MINISTERIO DE PEDRO EN LIDA Y JOPE

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J. Rivera

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May 22, 2013, 4:01:37 AM5/22/13
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Queridos hermanos en la fe y amigos, de Amor Fraterno.

Continuamos con el estudio de la Biblia, la Palabra de Dios.

Un estudio de todos los libros de la Biblia, que en su versión original se llama: “Thru the Bible” (A través de la Biblia). Preparado por el teólogo y profesor de Biblia, J. Vernon McGee. En la versión española, traducido, adaptado, y presentado por Virgilio Vangioni, profesor de Biblia.

Si dispones de unos minutos, te aconsejamos que leas o escuches estos mensajes sobre la iglesia primitiva. Hará bien a tu vida, porque además de adquirir conocimiento, crecerás en sabiduría en la Palabra de Dios.

Dios bendiga Su Palabra en tu corazón.

 

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MINISTERIO DE PEDRO EN LIDA Y JOPE

 

HECHOS 9:32-43

 

Continuamos estudiando hoy el capítulo 9 de los Hechos de los Apóstoles.

La Iglesia seguía creciendo. El evangelio llegó a Judea, a Galilea, y a Samaria. Y dentro de poco, comenzaría a ir hasta lo último de la tierra.

Leamos ahora los versículos 32 al 35, donde se nos habla del ministerio de Pedro en Lida y Jope:

32Aconteció que Pedro, visitando a todos, vino también a los santos que habitaban en Lida. 33Halló allí a uno que se llamaba Eneas, que hacía ocho años que estaba en cama, pues era paralítico. 34Pedro le dijo:

—Eneas, Jesucristo te sana; levántate y haz tu cama.

Y en seguida se levantó. 35Y lo vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón, los cuales se convirtieron al Señor.

 

Como Pedro era un apóstol, tenía los dones de señales de un apóstol. Ahora, el versículo 36 dice:

36Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita, (que traducido es Dorcas). Ésta abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía.

 

Esta mujer prestaba un servicio social. Éste era su don. Es decir, tenía el don de costura. Ahora, algunos dirán: ¿quiere usted decir que la costura es un don divino? Sí. Así lo era para esta mujer.

La costura era el don de esta mujer. Dudamos que jamás se pusiera al frente para hablar en un grupo de mujeres en público. Pero, sí se ocupaba en hacer muchas cosas maravillosas. Y fíjese usted lo que ocurrió aquí en el versículo 37:

37Aconteció que en aquellos días enfermó y murió. Después de lavada, la pusieron en una sala.

 

Observemos cómo los cristianos preparaban el cuerpo para el entierro en aquel entonces. Ahora, el versículo 38 dice:

38Como Lida estaba cerca de Jope, los discípulos, oyendo que Pedro estaba allí, le enviaron dos hombres, a rogarle: «No tardes en venir a nosotros».

 

Enviaron un mensaje de Jope a Lida comunicando que una maravillosa mujer en la Iglesia de Jope había muerto. Al parecer, creyeron que Simón Pedro la podría levantar de los muertos. Por lo menos, le mandaron a decir que viniera. Ahora, el versículo 39 de este capítulo 9 de los Hechos dice:

39Pedro se levantó entonces y fue con ellos. Cuando llegó, lo llevaron a la sala, donde lo rodearon todas las viudas llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas.

 

Aquí vemos que fueron las viudas, las que participaron en esta exhibición de ropa. Todas sacaron a lucir los vestidos que ella les había hecho. Ahora, ¿Por qué hicieron esto las viudas? Simplemente porque eran pobres. No podrían haber tenido ningún vestido si no fuera porque Dorcas se los había hecho. Ella había cosido ropa para estas mujeres. En esto consistía su ministerio. Éste fue su don.

Continuemos con los versículos 40 y 41 de este capítulo 9 de los Hechos:

40Entonces, sacando a todos, Pedro se puso de rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo, dijo: « ¡Tabita, levántate!».

Ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó. 41Él le dio la mano y la levantó; entonces llamó a los santos y a las viudas y la presentó viva.

 

Aquí tenemos un ejemplo del ejercicio de un don de un apóstol, un don que fue acompañado por una señal. En el libro de los Hechos de los Apóstoles, que es el libro histórico de la Iglesia, tenemos el ministerio de Simón Pedro, quien era un apóstol; y de Pablo, quien también era apóstol. Simón Pedro fue un predicador para su propio pueblo, y sin embargo fue el que abriría la puerta para el cristianismo ente los no judíos. Saulo de Tarso, por otra parte, se convirtió en el apóstol Pablo y sería el apóstol a los no judíos. El relato indica que cada uno levantó a una persona de los muertos. Es muy posible que levantaran también a otros, pero estos casos fueron relatados para mostrarnos que estos hombres tenían estos dones que se manifestaron acompañados de señales milagrosas. Les fue posible sanar a los enfermos y levantar a los muertos. Éstas eran las señales, las evidencias de un apóstol. Eran dones apostólicos. El apóstol Pablo dijo que los apóstoles eran el fundamento de la Iglesia, en el sentido de que la Iglesia estaba edificada sobre ellos. Estos son los que nos dieron el Nuevo Testamento sobre el cual la Iglesia realmente está edificada.

