EL LIBRO DE LOS MÁRTIRES (291)
Por John Foxe
HISTORIA DE LOS MÁRTIRES CRISTIANOS
Surgimiento y progreso de la religión protestante en Irlanda; con un relato
de las bárbaras matanzas de 1641
Continuación:
Tampoco la avaricia de estos irlandeses fue suficiente para detenerlos en absoluto en su crueldad. Tal era su desenfreno que los ganados que robaron y que habían hecho suyos por saqueo, fueron degollados conscientemente porque llevaban el nombre de los ingleses; o, cubiertos de heridas, lanzados sueltos a los bosques, para que allí murieran lentamente en sus sufrimientos.
Las espaciosas viviendas de los granjeros fueron reducidas a cenizas o arrasadas hasta el suelo. Y allí donde los desdichados propietarios se habían encerrado en sus casas y se estaban preparando para defenderse, fueron muertos en llamas junto con sus mujeres e hijos. Esta es la descripción general de esta matanza sin paralelo; ahora queda, por la naturaleza de esta obra, dar algunos detalles particulares.
Apenas si los fanáticos e inmisericordes papistas habían comenzado a ensuciarse las manos de sangre que repitieron esta horrible tragedia día tras día, y los protestantes, en todas partes del reino, cayeron víctimas de su furia con muertes de la crueldad más inaudita.
Los ignorantes irlandeses fueron tanto más intensamente instigados a ejecutar esta infernal operación por los Jesuitas, sacerdotes y frailes cuanto que ellos, cuando se decidió el día de la ejecución de su complot, recomendaron en sus oraciones que se diera diligencia en aquel gran designio, que dijeron ellos sería de gran ayuda para la prosperidad del reino y para promover la causa católica. En todo lugar dijeron al común de la gente que los protestantes eran herejes, y que no se debía permitirles más vivir entre ellos; añadiendo que no era más pecado matar a un inglés que matar a un perro; y que ayudarlos o protegerlos era un crimen de lo más imperdonable.
Habiendo asediado los papistas la ciudad y el castillo de Longford, se rindieron los ocupantes de este último, que eran protestantes, con la condición de que se les diera cuartel; los asediadores, en el instante en que aparecieron las gentes de la ciudad, los atacaron de la manera más implacable, destripando el sacerdote de ellos, a modo de señal, al ministro protestante inglés; después de esto, sus seguidores asesinaron a todo el resto, algunos de los cuales fueron colgados, otros apuñalados o muertos a tiros, mientras que a muchos se les destrozó la cabeza con hachas que habían sido suministradas para este fin.
Continuará>
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