LA MUJER ADÚLTERA

112 views
Skip to first unread message

JUAN R.G.

unread,
Sep 7, 2011, 5:40:32 AM9/7/11
to amor-f...@googlegroups.com

 

Queridos hermanos y amigos, de Amor Fraterno.

Continuamos con el estudio de la Biblia, la Palabra de Dios.

Un estudio de todos los libros de la Biblia, que en su versión original se llama: “Thru the Bible” (A través de la Biblia). Preparado por el teólogo y profesor de Biblia, J. Vernon McGee. En la versión española, traducido, adaptado, y presentado por Virgilio Vangioni, profesor de Biblia.

Si dispones de unos minutos, te aconsejamos que leas o escuches estos mensajes sobre la vida y ministerio de Jesús, hará bien a tu vida, porque además de adquirir conocimiento, crecerás en sabiduría en la Palabra de Dios.

Dios bendiga Su Palabra en tu corazón.

En el amor de Cristo

 

Juan Rivera

 

--------------

 

LA MUJER ADÚLTERA

 

JUAN 8:1-11

 

Continuando nuestro estudio del evangelio según San Juan, nos corresponde hoy el capítulo 8. En este capítulo,

 

JESÚS, EN EL TEMPLO, PERDONÓ A LA MUJER SORPRENDIDA EN ADULTERIO

Este incidente de la mujer sorprendida en adulterio, que se encuentra contenido en los versículos 1 al 11, no se halla en algunos manuscritos antiguos y está entre paréntesis en otros. Nosotros sostenemos que pertenece al texto y que los escribas sinceros dejaron de copiarlo porque simplemente no podían resignarse a aceptar lo que dijo. Por motivos de erudición Bíblica y morales, creemos que este incidente forma parte de la inspirada Palabra de Dios. Comencemos pues, leyendo los dos primeros versículos de este capítulo 8 del evangelio según San Juan:

1pero Jesús se fue al monte de los Olivos. 2Por la mañana volvió al Templo, y todo el pueblo vino a él; y sentándose, les enseñaba.

 

Ahora, recordemos que la noche anterior se había reunido el Sanedrín y que había allí una división de opinión en cuanto a si Jesús era el Mesías o no. Nicodemo por su parte, le había defendido. Todos se habían ido a sus casas, pero nadie le invitó a Jesús a la suya. Entonces, temprano por la mañana, Jesús regresó a Jerusalén y volvió al templo, donde se sentó para enseñar. Continuemos con los versículos 3 y 4:

3Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio, 4le dijeron:

—Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio,

 

No podemos pensar en algo que pudiese ser más grosero o brutal, que este acto de los principales religiosos. Nuestro Señor estaba sentado en el templo enseñándole al pueblo, cuando se produjo un gran alboroto afuera. Y luego aparecieron estos dirigentes religiosos acompañados por la gritería del populacho, arrastrando a esta mujer con sus ropas en desorden, sus cabellos despeinados, desafiante y resistiéndose a ellos. La multitud en el templo naturalmente se volvió para ver lo que estaba ocurriendo, y vemos que trajeron a esta mujer hasta el mismo grupo donde el Señor Jesús estaba enseñando. Y allí la arrojaron con fuerza al suelo y luego lanzaron su grave acusación.

“Esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio”.

Era culpable, no había duda de ello. Y lo que ella hizo fue pecado y así lo calificó el Señor, quien finalmente le dijo: “Vete, y no peques más.” Y conocían bien la ley. En Levítico, capítulo 20, versículo 10, dice:

Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos”.

 

Ahora, ¿Dónde estaba el hombre? El hecho mismo de que no presentaron al hombre también pone en evidencia que no estaban interesados en hacer cumplir la ley. Tenían otro motivo. Continuemos pues, con los versículos 5 y 6:

5y en la Ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?

6Esto decían probándolo, para tener de qué acusarlo. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo.

 

Tenían razón en cuanto a la ley de Moisés y no había ninguna manera de suavizarla. Esta mujer, debía ser apedreada. Estaban poniendo a Jesús entre la espada y la pared. ¿Contradeciría a Moisés? ¿Diría otra cosa? ¿Ofrecería otra explicación?