Hoy en día, no tenemos necesidad de esos dones apostólicos. La cuestión hoy en día es la doctrina Bíblica. Al fin de la época de las Escrituras del Nuevo Testamento, el apóstol Juan escribió sus cartas. Escuchemos sus instrucciones para descubrir a los que engañan. Dijo el apóstol Juan en su segunda carta universal, versículos 10 y 11:

“Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no le recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras”.

 

Hacia el fin del ministerio del apóstol Pablo, la Escritura indica con toda claridad, que Pablo no ejerció el don de sanar cuando estuvo con los que se encontraban enfermos. Por ejemplo, vemos que dejó a Trófimo enfermo en Mileto (2ª Timoteo 4:20).

¿Por qué no sanó Pablo a su amigo Trófimo?

Al comienzo de su ministerio, aún no había sido escrito el Nuevo Testamento. Pablo mismo escribió el segundo libro del Nuevo Testamento. Cuando él llegara a un nuevo territorio, ¿cómo acreditaría su autoridad? Lo haría con las señales milagrosas. Después que el texto del Nuevo Testamento estuvo disponible, el énfasis se desplazó de los dones milagrosos a la doctrina Bíblica correcta. Pablo advirtió en Gálatas 1:8, que si alguien no tuviera tal doctrina, aunque fuese un ángel del cielo, no debían recibirle. Ahora, esto de ninguna manera quiere decir que Dios ya no sana las enfermedades

Leamos ahora el versículo 42, de este capítulo 9 de los Hechos:

42Esto fue notorio en toda Jope, y muchos creyeron en el Señor.

 

Aquí vemos que los dones acompañados de milagros se utilizaron para confirmar el Evangelio de la gracia de Dios. Y dice el versículo 43, versículo final de este capítulo 9 de los Hechos:

43Pedro se quedó muchos días en Jope en casa de un cierto Simón, curtidor.

 

Un curtidor tomaba las pieles y las curtía en ácido. Es decir que la casa donde se alojó Pedro debía oler bastante mal. Ahora, aquellos que habrán tenido la oportunidad de ir a Israel, y hayan visitado Jope, habrán podido ver la casa donde se dice que Simón Pedro se hospedó, la casa del curtidor. Jope es un pueblo pintoresco a la orilla del agua y esta casa está en la ribera. La casa parece ser lo suficientemente antigua como para haber estado allí por muchísimo tiempo. Este, pues, podría haber sido el lugar donde Simón Pedro se quedó por muchos días.

Nos llama la atención el milagro de Pedro al restaurar a la vida a aquella mujer tan amada en la iglesia de aquel pueblo. Nos recuerda que, en cierto sentido, la escena ilustra el estado de muerte espiritual que caracteriza a todas las personas que se encuentran alejadas de Dios, muertas espiritualmente en el sentido que no tienen la vida espiritual que Dios imparte a aquellos a quienes regenera por la obra de Su Espíritu. Pensamos que esta vida es muy breve y, cuando llega a su fin, las personas se enfrentan con la eternidad.

Estimado lector, le invitamos a aceptar la gracia de Dios, el don de Dios, la salvación provista por la obra de Jesucristo al morir en una cruz y vencer a la muerte en Su resurrección. No olvidemos las siguientes palabras de Jesucristo, con las cuales millones de hombres y mujeres se han enfrentado a las pruebas dolorosas de esta vida, a las situaciones más trágicas y a la misma muerte. Le invitamos a participar de esa esperanza. No quedará usted defraudado. En el Evangelio de Juan, cuando Jesús se encontraba ante una familia compartiendo el dolor por la pérdida de un ser querido. En esa misma ocasión dijo Jesús:

“Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera vivirá”.

Y un tiempo después, queriendo reafirmar la confianza de los suyos, sabiendo que Él triunfaría sobre la muerte, que compartiría con los suyos la victoria de la resurrección, y queriendo reafirmar su confianza para esta vida, y para la vida futura, les dijo: “porque yo vivo, vosotros también viviréis”.

 

***

"Venid a mí,

todos los que estáis cansados y cargados,

y yo os haré descansar" Mateo 11:28

 

www.amorfraterno.org

 

Hech. 9.32-43.mp3
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