Queridos hermanos en la fe y amigos, de Amor Fraterno.
Continuamos con el estudio de la Biblia, la Palabra de Dios.
Un estudio de todos los libros de la Biblia, que en su versión original se llama: “Thru the Bible” (A través de la Biblia). Preparado por el teólogo y profesor de Biblia, J. Vernon McGee. En la versión española, traducido, adaptado, y presentado por Virgilio Vangioni, profesor de Biblia.
Si dispones de unos minutos, te aconsejamos que leas o escuches estos mensajes sobre la iglesia primitiva. Hará bien a tu vida, porque además de adquirir conocimiento, crecerás en sabiduría en la Palabra de Dios.
Dios bendiga Su Palabra en tu corazón.
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PRIMER VIAJE MISIONERO DE BERNABÉ Y PABLO
HECHOS 13:1-5
Comenzando con el siguiente capítulo, el capítulo 13, veremos la difusión del Evangelio hasta los confines de la tierra. En la actualidad, en los tiempos actuales nos encontramos en ese período y esperamos que tanto usted como yo estemos participando activamente en él.
Llegamos así a HECHOS 13:1-5.
Ésta es la última división principal del libro de los Hechos. Esta sección presenta al Señor Jesucristo obrando mediante el Espíritu Santo a través de los apóstoles hasta lo último de la tierra. Esta sección incluye los capítulos 13 al 28.
Usted recordará que la clave del libro se encuentra en estas palabras de Jesús, en Hechos 1:8, “Me seréis testigos”.
Esto no fue un mandamiento a la iglesia como un organismo, sino que fue dirigido a cada miembro de la iglesia, a cada creyente, individualmente. Es decir, nos incluye a usted y a mí. Este testimonio tenía que ser promulgado en Jerusalén, luego en Judea y en Samaria, y luego hasta los confines de la tierra.
Durante el período de la proclamación en Jerusalén vimos que el Evangelio fue presentado a los judíos. La iglesia en Jerusalén estaba integrada enteramente por judíos. Durante el siguiente período, vimos cómo el Evangelio llegó hasta los samaritanos y vimos la conversión de algunos no judíos. Ahora el Evangelio emprendió oficialmente su camino para llegar hasta todas las naciones de la tierra. Llegó así a mis antepasados y a los suyos. Hoy, usted y yo somos los beneficiarios del hecho de que alguien hubiese caminado por los caminos de esta tierra, para llevar el Evangelio a todo el mundo. Por lo tanto, usted y yo debemos estar implicados en llevar el Evangelio, a los que aún no han escuchado este glorioso mensaje.
En este crecimiento vertiginoso del Evangelio más allá del ámbito de Pedro, veremos que Pablo llegó a ser el líder dominante y Pedro desapareció de la escena. Dios había usado poderosamente a Pedro, pero en este momento Pablo era el personaje prominente que Dios usaría.
Esperamos que usted, estimado lector, pueda seguir en un mapa este primer viaje misionero de Pablo. Comenzó su viaje con Bernabé. Se detuvieron primero en la isla de Chipre, hogar de Bernabé. Atravesaron la isla y luego navegaron desde Pafos para ir a Perge en Panfilia. Luego penetraron en el interior de Asia Menor, donde hoy se encuentra Turquía y entraron en el país entonces llamado Galacia. Visitaron Antioquía, Iconio, Listra y Derbe. Luego, a su regreso, viajaron por Atalia, y desde allí navegaron de regreso a Antioquía.
Comencemos, pues, leyendo los primeros dos versículos de este capítulo 13 de Hechos. En el párrafo en el que Bernabé y Pablo fueron enviados desde Antioquía.
1Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Níger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo. 2Ministrando éstos al Señor y ayunando, dijo el Espíritu Santo: «Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado».
Notará usted que en el principio de su ministerio la designación era la de “Bernabé y Saulo”. No llegarían muy lejos en su primer viaje misionero, antes de que el nombre de Saulo fuera cambiado a Pablo. Pronto fue evidente también que Pablo se convirtió en el líder y portavoz principal; y así el equipo sería designado entonces, como “Pablo y Bernabé”.
Continuemos ahora con el versículo 3.
3Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.
Estos hombres fueron entonces apartados para la obra misionera. ¿Se fijó usted en la iglesia que les envió al mundo? No fue la iglesia en Jerusalén. Sinceramente hablando, la iglesia de Jerusalén no era una iglesia misionera. En cambio, la iglesia en Antioquía sí tenía una visión misionera. Ayunaron y oraron, dice aquí, debido a su sinceridad y determinación en cumplir la voluntad de Dios.
También les impusieron las manos a estos dos misioneros que enviaron. La imposición de manos era un medio de identificación. Así pues, los cristianos en Antioquía indicaban, mediante la imposición de manos, que se identificaban, como compañeros de Pablo y Bernabé, con la gran obra de proclamar la Palabra de Dios. Estaban enviando a estos hombres como sus representantes. Ellos se quedarían en casa y trabajarían mientras Pablo y Bernabé salían en su lugar.
Ahora es muy importante notar que fueron enviados por el Espíritu Santo y guiados por Él. Fueron al pueblo de Seleucia, en la costa, y navegaron desde allí. Y el versículo 5 nos dice:
Al llegar a Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. Tenían también a Juan de ayudante.
Tomemos nota de que llevaron a Juan con ellos. Ahora quisiéramos destacar aquí que desde el mismo principio, Pablo adoptó un método que siguió durante todo su ministerio. Siempre entró primero en las sinagogas, lugares que le sirvieron como punto de partida, desde el cual predicó el Evangelio a toda la comunidad. Pero siempre predicó el Evangelio primero en la sinagoga.
No podemos evitar un sentimiento de simpatía y comprensión al ver que una misión tan extraordinaria comenzase con tan pocos mensajeros, y con medios tan rudimentarios. Fueron instrumentos humanos débiles y sin recursos importantes, humanamente hablando. Sin embargo, fueron guiados, impulsados y protegidos por el Espíritu de Dios. Y así fue que los mensajeros comenzaron a multiplicarse y pronto harían oír su voz por todo el mundo conocido en aquella época. Es que aquél no era un mensaje humano. Era Dios quien hablaba a través de ellos, de la misma manera que le habla hoy a usted, estimado lector. Es el mismo mensaje universal, pero que le llega a usted personalizado, porque usted mismo, es objeto del amor de Dios, expresado en la muerte y resurrección de Jesucristo.
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"Venid a mí,
todos los que estáis cansados y cargados,
y yo os haré descansar" Mateo 11:28