Queridos hermanos en la fe y amigos, de Amor Fraterno.
Continuamos con el estudio de la Biblia, la Palabra de Dios.
Un estudio de todos los libros de la Biblia, que en su versión original se llama: “Thru the Bible” (A través de la Biblia). Preparado por el teólogo y profesor de Biblia, J. Vernon McGee. En la versión española, traducido, adaptado, y presentado por Virgilio Vangioni, profesor de Biblia.
Si dispones de unos minutos, te aconsejamos que leas o escuches estos mensajes sobre la iglesia primitiva. Hará bien a tu vida, porque además de adquirir conocimiento, crecerás en sabiduría en la Palabra de Dios.
Dios bendiga Su Palabra en tu corazón.
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MENSAJE DE PABLO EN ANTIOQUÍA DE PISIDIA
HECHOS 13:14-41
Leamos ahora los versículos 14 y 15 de este capítulo 13 de los Hechos, en un párrafo que gira alrededor de el sermón de Pablo en Antioquía.
14Ellos, pasando de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia; y entraron en la sinagoga un sábado y se sentaron. 15Después de la lectura de la Ley y de los Profetas, los altos dignatarios de la sinagoga mandaron a decirles:
—Hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablad.
Pablo siguió con su método de ir primero a las sinagogas. Los judíos estaban dispersados por todas partes del Imperio Romano, y habían establecido sinagogas en todas las ciudades donde vivían. Cuando llegaban visitantes de Jerusalén, ya que los judíos deseaban escuchar alguna palabra de la capital religiosa, después de leer las Escrituras, invitaban al visitante a decir algo. Esto siempre le daba al apóstol Pablo una gran oportunidad que, en este caso, aprovechó bien.
Creemos que este mensaje que Pablo predicó en Antioquía de Pisidia, fue uno de sus grandes sermones. Sin embargo, generalmente es pasado por alto hoy. En realidad, es el primer sermón de Pablo que se menciona en la Biblia. Lo predicó en la sinagoga en un día de reposo. Cuando le preguntaron a Pablo si quería decir algo, estamos seguros de que contada seguridad, tenía mucho que decir. Era precisamente por eso, que estaba allí en la sinagoga.
Leamos el versículo 16:
16Entonces Pablo se levantó y, hecha señal de silencio con la mano, dijo:
—Israelitas y los que teméis a Dios, oíd:
Podemos llegar a la conclusión, por esta introducción, que había allí algunas visitas. Había judíos y probablemente algunos no judíos convertidos al judaísmo.
Continuemos con los versículos 17 hasta el 20 de este capítulo 13 de los Hechos:
17El Dios de este pueblo de Israel escogió a nuestros padres y enalteció al pueblo siendo ellos extranjeros en tierra de Egipto, y con brazo levantado los sacó de allí. 18Por un tiempo como de cuarenta años los soportó en el desierto, 19y habiendo destruido siete naciones en la tierra de Canaán, les dio en herencia su territorio. 20Después, como por cuatrocientos cincuenta años, les dio jueces hasta el profeta Samuel.
Ahora, observemos que Pablo estaba haciendo lo mismo que hizo Esteban ante el Sanedrín, que era el supremo tribunal religioso de los judíos. Hizo un recuento de la historia de la nación. Continuemos con los versículos 21 al 23:
21Luego pidieron rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Cis, varón de la tribu de Benjamín, por cuarenta años. 22Quitado éste, les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio diciendo: “He hallado a David, hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero”. 23De la descendencia de éste, y conforme a la promesa, Dios levantó a Jesús por Salvador a Israel.
Pablo repasó la historia de Israel hasta el tiempo de Jesucristo. Y entonces les presentó al Salvador. Veamos los versículos 24 al 26:
24Antes de su venida, predicó Juan el bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel. 25Cuando Juan terminaba su carrera, dijo: “¿Quién pensáis que soy? Yo no soy él; pero viene tras mí uno de quien no soy digno de desatar el calzado de los pies”.
26Hermanos, hijos del linaje de Abraham y los que entre vosotros teméis a Dios, a vosotros es enviada la palabra de esta salvación,
Al parecer, estos hombres habían oído hablar de Juan el Bautista. Aquí Pablo llegó a la parte más delicada de su sermón.
Continuemos con los versículos 27 y 28:
27porque los habitantes de Jerusalén y sus gobernantes, que no conocían a Jesús ni las palabras de los profetas que se leen todos los sábados, las cumplieron al condenarlo. 28Sin hallar en él causa digna de muerte, pidieron a Pilato que se le matara.
Al continuar Pablo exponiendo su reseña histórica, destacó también que todo sucedió como cumplimiento de la profecía. Ellos estaban cumpliendo las profecías al mismo tiempo que las leían, todos los días de reposo. Leían las profecías sin comprensión alguna de lo que leían. Pablo continuó en los versículos 29 al 31 y dijo:
29Y cuando cumplieron todas las cosas que de él estaban escritas, lo bajaron del madero y lo pusieron en el sepulcro. 30Pero Dios lo levantó de los muertos. 31Y él se apareció durante muchos días a los que habían subido juntamente con él de Galilea a Jerusalén, los cuales ahora son sus testigos ante el pueblo.
Notará usted que todo sermón que fue predicado en el Nuevo Testamento, tuvo como su punto central y su núcleo esencial la muerte y la resurrección de Jesucristo. Ése era el mensaje. Simón Pedro lo predicó. Y en este momento, Pablo el apóstol también lo predicó. No hubo ni el más mínimo desacuerdo en el mensaje de estos dos apóstoles.
Continuemos con los versículos 32 y 33:
32Nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres, 33la cual Dios nos ha cumplido a nosotros, sus hijos, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: “Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy”.
Esta referencia del Antiguo Testamento, en el Salmo 2:7, no se refiere al nacimiento de Cristo. Se refiere a la resurrección de Cristo. La expresión, “Yo te he engendrado hoy”, no es una referencia a Su nacimiento virginal, sino a Su resurrección de los muertos.
Leamos los versículos 34 y 35 ahora:
34Y en cuanto a que lo levantó de los muertos para nunca más volver a corrupción, lo dijo así: “Os daré las misericordias fieles de David”. 35Por eso dice también en otro salmo: “No permitirás que tu Santo vea corrupción”.
Y Pablo se extendió hablando de la resurrección. Estaba citando lo mismo que Pedro en el día de Pentecostés.
Continuemos con los versículos 36 al 39 de este capítulo 13 de los Hechos:
36Y a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió y fue reunido con sus padres, y vio corrupción. 37Pero aquel a quien Dios levantó, no vio corrupción. 38Sabed, pues, esto, hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, 39y que de todo aquello de que no pudisteis ser justificados por la Ley de Moisés, en él es justificado todo aquel que cree.
Ahora el concretó esto con precisión. Explicó el significado de la muerte y la resurrección de Jesucristo. En realidad les estaba pidiendo que tomasen la decisión de creer en el Señor Jesucristo. Y continuó en los versículos 40 y 41 y dijo:
40Mirad, pues, que no venga sobre vosotros lo que está dicho en los profetas: 41 “Mirad, menospreciadores, asombraos y desapareced, porque yo hago una obra en vuestros días, obra que no creeréis si alguien os la cuenta”.
Aquí estaba la apelación a ellos. Les pidió que no rechazasen su mensaje.
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"Venid a mí,
todos los que estáis cansados y cargados,
y yo os haré descansar" Mateo 11:28