. Hoy tenemos a nuestra disposición la totalidad de la Palabra de Dios, con todo lo que ella tiene que decir a los seres humanos.
¡Ah, si pudiéramos lograr que todos prestaran atención a su mensaje!
Los hombres en Listra fijaron su mirada en Pablo y a Bernabé.
Leamos el versículo 11, de Hechos 14:
11Entonces la gente, al ver lo que Pablo había hecho, alzó la voz, diciendo en lengua licaónica: « ¡Dioses con la semejanza de hombres han descendido a nosotros!».
El hombre tuvo una verdadera fe para ser sanado. Y cuando Pablo le dijo que se levantara derecho, poniéndose derecho sobre sus pies, saltó y anduvo. Los otros hombres de esta región eran paganos. Cuando vieron lo que había hecho Pablo, comenzaron a dar voces exclamando que los dioses habían bajado hasta ellos en la forma de hombres. Sus ojos estaban puestos sobre Pablo y Bernabé. En realidad, estaban muy emocionados.
Continuemos con los versículos 12 y 13 de este capítulo 14 de los Hechos:
12A Bernabé llamaban Júpiter, y a Pablo, Mercurio, porque éste era el que llevaba la palabra. 13El sacerdote de Júpiter, cuyo templo estaba frente a la ciudad, trajo toros y guirnaldas delante de las puertas, y juntamente con la muchedumbre quería ofrecer sacrificios.
Ahora, vemos que Pablo era el líder del conjunto, el portavoz principal. Y los habitantes de esta región quisieron hacerles dioses. Trajeron guirnaldas y sacrificios y estaban dispuestos a adorarles. Todo esto nos demuestra que eran muy volubles. Pero, ¿no nos recuerda esto algo? En todo el mundo pasa lo mismo hoy en día: veneran hoy a un deportista famoso o a una estrella de cine, y mañana a un político o un cantante famoso. Pero con el transcurso del tiempo, surgen otros personajes y los antes venerados van cayendo en el olvido.
Bien, continuemos con los versículos 14 al 16 de este capítulo 14 de los Hechos:
14Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas y se lanzaron entre la multitud, gritando 15y diciendo:
— ¿Por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay. 16En las edades pasadas él ha dejado a todas las gentes andar por sus propios caminos;
Pablo y Bernabé no solo están asombrados y admirados de que estos hombres les quisieran adorar, sino que se quedaron completamente escandalizados. Se lanzaron entonces en medio de ellos para decirles que eran seres humanos y no dioses. Recordemos que el apóstol Pedro también tuvo que decirle lo mismo a Cornelio, cuando éste se postró para adorarle. Es que tenemos que comprender que estos hombres eran paganos.
Continuemos ahora con los versículos 17 y 18, pero leamos una vez más el 16:
16En las edades pasadas él ha dejado a todas las gentes andar por sus propios caminos; 17si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones.
18Pero aun diciendo estas cosas, difícilmente lograban impedir que la multitud les ofreciera sacrificio.
Aquí vemos que Pablo y Bernabé estaban intentando dirigir la atención de estas personas hacia el Dios vivo, hacia el Creador. Quisieron apartarles de sus ídolos paganos y de la mitología de los griegos. Pero observemos lo que ocurrió aquí en el versículo 19:
19Entonces vinieron unos judíos de Antioquía y de Iconio que persuadieron a la multitud; apedrearon a Pablo y lo arrastraron fuera de la ciudad, pensando que estaba muerto.
¡Cuán asombroso fue esto! ¡Qué hombres tan volubles! Un día estaban dispuestos a adorar a Pablo y a Bernabé como dioses, y al día siguiente apedrearon a Pablo.
Pues bien, estos hombres apedrearon a Pablo y le arrastraron fuera de la ciudad creyendo que había muerto. ¿Estaba realmente muerto? Creemos que Pablo en realidad murió. Pablo mismo escribió sobre su experiencia en esta ocasión en su segunda carta a los Corintios, capítulo 12, versículos 2 al 4, donde dijo:
“Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar”.
Ahora, ¿Quién fue ese hombre? Creemos que fue Pablo mismo. Y continuó diciendo en ese mismo pasaje, en el versículo 7:
“Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca”.
No creemos que la multitud le dejara allí solo medio muerto. Creemos que lo dejó por muerto. Y creemos que Dios entonces, le levantó de los muertos.
¿Por qué habrá Dios permitido que le apedrearan? Ahora, en su carta a los Gálatas, capítulo 6, versículo 7, el apóstol Pablo dijo:
“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará”.
Y Pablo segó lo que había sembrado. Él había ordenado o permitido el apedreamiento de Esteban. Ahora, quizá alguien ponga alguna objeción diciendo que en este momento Pablo era un hombre convertido. Pero, todavía es cierto, estimado lector, que segaremos lo que hayamos sembrado. Ésta es tanto una ley de la naturaleza como una ley que opera en nuestras vidas. Saulo participó en el apedreamiento de Esteban y, años después, lo mismo le sucedió a él.
Leamos ahora el versículo 20 de este capítulo 14 de los Hechos:
20Pero estando rodeado por los discípulos, se levantó y entró en la ciudad. Al día siguiente salió con Bernabé para Derbe.
Ahora, esto fue verdaderamente milagroso. Un hombre que había sido apedreado, brutalmente herido y normalmente sufriría graves fracturas de huesos y su cuerpo estaría desfigurado. Éste fue un auténtico milagro, hubiera sido resucitado de los muertos o no.
Leamos ahora los versículos 21 y 22 de los Hechos capítulo 14:
21Después de anunciar el evangelio a aquella ciudad y de hacer muchos discípulos, volvieron a Listra, Iconio y Antioquía, 22confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándolos a que permanecieran en la fe y diciéndoles: «Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.»
Si usted está siguiendo este viaje en su mapa, verá que Derbe era un punto importante del viaje. Era el final del recorrido. En este lugar iniciaron el regreso y volvieron sobre sus pasos pasando nuevamente por Listra, Iconio y Antioquia. Ahora, el versículo 23 dice:
23Constituyeron ancianos en cada iglesia y, después de orar y de ayunar, los encomendaron al Señor en quien habían creído.
***
"Venid a mí,
todos los que estáis cansados y cargados,
y yo os haré descansar" Mateo 11:28