Hicieron esto para atraparle, para poder acusarle. En realidad, no tenían interés en apedrear a esta mujer. Lo que querían era apedrear a Jesús. Y nuestro Señor lo sabía, como dijo en el capítulo 2, versículo 25 de este mismo evangelio:

“… Y no necesitaba que nadie le explicara nada acerca del hombre, pues él sabía lo que hay en el hombre”.

 

Esta escena era muy interesante. Esta mujer desafiante yacía en el suelo ante Jesús. La multitud no tenía ningún respeto por su situación embarazosa o por sus sentimientos y la miraban maliciosamente aumentando su humillación. El hecho es que Jesús dio por terminado el caso. No se uniría con los que la acusaban. Ni aún la miraría para aumentar su turbación. Él se agachó y escribió exactamente como si ni siquiera les oyera.

Éste es el único registro que tenemos de que Jesús haya escrito algo. Cristo es el personaje sobre el cual más libros se han escrito, más que sobre cualquier otro hombre que jamás haya vivido tanto a favor como en contra. Y sin embargo, aparentemente Él nunca escribió nada sino aquí, en la tierra del suelo del templo, lo cual fue borrado por el viento o los pies de la multitud. Pero, ¿Qué escribió Jesús? Bueno, no lo sabemos.

Volviendo a los profetas, observamos algo interesante. El profeta Jeremías, dijo en el capítulo 17 de su profecía, versículo 13:

“¡Oh Señor, esperanza de Israel! Todos los que te dejan serán avergonzados; y los que se apartan de ti serán inscritos en el polvo, porque dejaron al Señor, manantial de aguas vivas”.

 

Ahora, ¿quién había dejado al Señor? ¿Esta mujer? Sí, ella le había dejado. Pero, ¿Los líderes religiosos? Bueno, ellos también le habían dejado. ¿Habrá Jesús escrito algo que avergonzó a aquellos hombres que allí se encontraban?

En el Salmo 90:8 leemos:

“Pusiste nuestras maldades delante de ti, nuestros yerros a la luz de tu rostro”.

 

El pecado oculto aquí en la tierra es un escándalo en el cielo.

Leamos los versículos 7 al 9:

7Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo:

—El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.

8E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. 9Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, fueron saliendo uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los más jóvenes; sólo quedaron Jesús y la mujer que estaba en medio.

 

Jesús presentó los requisitos para ser juez, lo cual es algo que todos nosotros necesitamos oír. Podemos tener el derecho de ser jueces de otros, con tal que cumplamos el requisito, y este requisito es estar exentos de pecado. Y estimado lector, yo no se en cuanto a usted, pero a mí, esta declaración me quita de una vez por todas, el oficio de arrojar piedras.

De modo que no hubo ni un solo hombre que se quedara para apedrear a esta mujer, con la excepción de uno, y ese fue Jesús. Él sí pudo haberla apedreado. Todos los demás se habían escabullido. ¡Qué hipócritas eran! Bueno, continuemos leyendo los versículos 10 y 11 de este capítulo 8 de San Juan:

10Enderezándose Jesús y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo:

—Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?

11Ella dijo:

—Ninguno, Señor.

Entonces Jesús le dijo:

—Ni yo te condeno; vete y no peques más.

 

Esta mujer era culpable de pecado y según la ley de Moisés, en Levítico capítulo 20, versículo 10, una adúltera debía ser apedreada. ¿Estaba entonces Jesús anulando el sistema mosaico? Claro que no. Él estaba colocando Su cruz entre la mujer y su pecado. Éste, que es el Hijo de la virgen, que se vio asediado por la nube de la duda durante toda Su vida, iba a ir a la cruz aún para pagar la culpa del pecado de esta mujer. ¡Vino al mundo para ser un Salvador!

Son muchos los que creen que se pierden porque han cometido cierto pecado. Si usted, estimado lector, es uno que los que cree esto, tenemos noticias para usted. Uno no se pierde por ser asesino, o mentiroso, o ladrón, o adúltero, o por cometer otros pecados. Una persona comete estos pecados porque está perdida y no cree en Jesucristo. Jesucristo perdona los pecados, todos los pecados. Él es el Salvador. Murió por los pecados de todo el mundo. Cualquier persona que acuda al Señor Jesucristo, será perdonada. (No importa cuál sea su pecado.)

Jn. 8.1-11.mp3
Reply all
Reply to author
Forward
0 new messages