EL CÁNTICO DE UN LIBERADO (8)

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Juan R.

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Apr 6, 2026, 1:32:53 AM (11 days ago) Apr 6
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EL CÁNTICO DE UN LIBERADO (8)

 

SALMO 116

 

1 Amo a Yahvéh, pues ha escuchado la voz de mis súplicas; 2 porque inclinó hacia mí su oído. Le invocaré todos los días de mi vida. 3 Me rodearon lazos de muerte, me sorprendieron las redes del sheol; en angustia y dolor me encontraba yo. 4 Entonces invoqué el nombre de Yahvéh; “¡Oh Yahvéh, salva mi vida!”.

5 Misericordioso y justo es Yahvéh, compasivo nuestro Dios. 6 Yahvéh guarda a los sencillos; estaba yo postrado y me salvó. 7 Vuelve, oh alma mía, a tu reposo, porque Yahvéh te ha hecho bien.

8 Ha guardado mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas y mis pies de resbalar. 9 Andaré delante de Yahvéh en la tierra de los vivientes. Mantuve mi fe, aun cuando decía: “¡Muy desgraciado soy!”, 11 y en mi turbación llegué a decir: “Todos los hombres son mentirosos”.

12 ¿Qué pagaré a Yahvéh por toda su bondad para conmigo? 13 Alzaré la copa de salvación e invocaré el nombre de Yahvéh. 14 Cumpliré mis votos a Yahvéh delante de todo su pueblo. 15 Mucho vale a los ojos de Yahvéh la muerte de sus santos. 16 Oh Yahvéh, yo soy tu siervo, siervo tuyo soy, hijo de tu sierva, tú desatas mis ligaduras. 17 Te ofreceré sacrificio de alabanza e invocaré el nombre de Yahvéh. 18 Cumpliré mis votos a Yahvéh en presencia de todo su pueblo, 19 en los atrios de la casa de Yahvéh, en medio de ti, oh Jerusalén. ¡Aleluya!

 

La reflexión subsiguiente (5, 6a, 7, 15, 16)

 

Continuación:

Todas estas reflexiones confirmaban la esperanza del poeta, cuya fe hallaba otro argumento: él era “siervo” de Dios (v. 16), su propiedad, por lo que Dios estaba comprometido, por así decirlo, en su protección y cuidado. Quizá no debemos atribuir un significado especial a las palabras “hijo de tu sierva”; pero si hubiéramos de hacerlo la expresión nos haría pensar que también la madre del salmista una fiel creyente; y de ello deduciríamos que él había sido criado en el temor de Yahvéh desde su infancia; durante toda su vida había estado al servicio de Dios. Era lógico esperar que Dios atendiese a sus súplicas, aunque la base de la esperanza fuese más la misericordia del Señor que la piedad del orante. Tan viva es esa esperanza del poeta que anticipa la intervención de Dios no como un acontecimiento futuro, sino como algo que ya es está realizando: “Tú sueltas mis ligaduras” (16c). La acción liberadora de Dios no es esporádica; es constante y se pone de manifiesto siempre que sus hijos tienen necesidad de ella.

La experiencia vivida y la meditación han disipado los temores del salmista; toda sombra de ansiedad se ha desvanecido. Renace la paz. En bello soliloquio el poeta dice: “Vuelve, oh alma mía a tu reposo” (7ª). La razón es simple: “Yahvéh te ha hecho bien” (7b), prueba de su favor. Cuando Dios interviene en auxilio de los suyos, éstos no tienen nada que temer; su protección está asegurada. No hay, pues, lugar para la ansiedad. Sólo cabe la confianza renovada, la paz, el gozo, la gratitud, la alabanza. El salmista nos sirve de ejemplo al respecto.

 

SALMOS ESCOGIDOS

José M. Martínez

 

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